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La industria automotriz china está experimentando un cambio estructural: enormes cementerios de coches en lugar de milagros de ventas: por qué el mercado chino de coches eléctricos está al borde del colapso

La industria automotriz china está experimentando un cambio estructural: enormes cementerios de coches en lugar de milagros de ventas: por qué el mercado chino de coches eléctricos está al borde del colapso

La industria automotriz china está experimentando un cambio estructural: enormes cementerios de coches en lugar de milagros de ventas. ¿Por qué el mercado chino de coches eléctricos está al borde del colapso? Imagen creativa: Xpert.Digital

El "momento Evergrande" de los fabricantes de automóviles: ¿Está a punto de estallar la próxima burbuja multimillonaria de China?

“Autos usados ​​con cero kilómetros”: El absurdo truco de los subsidios detrás del supuesto milagro automotriz de China

La crisis automovilística de China nos afecta a todos: ¿Qué ocurrirá cuando se cierre definitivamente la válvula de exportación?

La industria automotriz mundial mira hacia el Lejano Oriente con una mezcla de temor y fascinación: los fabricantes chinos están inundando los mercados mundiales con coches eléctricos tecnológicamente avanzados a precios irrisorios, ejerciendo una presión inmensa sobre los líderes del mercado. Pero este aparente triunfo es, en realidad, una huida precipitada. Tras bambalinas del mayor mercado automovilístico del mundo, se libra una lucha por la supervivencia sin precedentes y devastadora. Caracterizada por una gigantesca sobrecapacidad de producción, guerras de precios masivas y miles de coches nuevos acumulando polvo en inmensos aparcamientos, la industria se está autodestruyendo. La única válvula de escape para esta crisis sistémica son las exportaciones globales. Pero ¿qué sucede cuando esta válvula se cierra debido a aranceles punitivos y barreras geopolíticas? Un análisis profundo de la paradoja de una industria que domina el mundo mientras se desangra por dentro.

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La industria automotriz mundial está experimentando una profunda transformación. En Alemania, las fábricas se están reduciendo; en Estados Unidos, la política comercial y la difícil transición a la electromovilidad generan incertidumbre; y en Japón, fabricantes que antes eran intocables, como Toyota y Honda, están perdiendo terreno a nivel global. Si bien en Occidente la crisis se percibe principalmente como una amenaza externa proveniente de China, un conflicto igualmente dramático se libra dentro de la propia República Popular China, un conflicto de índole interna y con raíces sistémicas. La paradoja reside en que China es, simultáneamente, el agresor en el mercado global y un actor profundamente vulnerable en su propio territorio.

El mercado automovilístico chino produjo alrededor de 31 millones de vehículos en 2024, con una capacidad instalada teórica total de hasta 60 millones de unidades anuales. Esto se traduce en una tasa de utilización de la capacidad de aproximadamente el 50%, una cifra considerada una importante señal de alerta en cualquier teoría empresarial. En 2025, la producción y las ventas superaron los 34 millones de unidades, estableciendo nuevos récords y consolidando a China como líder mundial en producción y ventas por decimoséptimo año consecutivo. Sin embargo, tras estas cifras récord se esconden distorsiones sistémicas que distorsionan fundamentalmente el panorama general.

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El exceso de capacidad como problema estructural fundamental

El problema fundamental de la industria automotriz china no es a corto plazo; es el resultado de décadas de mala inversión patrocinada por el Estado. Actualmente, operan en China aproximadamente 169 fabricantes de automóviles, de los cuales más de la mitad tienen una cuota de mercado inferior al 0,1 %. Esta estructura de mercado recuerda al mercado automovilístico estadounidense de principios del siglo XX, cuando más de 100 fabricantes competían por la cuota de mercado antes de que una implacable ola de consolidación los redujera a unas pocas empresas dominantes. En China, esta consolidación no ha hecho más que empezar.

El exceso de capacidad no es un problema contable abstracto. Se manifiesta en un fenómeno visualmente impactante: imágenes de drones de ciudades como Hefei, Chengdu y Weifang muestran vastos estacionamientos donde miles de vehículos eléctricos nuevos permanecen sin usar, con matrículas de hace un día, cubiertos de polvo y con sus odómetros marcando casi cero. Estos llamados "autos usados ​​de cero kilómetros" son sintomáticos de una industria donde la producción se ha orientado no hacia la demanda real, sino hacia los objetivos de subsidios gubernamentales y las estadísticas de ventas para los inversores. Muchos fabricantes matricularon vehículos sin venderlos realmente para recibir subsidios e inflar las cifras de ventas. Posteriormente, el Ministerio de Comercio chino convocó a ejecutivos de BYD, Dongfeng y otros fabricantes para investigar la presunta manipulación de las cifras de ventas a través de los canales de autos usados.

La capacidad de producción, que oscila entre 55 y 60 millones de unidades, contrasta con la demanda real, tanto nacional como de exportación, que apenas supera los 40 millones de unidades. Esta brecha genera una competencia feroz sin precedentes en la historia industrial moderna.

La ruinosa guerra de precios y sus víctimas

Una consecuencia directa del exceso de capacidad es la guerra de precios que está erosionando los márgenes en toda la industria. BYD, líder indiscutible del mercado y el mayor fabricante mundial de vehículos eléctricos por volumen de ventas, rebajó los precios de toda su gama de modelos entre un 10 y un 30 por ciento en mayo de 2025, lo que desencadenó una reacción en cadena en toda la industria. Posteriormente, los precios de algunos modelos individuales se redujeron hasta en un 34 por ciento en los meses siguientes. El margen neto promedio de los fabricantes de automóviles chinos cayó al 4,3 por ciento en 2024, frente al 5 por ciento de 2023, y la tendencia a la baja continúa. El precio promedio de un vehículo en China ha caído de alrededor de 31.000 dólares estadounidenses en 2021 a aproximadamente 24.000 dólares estadounidenses, una disminución del 21 por ciento en tan solo unos años.

La presión sobre los precios está afectando profundamente a la cadena de suministro. Los proveedores a veces esperan entre seis y ocho meses para recibir el pago, y las cuentas por cobrar pendientes en el sector ascienden a unos 400 mil millones de yuanes, equivalentes a aproximadamente 50 mil millones de euros. Los proveedores que operan con un margen de entre el dos y el tres por ciento y se ven obligados a ofrecer un descuento del diez por ciento no tienen más remedio que reducir la calidad de los componentes que suministran. Esto crea un círculo vicioso en el que la caída de los precios, el deterioro de la calidad y el aumento de las quiebras se retroalimentan mutuamente.

Great Wall Motor, el séptimo mayor fabricante de automóviles de China, no alcanzó su objetivo de ventas autoimpuesto de 4 millones de vehículos en 2025, con un déficit de más de dos tercios, vendiendo solo 1,32 millones de unidades. Dongfeng Motor reportó pérdidas de casi 500 millones de euros en 2024, mientras que las ganancias de Changan se desplomaron casi un 50% ese mismo año. En una entrevista pública, el director ejecutivo de Great Wall Motor describió acertadamente la situación como el "momento cumbre" de la industria automotriz, con la diferencia de que, a diferencia del sector inmobiliario, hasta ahora se ha evitado un colapso sistémico.

El término “momento Evergrande” surgió en otoño de 2021 en respuesta a la crisis de liquidez del promotor inmobiliario chino Evergrande Group.

Evergrande era la segunda mayor empresa inmobiliaria de China y había financiado su enorme crecimiento casi en su totalidad mediante deuda. Cuando el gobierno chino introdujo normas más estrictas sobre el endeudamiento (las llamadas "tres líneas rojas") en 2020 para frenar la burbuja inmobiliaria, la empresa se declaró insolvente. Evergrande se encontró con una enorme deuda de alrededor de 300.000 millones de dólares y ya no podía hacer frente a los pagos de intereses de sus bonos internacionales.

La dependencia de los subsidios como carga estructural

El rápido desarrollo de la industria de vehículos eléctricos en China fue impulsado en gran medida por el Estado. En los tres planes quinquenales anteriores, los vehículos eléctricos fueron designados como industria estratégica, lo que llevó a las autoridades chinas a invertir miles de millones en la promoción de fabricantes y ventas de vehículos. Los incentivos a la compra de vehículos de nueva energía (VNE), las exenciones fiscales, los préstamos a bajo interés para la construcción de fábricas y los subsidios directos a las empresas crearon un ecosistema artificial donde la viabilidad económica no era una condición necesaria para la supervivencia.

En octubre de 2025, por primera vez en más de una década, China eliminó los vehículos eléctricos de su lista de industrias estratégicas en su nuevo plan quinquenal para el periodo 2026-2030. Los analistas interpretaron esto como una señal oficial de que Pekín considera que el sector está maduro y pretende dejar su desarrollo futuro en manos del mercado. El programa nacional de incentivos a la compra de vehículos eléctricos ya se había suspendido a finales de 2022, y las exenciones fiscales para su compra expirarán por completo en 2027.

La retirada de las subvenciones está afectando al sector en un momento en que muchos fabricantes operan con márgenes de beneficio mínimos o ya registran pérdidas. El primer trimestre de 2026 ya mostró las consecuencias: en diciembre de 2025, las ventas en China se desplomaron un 14,5 % en comparación con el mismo mes del año anterior, debido a que los gobiernos regionales, ante la falta de fondos, retiraron o eliminaron por completo las subvenciones para la compra de coches nuevos. Si bien la asociación china de la industria automovilística, CPCA, informó de un crecimiento de las ventas del 3,9 % para todo el año 2025, este fue el menor crecimiento en tres años. El hecho de que las ventas nacionales chinas en 2024 aún estuvieran un 9,6 % por debajo del máximo de 2017 demuestra lo poco que el crecimiento nominal revela sobre la situación estructural real.

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Exportar como válvula de alivio de presión: estrategia y riesgo

En esta compleja situación, la ofensiva exportadora se convirtió en la principal estrategia de supervivencia para la industria automotriz china. En 2024, China exportó un total de 6,41 millones de vehículos, un aumento del 23 % con respecto al año anterior. Esto le permitió superar a Japón como el mayor exportador de automóviles del mundo, superando el volumen de exportación del segundo país en más del 50 %. Para febrero de 2025, las exportaciones ya representaban el 20,7 % de todas las entregas de fábrica. En el primer trimestre de 2025 se registró un aumento del 43,9 % en las exportaciones de vehículos eléctricos, alcanzando las 441.000 unidades.

El impulso exportador no es solo resultado de cálculos comerciales, sino una necesidad sistémica. Contrariamente a la percepción generalizada de que los fabricantes chinos se dirigen principalmente a Europa y Estados Unidos, alrededor del 75% de todas las exportaciones de vehículos chinos se destinan a países en desarrollo del sudeste asiático, Oriente Medio, Latinoamérica y África. La distribución geográfica de los mercados de exportación revela la verdadera estrategia de expansión: Rusia y Oriente Medio representaron en conjunto el 35% de las exportaciones de automóviles chinos en 2024, superando así por primera vez las entregas combinadas a Europa y Norteamérica. En Tailandia, las marcas chinas ya poseen una cuota de mercado superior al 30%, al igual que Chile, mientras que en Brasil la cuota aumentó al 9,1% y en Australia al 16,7%. En Rusia, donde los fabricantes occidentales abandonaron el mercado tras las sanciones impuestas después de la guerra de Ucrania, la cuota de mercado de los vehículos chinos pasó del 9% en 2021 al 61% en 2023.

Los fabricantes chinos están adaptando sus productos a los mercados locales: con suspensiones mejoradas para el terreno latinoamericano, sistemas de refrigeración optimizados para Oriente Medio y versiones con volante a la derecha diseñadas para los mercados del sudeste asiático. BYD inauguró su primera planta de vehículos eléctricos en Tailandia en 2024, con una capacidad anual de 150 000 vehículos, seguida por GAC Aion con una planta para 50 000 unidades. Changan y Geely también anunciaron la apertura de fábricas en el extranjero en enero de 2025. La internacionalización está pasando de la mera exportación a la producción local, lo que distorsionará las estadísticas de exportación a largo plazo, pero de ninguna manera frenará la expansión industrial de los fabricantes chinos.

Las barreras geopolíticas y el régimen aduanero

Sin embargo, el motor de las exportaciones mundiales no está exento de resistencia. La Unión Europea impuso aranceles punitivos a los coches eléctricos chinos, que oscilan entre el 17 y el 38 por ciento, según el fabricante. Estados Unidos, bajo la presidencia de Biden, ya había elevado los aranceles a los coches eléctricos chinos al 100 por ciento. Bajo la presidencia de Trump, esta política proteccionista se intensificó aún más, cerrando de facto el mercado norteamericano a los vehículos chinos.

Los aranceles de la UE propiciaron un compromiso: en enero de 2026, China y la UE acordaron sustituir los aranceles adicionales por precios mínimos vinculantes a los que los fabricantes chinos podrían vender sus vehículos en Europa. Este instrumento busca, por un lado, proteger a los fabricantes europeos y, por otro, mitigar el conflicto comercial. Sin embargo, entre los economistas se debate si los precios mínimos corrigen las distorsiones reales de la competencia o simplemente enmascaran los síntomas más evidentes.

La dinámica política de los aranceles es compleja. Unos aranceles estadounidenses más elevados incentivan a los fabricantes chinos a intensificar su presencia en el mercado europeo, siempre que las barreras sean menores. Un análisis del DIW advirtió explícitamente de este escenario ya en 2024, describiendo el desenlace inminente como el peor de los mundos posibles: los coches eléctricos chinos ganan cuota de mercado en Europa a pesar de los aranceles, mientras que el gobierno chino adopta simultáneamente contramedidas contra las empresas europeas, especialmente las alemanas. De hecho, las exportaciones de la UE a China en el sector de la automoción y las piezas de automoción cayeron un 34 % hasta los 16.000 millones de euros en 2025, mientras que las importaciones procedentes de China aumentaron hasta los 22.000 millones de euros; un superávit de exportaciones de miles de millones de euros se ha convertido en un déficit.

 

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Cuando las exportaciones se agotan: Cómo la industria automotriz china está al borde del colapso

¿Qué queda cuando se bloquea la ruta de exportación?

Aquí reside la pregunta crucial: ¿Qué ocurriría si el mercado mundial de vehículos chinos colapsara significativamente? Este escenario no es hipotético; se vuelve concreto al considerar la evolución de los mercados de exportación más importantes.

Si el proteccionismo se intensifica a nivel mundial y los mercados emergentes, actualmente abiertos, pierden capacidad de absorción debido a sus propias industrias locales, contramedidas políticas o inestabilidad económica, la industria automotriz china se enfrentaría a un escenario de sobreproducción extrema sin salida. Los expertos estiman que podría producirse una caída de las ventas en todo el sector de entre el 20 y el 25 por ciento si la crisis sistémica se agrava sin control. Las consecuencias no se limitarían a la industria automotriz.

Las industrias automotriz y de proveedores en China dan empleo directo e indirecto a decenas de millones de personas. Los despidos masivos en este sector deprimirían aún más la ya débil demanda interna y agravarían una espiral descendente difícil de romper. Incluso ahora, la falta de poder adquisitivo de los consumidores chinos está debilitando la demanda interna, y la crisis inmobiliaria ha perjudicado significativamente el efecto riqueza que tradicionalmente impulsaba el consumo. Una demanda interna débil conlleva menores beneficios empresariales, una disminución de los ingresos fiscales del gobierno y, en última instancia, menos margen fiscal para nuevas medidas de estímulo: un clásico círculo vicioso.

El sector de proveedores es la primera y más directa víctima. Incluso ahora, los proveedores llevan meses esperando el pago y las deudas incobrables se acumulan. Si la presión exportadora disminuyera y, al mismo tiempo, la competencia de precios en el mercado interno se intensificara, la ola de quiebras en el sector de proveedores se extendería rápidamente. El cierre de fábricas, los despidos masivos y la crisis crediticia para los proveedores medianos serían las consecuencias inmediatas.

El escenario de consolidación: ¿Quién sobrevivirá?

Independientemente del impacto externo, la consolidación ya está en marcha. El propio gobierno chino ha declarado que el mercado no puede soportar de forma realista el número actual de marcas de vehículos eléctricos que compiten entre sí. Analistas y observadores del sector prevén que, de las aproximadamente 129 marcas de vehículos eléctricos activas en la actualidad, como máximo 15 sobrevivirán hasta 2030. La cuestión no es si esta consolidación se producirá, sino cuán ordenada será.

El año 2025 reveló una divergencia significativa entre los fabricantes: BYD logró 4,6 millones de vehículos vendidos, alcanzando el 83,7 % de su ambiciosa meta de 5,5 millones; Geely incluso superó sus planes con 3 millones de vehículos vendidos. Nuevos participantes como Xiaomi Auto y Xpeng superaron sus objetivos. Great Wall Motor, por otro lado, no alcanzó su meta por más de dos tercios, Li Auto solo llegó al 63,5 % de su objetivo y Nio al 74,1 %. Esta divergencia demuestra que el mercado ya está diferenciando entre ganadores y perdedores, aunque todavía no con la nitidez que requeriría una verdadera reestructuración del mercado.

El Estado se enfrenta a un dilema: una consolidación ordenada y moderada por el Estado podría mitigar las peores convulsiones sociales. Por otro lado, las quiebras incontroladas de grandes fabricantes desencadenarían efectos en la cadena de suministro difíciles de contener. La fusión prevista de Dongfeng y Changan en una megacorporación estatal es un intento de gestionar esta consolidación manteniendo al mismo tiempo su influencia internacional. Al retirar los subsidios a los vehículos eléctricos del Plan Quinquenal, Pekín demuestra su voluntad de permitir que las fuerzas del mercado desempeñen un papel más importante; sin embargo, es probable que intervenga rápidamente de nuevo en caso de una crisis sistémica incontrolada.

El fenómeno Neijuan: El agotamiento interno como patrón sistémico

El concepto chino de Neijuan —que se traduce literalmente como “agotamiento interno” o “crecimiento dirigido hacia adentro sin progreso real”— describe acertadamente lo que está sucediendo en la industria automotriz. Las empresas están invirtiendo masivamente, trabajando más, bajando precios y aumentando los volúmenes de producción sin volverse más rentables ni sostenibles. La competencia no conduce a la innovación ni a la eficiencia, sino al desgaste mutuo. El capital inmovilizado en las empresas aumenta, la rentabilidad disminuye y la eficiencia económica general del sistema se deteriora a pesar de las impresionantes cifras de producción.

Este patrón no surgió por casualidad. Es el resultado de incentivos impuestos políticamente que premiaron las cifras de producción y matriculación sin tener suficientemente en cuenta la rentabilidad ni la viabilidad del mercado. Los bancos estatales financiaron la expansión de la capacidad productiva, los gobiernos regionales subvencionaron el desarrollo de nuevas empresas y la política industrial nacional priorizó la cuota de mercado y el volumen de exportaciones. El resultado es una industria que, si bien es líder mundial en algunas áreas tecnológicas —especialmente en tecnología de baterías, sistemas inteligentes de asistencia al conductor e integración vertical de la cadena de valor—, se asienta sobre bases económicas inestables.

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Bucles de retroalimentación globales: China exporta su crisis

Lo que comenzó en China como una crisis estructural interna ahora está impactando la economía global a través del canal de exportación. Alemania ha perdido drásticamente a China como mercado clave para vehículos y autopartes: las exportaciones se han desplomado en más del 54 por ciento desde el año récord de 2022, cayendo a 13.600 millones de euros. Las exportaciones de automóviles alemanes a China disminuyeron en un tercio solo en 2025 en comparación con el año anterior. En ese mismo año, China se había convertido en apenas el sexto mercado de exportación más importante para los fabricantes alemanes. Al mismo tiempo, las importaciones de productos y autopartes chinos a Europa aumentaron, lo que resultó en un déficit comercial persistente.

El economista jefe del Banco Comercial de Hamburgo lo resumió sucintamente: la industria china está impactando los sectores clave de Europa —automoción, ingeniería mecánica y química— como un tsunami. El Instituto ifo, el Instituto de Investigación Económica de Colonia (IW Köln) y otros institutos de investigación económica identifican el impacto de China como un factor estructural, no cíclico, en la recesión industrial alemana. El empleo en la industria automotriz alemana cayó un 6,2 % en 2025, hasta situarse en torno a los 725.000 trabajadores, el nivel más bajo en 14 años. En el sector de proveedores, se ha perdido casi uno de cada cuatro puestos de trabajo desde 2019.

Para los fabricantes chinos, la reacción global representa una amenaza creciente. Refugiarse en los mercados emergentes como vía de exportación solo funciona mientras estos mercados se mantengan receptivos, no busquen proteger sus propias industrias y no impongan aranceles. Brasil, por ejemplo, introdujo aranceles de importación graduales para los vehículos eléctricos chinos en 2024 para proteger su industria automotriz. Indonesia está negociando medidas similares. El contraataque global no es cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo.

El escenario de un colapso del mercado global para los exportadores chinos

Un colapso simultáneo de los principales mercados de exportación para los vehículos chinos agravaría enormemente las tensiones políticas internas. El escenario hipotético —la desaparición de Rusia como mercado de ventas debido a la resolución política del conflicto y el regreso de las marcas occidentales; la imposición de aranceles proteccionistas por parte de Oriente Medio y el Sudeste Asiático; y la retirada de Sudamérica— no es muy probable como un evento simultáneo, pero sí bastante realista como una erosión gradual.

En este escenario, una capacidad de producción de más de 55 millones de unidades cubriría una demanda combinada, tanto nacional como de exportación, de entre 28 y 30 millones de unidades. Las consecuencias serían:

Los precios en el mercado interno caerían aún más, llevando a la quiebra a fabricantes con márgenes ya negativos. La ola de consolidación se aceleraría drásticamente. La oleada de quiebras en el sector de proveedores desencadenaría una crisis de empleo, sometiendo al gobierno chino a una considerable presión social. Los rescates gubernamentales serían inevitables, pero dada la ya elevada carga de deuda a nivel regional y nacional, estarían limitados fiscalmente. La confianza de los consumidores chinos en la estabilidad económica, ya mermada por la crisis inmobiliaria, disminuiría aún más, reduciendo aún más la demanda interna.

Al mismo tiempo, una crisis de esta magnitud desestabilizaría las cadenas de suministro globales. China domina la producción mundial de baterías de iones de litio, motores eléctricos y etapas clave del procesamiento de materias primas para la industria automotriz. Una profunda crisis en la industria automotriz china también afectaría a los fabricantes occidentales y japoneses, que dependen de componentes chinos. Esta interdependencia funciona en ambos sentidos.

Respuesta estratégica de Pekín: controlar el ritmo de la crisis

Pekín intenta mantener el control sobre el proceso de consolidación. El objetivo no es una reestructuración del mercado libre, sino una consolidación controlada en torno a unos pocos líderes estatales. La fusión de Dongfeng y Changan, si se lleva a cabo según lo previsto, crearía el mayor fabricante de automóviles de China. Los bancos estatales garantizarán la financiación de las empresas viables, mientras que los fabricantes no rentables se ven obligados a abandonar el mercado. Al mismo tiempo, China está invirtiendo fuertemente en la internacionalización mediante plantas de producción locales para eludir los aranceles de exportación e integrarse de forma permanente en las estructuras de los mercados objetivo.

El abandono de las generosas subvenciones no supone una retirada del Estado de la industria, sino una transformación de la lógica de gobernanza: se pasa de incentivos a la compra y subvenciones a la producción ampliamente distribuidos a un apoyo específico para empresas con competitividad internacional. De este modo, Pekín indica que ya no puede permitirse el lujo económico de una industria sobredimensionada y no rentable, y que la consolidación que se avecina es políticamente deseada, aunque sus costes sociales sean considerables.

Conclusión: Una crisis que arde desde dentro

La industria automotriz china atraviesa una crisis estructuralmente más profunda que las que han sufrido los fabricantes alemanes, estadounidenses o japoneses. El exceso de capacidad, la dependencia de subsidios, la manipulación de las cifras de ventas, la feroz competencia de precios y la débil demanda interna conforman una compleja red sistémica de la que los actores individuales difícilmente pueden escapar.

Hasta ahora, las exportaciones han sido la principal válvula de escape en esta crisis, permitiendo exportar las tensiones políticas internas y absorber parcialmente la sobreproducción. Pero esta válvula se está cerrando. Las barreras geopolíticas aumentan, las economías emergentes comienzan a desarrollar sus propios mecanismos de protección y la presión de los acuerdos de precios mínimos con la UE reduce los márgenes de beneficio. Si los canales de exportación continúan reduciéndose sin que el mercado interno pueda compensar la diferencia, se avecina una ola de consolidación de proporciones históricas, con graves consecuencias no solo para China, sino para toda la industria automotriz y sus proveedores a nivel mundial.

La cuestión ya no es si la burbuja automovilística china se corregirá. De hecho, ya se está corrigiendo. La cuestión es si Pekín podrá controlar suficientemente el ritmo de esta corrección para permitir un aterrizaje controlado, o si los desequilibrios acumulados provocarán un aterrizaje más brusco.

 

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