El récord de rearme de Alemania: la nueva potencia militar de Europa – De defensora de la austeridad al mayor presupuesto de armamento de Europa
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Publicado el: 27 de abril de 2026 / Actualizado el: 27 de abril de 2026 – Autor: Konrad Wolfenstein

El récord de presupuesto armamentístico de Alemania: la nueva potencia militar de Europa – De campeona de la austeridad al mayor presupuesto de defensa de Europa – Imagen: Xpert.Digital
Informe histórico del SIPRI: Alemania supera a Gran Bretaña en gasto militar
De campeón en la reducción de costes a potencia militar: qué significa el gigantesco auge armamentístico para nuestra vida cotidiana
Alemania se está rearmando a una escala histórica. Con un presupuesto de defensa de aproximadamente 97.000 millones de euros para 2025, la República Federal se sitúa por primera vez en el cuarto puesto del gasto militar mundial desde la reunificación, dejando atrás décadas de austeridad. Impulsada por la amenaza rusa, la enorme presión de Washington y los ambiciosos nuevos objetivos de la OTAN, se están destinando sumas sin precedentes a la Bundeswehr (Fuerzas Armadas Alemanas). Empresas de defensa como Rheinmetall celebran espectaculares beneficios récord en bolsa, mientras que los políticos presentan estas inversiones multimillonarias como un gigantesco programa de estímulo económico para el país.
Pero tras bambalinas de este supuesto punto de inflexión histórico, se gesta un dilema estructural: el gigantesco rearme, financiado con fondos extrapresupuestarios consagrados en la Constitución y nueva deuda, conlleva inmensos riesgos económicos y sociales. Economistas destacados advierten sobre un efecto económico disipado, precios disparados y una dramática escasez de mano de obra cualificada en la industria armamentística. Al mismo tiempo, se avecina una competencia feroz y fatal: cada euro gastado hoy en préstamos para tanques y municiones podría desaparecer mañana para educación, sanidad, infraestructuras o protección del clima. Un análisis exhaustivo de las cifras, los verdaderos beneficiarios y el coste oculto del ascenso de Alemania a la nueva potencia militar de Europa.
Un punto de inflexión en las cifras: El punto de inflexión histórico
La transformación de la política de seguridad alemana en los últimos tres años no tiene precedentes en la historia de la posguerra por su rapidez y alcance. Según el último informe anual del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto en defensa alemán alcanzó los 114.000 millones de dólares estadounidenses —aproximadamente 97.000 millones de euros— en 2025. Esto representa un aumento del 24 % con respecto al año anterior y un incremento de alrededor del 89 % en comparación con 2015. Como resultado, Alemania ha superado a Gran Bretaña en el primer puesto de Europa y ahora ocupa el cuarto lugar en la clasificación mundial de gasto militar por primera vez desde la reunificación en 1990, por detrás de Estados Unidos, China y Rusia.
Al mismo tiempo, en 2025, Alemania superó por primera vez en 35 años el objetivo de la OTAN de destinar el dos por ciento de su producto interno bruto (PIB) a defensa. Este hito se había considerado inalcanzable durante décadas y había sido objeto de críticas constantes por parte de la presidencia estadounidense. El hecho de que ahora no solo se haya alcanzado, sino que ya se haya superado, supone una reevaluación fundamental de la política de seguridad alemana. El investigador del SIPRI, Lorenzo Scarazzato, describió este cambio como históricamente significativo: por primera vez desde la reunificación, Alemania vuelve a ser el país con mayor gasto militar en Europa Occidental y Central.
El contexto global subraya la magnitud de este cambio. El gasto militar mundial alcanzó un nuevo récord por undécimo año consecutivo en 2025, situándose en aproximadamente 2,89 billones de dólares estadounidenses. Europa contribuyó significativamente a este aumento: el gasto militar de los estados europeos creció un 14 %, hasta alcanzar los 864.000 millones de dólares, el mayor incremento en el continente desde el fin de la Guerra Fría. Veintidós de los socios europeos de la OTAN superaron el 2 % de crecimiento en 2025.
Acelerador geopolítico: ¿Por qué se produjo el cambio tan abrupto?
La guerra de agresión rusa contra Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, actuó como catalizador de un cambio fundamental en la política de seguridad alemana. En su histórico discurso del 27 de febrero de 2022, el canciller Olaf Scholz describió el evento como el punto de inflexión más trascendental en la política de seguridad alemana desde la fundación de la Bundeswehr. El Gobierno Federal aprobó de inmediato un fondo especial de 100.000 millones de euros para la Bundeswehr, consagrado en la Ley Fundamental (la Constitución alemana) y, por lo tanto, exento del freno de la deuda habitual. Esta decisión fue constitucionalmente innovadora: el Bundestag modificó el artículo 87a de la Ley Fundamental para permitir un presupuesto paralelo financiado con deuda, que la Oficina Federal de Estadística clasifica como un «presupuesto extraordinario».
La presión para aumentar aún más el gasto en defensa creció en los años siguientes debido a varios factores simultáneos. Primero, Rusia dejó claro que estaba incrementando masivamente su producción de armamento: según el Servicio Federal de Inteligencia alemán (BND), Rusia produce más armamento en tres meses que todos los estados de la OTAN juntos en un año. Segundo, a partir de enero de 2025, la administración Trump formuló la exigencia de que el cinco por ciento del PIB se destinara a defensa, una cifra que muchos expertos consideraron políticamente motivada y difícilmente justificable económicamente, pero que, sin embargo, ejerció una presión considerable sobre Alemania y otros socios de la OTAN. Tercero, la cumbre de la OTAN en La Haya en junio de 2025 adoptó el nuevo objetivo del 3,5 por ciento del PIB para defensa, más un 1,5 por ciento adicional para infraestructura relacionada con la defensa.
El gobierno alemán, bajo la dirección del canciller Friedrich Merz, respondió a esta compleja situación con un marco presupuestario de gran alcance. El 18 de marzo de 2025, el Bundestag aprobó por mayoría de dos tercios una enmienda constitucional que exime completamente del límite de endeudamiento al gasto en defensa que supere el uno por ciento del PIB. Además, se creó un fondo especial de 500.000 millones de euros para infraestructuras y protección del clima, cuyos fondos tampoco se contabilizan para el cálculo del límite de endeudamiento. El Tribunal Federal de Cuentas ya advirtió sobre los riesgos a largo plazo de este acuerdo y criticó el debilitamiento de la disciplina fiscal.
La hoja de ruta para la actualización: cifras, calendario y objetivos
Las cifras presupuestarias para los próximos años revelan las dimensiones fiscales que alcanzará el rearme alemán. Se ha aprobado un presupuesto de defensa de 86.370 millones de euros para 2025, el nivel más alto desde la fundación de la República Federal. Esta cantidad comprende un presupuesto de defensa ordinario de 62.310 millones de euros y fondos del fondo especial de la Bundeswehr por valor de 24.060 millones de euros. El proyecto de presupuesto para 2026 prevé 108.200 millones de euros, de los cuales 82.690 millones se destinan al presupuesto ordinario.
El plan financiero a medio plazo muestra una curva aún más pronunciada. Según la decisión del gabinete de junio de 2025, el gasto total en defensa aumentará a 151.700 millones de euros en 2029 y a 167.800 millones de euros en 2030. Esto elevaría la proporción del PIB que representa la defensa del 2,4 % en 2025 al 2,6 % en 2026, al 3,0 % en 2027 y al 3,3 % en 2028, con el fin de alcanzar el objetivo del 3,5 % para 2029. A modo de comparación, Estados Unidos sigue teniendo el mayor presupuesto militar del mundo, con aproximadamente 916.000 millones de dólares, seguido de China con 314.000 millones y Rusia con unos 149.000 millones.
La controversia en la política interna alemana en torno al llamado «Fondo Especial 2025» —el jurado eligió la expresión «fondo especial» porque oculta el hecho de que implica nueva deuda— ilustra la carga política que supone este tema de financiación. De hecho, la Oficina Federal de Estadística se refiere a estas estructuras como «presupuestos extra», lo que deja al descubierto su verdadera naturaleza como presupuestos paralelos financiados con deuda. El primer fondo de 100.000 millones de euros para la Bundeswehr, aprobado en 2022, expira en 2027; los nuevos mecanismos de exención del freno de la deuda pretenden sustituirlo definitivamente.
¿Motor económico o moda pasajera? El impacto económico puesto a prueba
La retórica política en torno al aumento del gasto en defensa suele prometer más de lo que la realidad económica ofrece. El director ejecutivo del fabricante de armas Hensoldt describió el gasto militar en marzo de 2025 como un "gigantesco paquete de estímulo económico". Los economistas Tom Krebs y Patrick Kaczmarczyk, de la Universidad de Mannheim, han examinado exhaustivamente esta afirmación mediante un análisis empírico y han llegado a una conclusión preocupante: el multiplicador fiscal a corto plazo del gasto militar en Alemania es, como máximo, de 0,5. En términos concretos, esto significa que cada euro adicional invertido en defensa genera, en el mejor de los casos, tan solo 50 céntimos de producción económica total adicional, y en ciertas condiciones, podría ni siquiera generar actividad económica medible.
A modo de comparación: según el mismo estudio, las inversiones públicas en educación y atención a la primera infancia generan un multiplicador de hasta tres veces el euro invertido, mientras que las inversiones en infraestructura alcanzan un multiplicador de al menos el doble. El análisis de EY/Deka de noviembre de 2025 ofrece una perspectiva más optimista, calculando que cada euro generado en la industria de defensa europea impulsa aproximadamente 2,70 euros de actividad económica a lo largo de toda la cadena de valor. Sin embargo, este multiplicador se refiere a la economía global del sector, no al gasto público, por lo que no es directamente comparable al multiplicador fiscal del estudio de Mannheim. Estas diferencias ilustran la gran influencia que tiene la perspectiva metodológica en los resultados.
Un problema clave: las empresas armamentísticas alemanas y europeas ya operan a plena capacidad. Rheinmetall, el mayor fabricante de armas de Alemania y el principal beneficiario de este cambio de paradigma, incrementó sus ingresos un 36 % hasta alcanzar los 9750 millones de euros en el ejercicio fiscal de 2024 y logró un beneficio operativo récord de 1480 millones de euros. Su cartera de pedidos alcanzó un máximo histórico de 55000 millones de euros. Para 2025, la empresa preveía un nuevo aumento de ingresos hasta los 9900 millones de euros, lo que representa un incremento del 29 %, y se espera que los ingresos en torno a los 14000 millones de euros se sitúen en 2026. Sin embargo, si la capacidad de la industria armamentística ya está plenamente utilizada y los procesos de adquisición carecen de transparencia, entonces, según economistas de Mannheim, la demanda adicional del gobierno es lo que principalmente eleva los precios: una gran parte de los fondos públicos simplemente desaparece en los bolsillos de las corporaciones y sus propietarios.
Centro de Seguridad y Defensa - Asesoramiento e Información
El Centro de Seguridad y Defensa ofrece asesoramiento especializado e información actualizada para apoyar eficazmente a empresas y organizaciones en el fortalecimiento de su papel en la política europea de seguridad y defensa. En estrecha colaboración con el Grupo de Trabajo de Defensa SME Connect, promueve especialmente a las pequeñas y medianas empresas (pymes) que desean desarrollar aún más su capacidad de innovación y competitividad en el sector de la defensa. Como punto de contacto central, el Centro crea un puente crucial entre las pymes y la estrategia europea de defensa.
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El mercado bursátil anticipó el auge armamentístico con una precisión asombrosa. El precio de las acciones de Rheinmetall rondaba los 59 € en 2020; en junio de 2025, fluctuaba entre 1700 y 1800 €, un aumento de casi treinta veces. En aquel momento, el banco de inversión suizo UBS predijo un precio objetivo de 2200 €. La cartera de pedidos de Rheinmetall, que ascendía a 23 200 millones de euros a finales del tercer trimestre de 2025, también demuestra la solidez de su modelo de negocio. La empresa incluso está considerando absorber capacidad de la industria automovilística, que atraviesa dificultades; según algunos informes, Rheinmetall podría utilizar una planta de VW para la producción de tanques. Esto marca el inicio de un simbólico cambio de paradigma en la política industrial: donde antes se fabricaban automóviles, pronto podrían fabricarse vehículos de combate.
En el ámbito económico general, la situación es más compleja. El análisis de EY/Deka concluye que las inversiones europeas en defensa podrían generar alrededor de 149.000 millones de euros anuales en valor añadido durante los próximos diez años, tanto de forma directa como indirecta. Esto beneficiaría no solo a las empresas de defensa, sino también a los proveedores de los sectores de electrónica, metalurgia, logística y desarrollo de software. Sin embargo, existe un grave riesgo de desplazamiento: en una economía que ya sufre una escasez estructural de mano de obra cualificada, la creciente industria de defensa compite directamente con la ingeniería mecánica y la industria automotriz por los mismos ingenieros, trabajadores cualificados y técnicos. Los proveedores que anteriormente abastecían a los fabricantes de automóviles corren el riesgo de perder estas relaciones comerciales si destinan su capacidad de producción a contratos de defensa.
La escasez de mano de obra cualificada no es solo un riesgo teórico. Según un estudio de Kearney de marzo de 2025, actualmente solo 13.000 personas trabajan en la producción de armas y municiones en Alemania. Si el gasto en defensa aumentara hasta el nuevo objetivo de la OTAN del 3,5 % del PIB, la necesidad a nivel europeo ascendería a aproximadamente 760.000 trabajadores cualificados adicionales. Esta escasez no solo afecta a las profesiones tradicionales de defensa: expertos en IA para sistemas de armas autónomos, especialistas en CNC con certificaciones de seguridad, científicos de datos, especialistas en guerra electrónica e ingenieros mecatrónicos son muy demandados. Una industria armamentística que no encuentra suficiente personal cualificado solo puede ampliar su capacidad de forma muy limitada; en cambio, los salarios y los costes aumentan, lo que reduce aún más los beneficios para la economía en general.
La base fiscal: freno de la deuda, fondos especiales y sostenibilidad a largo plazo
La financiación del rearme alemán se basa en una estructura fiscalmente innovadora, pero también arriesgada. El fondo especial original de 100.000 millones de euros, creado en 2022, era un fondo extrapresupuestario financiado con deuda y respaldado directamente por la Ley Fundamental (la Constitución alemana). La reforma constitucional de marzo de 2025 va mucho más allá: exime de forma permanente del freno de la deuda a todo gasto en defensa superior al 1% del PIB (actualmente unos 44.000 millones de euros anuales). En teoría, esto significa que Alemania podrá invertir cantidades ilimitadas de dinero en defensa, protección civil, servicios de inteligencia y ciberseguridad en el futuro.
Paralelamente, se encuentra en funcionamiento el fondo especial de 500.000 millones de euros para infraestructuras y protección climática. Su duración prevista es de doce años y también está exento del freno de la deuda. Junto con el fondo especial para las Fuerzas Armadas alemanas, esto elevará estructuralmente la deuda pública de Alemania a un nivel significativamente superior. El Fondo Monetario Internacional estimó ya en abril de 2025 —incluso antes de la publicación de los planes presupuestarios completos— que el nivel de deuda de Alemania aumentaría considerablemente. El Tribunal Federal de Cuentas advirtió explícitamente sobre la carga de intereses a largo plazo que supone este acuerdo y criticó que el gobierno federal asuma así responsabilidades que, en realidad, corresponden a los estados y municipios.
El problema de los tipos de interés es insidioso: si bien el fondo especial permite obtener préstamos adicionales para inversiones en la Bundeswehr, esto genera pagos de intereses que se consideran deuda relevante para el Acuerdo de Maastricht y, por lo tanto, ejercen presión sobre las normas presupuestarias de la UE. Esta presión indirecta para recortar el gasto en otros ámbitos —en particular en gasto social e inversiones climáticas— podría provocar importantes conflictos políticos sobre su distribución. Quienes contraen deuda hoy para gasto militar pagarán las consecuencias mañana, con menos margen de maniobra en educación, sanidad o la transformación ecológica de la economía.
El contexto europeo: ¿Más fuertes juntos o fragmentados a nivel nacional?
Alemania no es una excepción en la carrera armamentística europea, sino un ejemplo particularmente llamativo de una tendencia que abarca todo el continente. Polonia gastó alrededor de un 31 % más en defensa en 2024 y, con un 4,2 % de su PIB, invierte el mayor porcentaje de todos los miembros europeos de la OTAN. Suecia aumentó su gasto en un 34 % y también ha estado expandiendo masivamente sus capacidades militares desde que se unió a la OTAN en 2023. El gasto militar colectivo de los miembros europeos de la OTAN creció más rápido en 2025 que en cualquier otro momento desde 1953. Esta convergencia europea refleja no solo una percepción similar de la amenaza, sino también la presión compartida del presidente estadounidense Trump, quien ha estado instando a los europeos a participar en un reparto integral de la carga desde enero de 2025.
Una pregunta crucial sigue sin respuesta: ¿El rearme nacional paralelo de muchos estados europeos genera una verdadera fortaleza estratégica, o se está fragmentando y utilizando el dinero de forma ineficiente? El panorama de la defensa europea se ha caracterizado históricamente por la compartimentación de las adquisiciones nacionales, la redundancia de sistemas y la falta de economías de escala. Cada país compra sus propios tanques, sus propios aviones de combate y sus propios buques, a menudo con una interoperabilidad limitada. Un análisis de EY sobre las capacidades de defensa europeas subraya la necesidad de un ecosistema europeo de adquisiciones e innovación estratégicamente coordinado que fortalezca la escalabilidad, la excelencia tecnológica y la resiliencia de las cadenas de suministro. Sin esta coordinación sistémica, una parte significativa de las cuantiosas inversiones se desperdiciará.
Alemania, con su enorme tamaño y base industrial, podría desempeñar un papel coordinador. El canciller Friedrich Merz ha declarado explícitamente el objetivo de convertir a la Bundeswehr en el ejército convencional más poderoso de Europa. Esto requiere no solo un mayor presupuesto, sino también procesos de adquisición más eficientes, una base industrial ampliada y una estrecha integración con los socios europeos. Actualmente, la adquisición de armamento en Alemania se considera burocrática y lenta, una debilidad estructural que no se puede remediar simplemente aumentando la financiación. El establecimiento de la brigada alemana en Lituania como unidad permanente es una clara señal de que también se busca reforzar la credibilidad operativa.
Costes de oportunidad y consideraciones sociales: ¿Qué se pierde en el proceso?
Cada euro de gasto público destinado a armamento deja de estar disponible para otros fines sociales. Estos costes de oportunidad no son un concepto abstracto ni teórico, sino que se hacen patentes en los debates políticos concretos. La pregunta es: ¿Qué gastos desplaza el rearme? Diversos estudios demuestran que un mayor gasto militar conlleva un efecto de desplazamiento en el gasto social y sanitario. En una sociedad envejecida como la alemana —con crecientes necesidades asistenciales, inversiones en educación y un importante retraso en el desarrollo de infraestructuras— este efecto de desplazamiento resulta especialmente crítico.
Sin embargo, es importante diferenciar la perspectiva. Las inversiones en política de seguridad no son un mero despilfarro, sino que constituyen la base de la prosperidad económica. Una situación geopolítica inestable, en la que Rusia, según la evaluación del BND, podría ser capaz de atacar militarmente territorio de la OTAN en un plazo de cuatro a siete años, genera riesgos reales para el comercio, las cadenas de suministro y el atractivo de una ubicación empresarial. Los costos de una defensa inadecuada pueden superar con creces los costos del rearme. Desde esta perspectiva, la seguridad no es un gasto, sino una inversión en la estabilidad del sistema socioeconómico.
A esto se suma el potencial innovador de la investigación y el desarrollo militar. Históricamente, la tecnología militar ha generado aplicaciones civiles con un impacto económico significativo, desde internet y el GPS hasta la miniaturización de los semiconductores. Sin embargo, como destacan los economistas de Mannheim, la evidencia empírica en Alemania en este ámbito es escasa. Alemania importa una mayor proporción de su armamento que, por ejemplo, Estados Unidos, donde este canal de transmisión de la investigación militar a las innovaciones civiles ha sido históricamente muy fuerte. Para que se produzcan efectos indirectos similares en Alemania, primero habría que crearlos específicamente, mediante la promoción dirigida de tecnologías de doble uso, procedimientos de adquisición más transparentes y una mayor colaboración entre la investigación en defensa y la economía civil.
El dilema estructural: la transformación de una economía en tiempos de paz
Lo que Alemania está experimentando actualmente no es un aumento temporal del gasto, sino el inicio de una transformación estructural de su economía. Una economía que durante décadas se ha basado en la fortaleza exportadora, la automatización industrial y las cadenas de valor globales debe ahora construir rápidamente una industria de defensa de alto rendimiento, con todas las dificultades que genera un cambio estructural de esta magnitud. Los presupuestos de defensa alemanes han aumentado a tasas de dos dígitos durante tres años consecutivos: alrededor del 28 % en 2024, el 24 % en 2025, y se prevén nuevos aumentos masivos hasta 2029. Esta es una magnitud que incluso una industria de defensa bien establecida necesita tiempo para ajustar sus capacidades.
Este conflicto entre velocidad y capacidad de absorción es quizás el problema económico más importante del rearme alemán. Cuando la capacidad es escasa y faltan trabajadores cualificados, los recursos se utilizan de forma ineficiente: los precios suben, los plazos de entrega se alargan y los procesos de adquisición se vuelven propensos a errores. El Ministerio Federal de Defensa lleva años lidiando con la reputación de retrasar los proyectos de adquisición, un problema cultural y estructural que no se puede solucionar únicamente con aumentos presupuestarios. Por lo tanto, el enfoque de reforma crucial reside no solo en la cantidad de gasto, sino también en la calidad de la gobernanza institucional: procesos de adquisición transparentes, estructuras burocráticas eficientes y formatos de cooperación europea.
A largo plazo, Alemania tendrá que afrontar una cuestión estratégica fundamental: ¿Qué nivel de gasto en defensa es sostenible sin socavar la base económica de la que, en última instancia, depende dicho gasto? Los planes presupuestarios hasta 2029 prevén un aumento hasta los 151.700 millones de euros. Esto corresponde a una cuota de gasto en la OTAN del 3,5% del PIB, una cifra que Alemania no alcanzaba desde el apogeo de la Guerra Fría y que conlleva considerables costes estructurales. Al mismo tiempo, la economía alemana se enfrenta a un entorno económico complejo, con altos precios de la energía, estancamiento de la producción industrial y dificultades demográficas. Encontrar el equilibrio entre la necesidad de la política de seguridad y la sostenibilidad económica es el verdadero reto, y uno que ningún informe del SIPRI puede responder.
Una apuesta racional por la estabilidad, con un precio que conlleva
La evaluación económica general del rearme alemán es compleja. En el lado positivo: Alemania envía una clara señal geopolítica, cumpliendo sus obligaciones de alianza por primera vez en décadas, fortaleciendo la base industrial de determinadas empresas armamentísticas y contribuyendo a la disuasión colectiva en Europa. Esta inversión en estabilidad de seguridad tiene un valor económico real, aunque difícil de cuantificar. En el lado negativo: el multiplicador macroeconómico del gasto en defensa es bajo, la capacidad industrial ya está plenamente utilizada, la escasez de mano de obra cualificada constituye un obstáculo estructural para el crecimiento y los fondos especiales financiados con deuda aumentan la carga de intereses a largo plazo del Estado. Las promesas de un «gigantesco programa de estímulo económico» son, según las investigaciones actuales, insostenibles. Lo que Alemania obtiene principalmente es mayor seguridad, pero no un pase libre para el crecimiento económico.
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