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El punto ciego del rearme: el eurodiputado Tomáš Zdechovský y SME Connect luchan por las pequeñas y medianas empresas (PYME)

El punto ciego del rearme: el eurodiputado Tomáš Zdechovský y SME Connect luchan por las pequeñas y medianas empresas (PYME)

El punto ciego del rearme: el eurodiputado Tomáš Zdechovský y SME Connect luchan por las pequeñas y medianas empresas (PYME)

La presentación de GLOBSEC del 22 de junio de 2026 expuso sin piedad la paradoja central de la transición de la seguridad europea

Una advertencia desde el flanco oriental: ¿Qué es lo que realmente está provocando el fracaso de la defensa europea?

La ilusión de los mil millones de euros de Europa: por qué los presupuestos récord no nos salvarán en una crisis

La guerra en Ucrania ha despertado a Europa de su letargo en materia de política de seguridad. Por primera vez desde la Guerra Fría, se están destinando sumas récord a la defensa, y el prestigioso objetivo del dos por ciento de gasto de la OTAN parece finalmente al alcance de muchas naciones. Sin embargo, un análisis más profundo de este nuevo rearme europeo revela una cruda realidad: más dinero no significa automáticamente más seguridad. Un reciente y exhaustivo informe del centro de estudios GLOBSEC expone sin concesiones los problemas específicos del flanco oriental, el más vulnerable. Desde engorrosos obstáculos burocráticos en la movilización de tropas y graves problemas financieros para las empresas de defensa medianas hasta alarmantes plazos de entrega de más de cinco años, Europa está invirtiendo masivamente, pero con demasiada frecuencia falla en la implementación industrial y logística. Este análisis detallado arroja luz sobre por qué una infraestructura funcional, procesos de toma de decisiones políticas ágiles y la reducción de dependencias son ahora cruciales para la credibilidad de nuestra disuasión.

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Más dinero no resuelve los problemas de seguridad, a menos que se traduzca en habilidades reales

Europa está experimentando un cambio de paradigma en su política de seguridad, cuya magnitud parecía inimaginable tras décadas de paz. La continua agresión rusa contra Ucrania ha sacudido los supuestos estratégicos fundamentales del continente y ha desencadenado una carrera armamentística sin precedentes. Por primera vez desde la Guerra Fría, en 2025 todos los miembros de la UE pertenecientes a la OTAN alcanzaron el objetivo del dos por ciento del PIB destinado al gasto en defensa: un hito histórico, pero que debe entenderse menos como un triunfo y más como el punto de partida de un desafío mucho mayor.

La pregunta crucial que plantea el centro de estudios GLOBSEC, con sede en Bratislava, en su exhaustivo informe anual de 2026 sobre la preparación para el combate del flanco oriental, no es si Europa está gastando más dinero. Eso es indiscutible. La verdadera pregunta es: ¿Se transformará este dinero en capacidades militares desplegables, sostenibles y disuasorias? La respuesta que ofrece el informe, basada en datos exhaustivos, es desalentadora: No.

El evento del 22 de junio de 2026, organizado conjuntamente por SME Connect y GLOBSEC y bajo el patrocinio del eurodiputado Tomáš Zdechovský, reunió precisamente a los actores clave de los que depende el progreso: políticos, expertos en seguridad, representantes de la industria y pequeñas y medianas empresas. Las conclusiones presentadas ofrecen una visión clara: Europa ha comenzado a despertar, pero el tiempo que le queda para actuar plenamente es menor de lo que sugiere la retórica política.

El evento del 22 de junio de 2026, organizado conjuntamente por SME Connect y GLOBSEC y bajo el patrocinio del eurodiputado Tomáš Zdechovský

Del objetivo a la realidad: ¿Quién está cumpliendo realmente en el flanco oriental?

El mapa de preparación para el combate de GLOBSEC abarca diez países del flanco oriental de la OTAN, desde el Báltico hasta el Mar Negro. El análisis mide no solo las cifras de gasto, sino también tres pilares fundamentales: la fuerza y ​​la modernización militar, la capacidad de toma de decisiones políticas en situaciones de crisis y la resiliencia de la sociedad y la base industrial.

El resultado de esta evaluación multidimensional es claro: Finlandia, los países bálticos y Polonia están a la vanguardia en preparación operativa. Finlandia, por ejemplo, combina un proceso rápido de toma de decisiones en situaciones de crisis, uno de los mayores sistemas de reserva de Europa con aproximadamente 900 000 soldados movilizables y una sólida resiliencia social en un modelo de defensa integrado que puede servir de ejemplo para otros países. Estos países no solo han incrementado sus reservas estratégicas, sino que también han invertido significativamente en armamento moderno, desde carros de combate principales hasta sistemas de precisión de largo alcance, y han mejorado sustancialmente la movilidad operativa y la capacidad para operaciones integradas terrestres, aéreas, marítimas y espaciales mediante ejercicios nacionales y multinacionales.

Polonia destaca entre todos los miembros europeos de la OTAN: con un 4,48 % de su producto interior bruto en 2025, Varsovia no solo duplica con creces el objetivo del dos por ciento, sino que incluso supera a Estados Unidos, que se sitúa en el 3,22 %, una señal de gran importancia, tanto política como simbólica. Los países bálticos le siguen de cerca: Lituania destinó el 4,0 %, Letonia el 3,73 % y Estonia el 3,38 % de su PIB a defensa.

Sin embargo, Rumania sirve como ejemplo paradigmático de que la mera fuerza militar y la ubicación geográfica no son indicadores suficientes de la preparación operativa real. El país posee las segundas fuerzas armadas más grandes en su flanco oriental —casi 182 000 soldados— y una posición estratégica insustituible en el Mar Negro. No obstante, el informe de GLOBSEC concluye que Rumania debe acelerar significativamente la toma de decisiones y la integración de sus capacidades de despliegue para convertir su ventaja numérica en una disuasión creíble. El tamaño por sí solo no es sinónimo de fuerza.

En el otro extremo del espectro se observa una Europa estancada en su objetivo, sin avances significativos. Francia (2,05 %), Italia (2,01 %), España, Bélgica, Portugal y Luxemburgo se sitúan en el 2 %, sin ambiciones claras que vayan más allá. Hungría y la República Checa incluso han reducido su participación en el PIB para 2025. Dado el nuevo objetivo del Convenio de La Haya del 5 % para 2035, del cual el 3,5 % debe destinarse al presupuesto básico de defensa, casi todas las principales economías europeas se enfrentan a una brecha estructural de entre uno y uno y medio puntos porcentuales para alcanzar el objetivo básico.

La disuasión requiere acción, no palabras: El problema de la decisión

Martin Sklenár, exministro de Defensa de la República Eslovaca y miembro distinguido del programa GLOBSEC sobre el futuro de la seguridad, formuló durante la presentación un principio que constituye la base intelectual del informe: la disuasión surge de acciones concretas, no de declaraciones políticas. La seguridad creíble comienza en las capitales, y allí se construye.

Esta afirmación pone de manifiesto un obstáculo a menudo subestimado: la arquitectura de la toma de decisiones políticas. Para su informe, GLOBSEC desarrolló su propio Índice de Cronograma de Toma de Decisiones, que evalúa la rapidez de acción de las naciones del flanco oriental en una crisis aguda, basándose en los mecanismos legales, las cadenas de toma de decisiones, las estructuras de autoridad y la capacidad de movilizar fuerzas e integrar aliados. El resultado: en escenarios de crisis donde cada hora cuenta, muchos países fracasan debido a bloqueos estructurales en su burocracia de movilización que parecían irrelevantes en tiempos de paz.

La polarización política incrementa exponencialmente este riesgo. Cuando falta o se debilita el consenso nacional en materia de seguridad, incluso las fuerzas armadas con la financiación adecuada se convierten en peones en las luchas políticas internas. Sklenár advirtió explícitamente que las estructuras débiles de toma de decisiones y las divisiones sociales pueden socavar la capacidad operativa, y que el apoyo público y el consenso político son componentes fundamentales de la disuasión, no meras tareas de comunicación.

El análisis del informe también revela una dimensión a menudo descuidada: la sostenibilidad. Incluso los países con fuerzas armadas respetables se enfrentan a deficiencias críticas en materia de mantenimiento. La capacidad de mantenimiento, la logística de reabastecimiento y la infraestructura de transporte no son habilidades llamativas, pero determinan si un ataque puede ser repelido incluso después de semanas o meses. La deficiente infraestructura de transporte en varias naciones del flanco oriental se considera una deficiencia real y grave; la movilidad, como facilitador estratégico, requiere una inversión sostenida.

El paso histórico de Alemania: La brigada en Lituania como señal geopolítica

La contribución más simbólica de Alemania a la disuasión en su flanco oriental es el despliegue de la Brigada Panzer 45 en Lituania, el primer despliegue permanente en el extranjero de una unidad de combate completa desde la Segunda Guerra Mundial. Desde su activación oficial el 1 de abril de 2025 en Vilna, la brigada ha estado sometida a un desarrollo estructurado. En la ceremonia de inauguración en mayo de 2025, el canciller Friedrich Merz enfatizó que la brigada no era un símbolo político, sino una contribución militar a la disuasión y la defensa.

La importancia geopolítica de esta decisión radica en la ubicación geográfica de Lituania. Situada entre el enclave ruso de Kaliningrado y la Bielorrusia prorrusa, el país se considera el Estado más expuesto en todo el flanco oriental de la OTAN. La brigada estará estacionada en Rudninkai, a unos 30 kilómetros de la frontera con Bielorrusia, una ubicación cuya proximidad al eje de la amenaza potencial no deja lugar a dudas sobre su propósito estratégico. Para finales de 2027, se desplegarán de forma permanente alrededor de 4.800 soldados, junto con aproximadamente 200 civiles, momento en el que la brigada habrá alcanzado su plena capacidad de combate.

Fritz von Stülpnagel, director general de DefenceTech Europe, abordó este tema en el debate de GLOBSEC y formuló una clara exigencia estratégica: desearía que otros estados de Europa Occidental siguieran el ejemplo de Alemania y desplegaran presencias militares permanentes en el flanco oriental. La defensa del flanco oriental debe considerarse una responsabilidad europea compartida, no un problema regional exclusivo de los estados fronterizos. Una mayor integración militar refuerza la capacidad de disuasión de la OTAN y reduce el riesgo de errores de cálculo estratégico por parte de posibles adversarios.

Esta postura encuentra su contraparte económica en una lógica simple: la presencia es disuasión. Un contingente de la alianza estacionado permanentemente en el flanco oriental transmite credibilidad de una manera que las unidades rotatorias o las promesas políticas no pueden replicar. Envía la señal de que, en caso de un ataque al país anfitrión, los soldados del país que los envía se verían directamente afectados; la lógica clásica de las trampas extendidas, como también caracterizó la presencia de tropas estadounidenses en Alemania durante la Guerra Fría.

La paradoja industrial: Europa invierte y no puede cumplir con lo prometido

Si la sección político-militar del informe GLOBSEC revela un progreso desigual, su informe gemelo sobre política industrial —Poniendo a prueba la expansión industrial de la defensa europea, elaborado conjuntamente con McKinsey & Company— describe un fracaso estructural. El diagnóstico central: el gasto en defensa de Europa está aumentando, pero su capacidad de producción no.

Basándose en una encuesta realizada a 280 empresas de la cadena de suministro de defensa europea y en 15 entrevistas estructuradas con líderes del sector, el informe documenta una drástica brecha entre la producción prevista y la capacidad operativa: cerca de la mitad de las empresas de defensa europeas informan que más del 40 % de la producción planificada no pudo llevarse a cabo según lo previsto. Al mismo tiempo, menos del 20 % de los proveedores de nivel 2 a 4 reciben pagos por adelantado, lo que significa que estas pequeñas y medianas empresas, que constituyen la columna vertebral de la industria, deben prefinanciar su propio rearme.

Este hallazgo tiene repercusiones económicas explosivas. Casi el 40 % de las pymes del sector de defensa afirman que el acceso a la financiación bancaria es difícil o muy difícil, una cifra que duplica con creces la de las pymes de otros sectores. Históricamente, los bancos comerciales han tratado la defensa como un riesgo ESG, lo que, paradójicamente, está obstaculizando la financiación privada precisamente en el momento en que la seguridad democrática se está convirtiendo en un imperativo estratégico. El análisis del Fondo de Innovación de la OTAN habla de un cuello de botella estructural: sin crédito, los prototipos no pueden convertirse en líneas de producción, y sin líneas de producción, Europa no puede alcanzar sus objetivos de preparación.

Las instituciones europeas han comenzado a responder. El Banco Europeo de Inversiones ha incrementado drásticamente su volumen de préstamos para el sector de defensa: de mil millones de euros en 2024 a 3.500 millones de euros previstos para 2025, acompañado de un fondo inicial de préstamos privados para la industria de defensa con un objetivo de 500 millones de euros. Una primera línea de crédito intermedia de 500 millones de euros a Deutsche Bank permite una financiación total de mil millones de euros para las pymes europeas del sector de la seguridad y la defensa. El camino está abierto, pero la escala dista mucho de cubrir las necesidades.

La escasez de mano de obra cualificada como vulnerabilidad estratégica

Entre los cuellos de botella industriales, destaca uno que no puede resolverse a corto plazo ni siquiera con la política fiscal más generosa: la escasez de mano de obra cualificada. El informe GLOBSEC-McKinsey señala que la principal limitación para la producción de defensa europea no es la financiación, sino el personal cualificado, la maquinaria y los componentes críticos.

Un ingeniero experimentado en un puesto clave puede ser insustituible durante diez años. Muchas empresas de defensa han triplicado o cuadruplicado su producción en pocos años, con el consiguiente aumento de las ofertas de empleo en un mercado donde ya existe escasez de mecánicos electrónicos, técnicos de montaje, desarrolladores de software, inspectores de calidad y planificadores de fábrica. La incorporación y la formación requieren tiempo, precisamente del que carece el sector en la situación actual.

Este cuello de botella está intrínsecamente ligado al problema de la escalabilidad. El sector de defensa europeo no es un bloque monolítico de unas pocas grandes empresas como en Estados Unidos, sino un entramado de miles de pequeñas y medianas empresas integradas en cadenas de suministro nacionales con estándares, requisitos de certificación y normas de contratación que a menudo difieren. Esta fragmentación estructural constituye la verdadera desventaja competitiva: impide las economías de escala, complica la coordinación de la planificación de la capacidad y las previsiones de demanda, y significa que un solo cuello de botella en la cadena de suministro puede retrasar programas de producción completos.

 

Centro de Seguridad y Defensa - Asesoramiento e Información

Centro de Seguridad y Defensa - Imagen: Xpert.Digital

El Centro de Seguridad y Defensa ofrece asesoramiento especializado e información actualizada para apoyar eficazmente a empresas y organizaciones en el fortalecimiento de su papel en la política europea de seguridad y defensa. En estrecha colaboración con el Grupo de Trabajo de Defensa SME Connect, promueve especialmente a las pequeñas y medianas empresas (pymes) que desean desarrollar aún más su capacidad de innovación y competitividad en el sector de la defensa. Como punto de contacto central, el Centro crea un puente crucial entre las pymes y la estrategia europea de defensa.

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Centros de despliegue rápido de doble uso: la logística como clave para la capacidad de defensa europea

Proceso de adquisición de pinzas de freno: ¿Por qué los plazos de entrega de cinco años socavan la disuasión?

Markus Becker, codirector general del Grupo de Trabajo de Defensa y Seguridad de SME Connect y jefe de desarrollo comercial de LTW Intralogistik, mencionó una cifra en el debate que resume todo el dilema: los plazos de entrega promedio en el sector de defensa europeo superan actualmente los cinco años. Cinco años, en un momento en que el campo de batalla en Ucrania se transforma mensualmente, los enjambres de drones obligan a tomar decisiones en minutos y la situación táctica exige una velocidad de adaptación que los ciclos de adquisición tradicionales simplemente no pueden proporcionar.

Estos retrasos en las entregas no son accidentales, sino consecuencia de un sistema. La contratación pública en Europa está fragmentada, y los países suelen favorecer a los proveedores nacionales y desarrollar sistemas según sus especificaciones. Esto genera una proliferación de variantes de diseño —cada una ligeramente adaptada a diferentes metodologías operativas—, lo que incrementa los costes y los plazos de entrega. Los largos procesos de certificación, las complejas normas de contratación y la falta de claridad en las perspectivas de planificación para el sector impiden que las empresas realicen inversiones tempranas para aumentar su capacidad.

El informe de GLOBSEC y el análisis sectorial que lo acompaña recomiendan una serie de medidas coordinadas: firma de contratos más rápida, pagos anticipados a lo largo de la cadena de suministro, certificaciones aceleradas y una estrategia de recursos humanos que refleje la gravedad de la situación. El Parlamento Europeo y la Comisión han establecido enfoques institucionales con el Programa Europeo de la Industria de Defensa (EDIP) y el Fondo Europeo de Defensa 2026, pero la implementación operativa aún está muy por detrás de las ambiciones políticas.

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El concepto de centros de doble uso: la logística como infraestructura de seguridad

Una de las contribuciones conceptualmente más innovadoras del evento GLOBSEC fue la de Markus Becker, con su concepto de Centros de Despliegue Rápido de Doble Uso. Esta idea trasciende la clásica separación entre infraestructura civil y militar, transformándola en un recurso estratégico: una red de centros logísticos modulares que abastecen las cadenas de suministro civiles en tiempos de paz y brindan apoyo integral a las operaciones militares en tiempos de crisis, mediante el almacenamiento, el mantenimiento, la gestión de repuestos y la distribución de municiones.

El concepto no es abstracto. La experiencia de Ucrania demuestra la importancia crucial de la logística para el sostenimiento de una operación militar. En un conflicto prolongado de alta intensidad, el suministro, el mantenimiento y la rápida distribución de municiones y repuestos determinan el ritmo operativo al menos tanto como la tecnología armamentística. El informe de GLOBSEC subraya que la resiliencia, la movilidad, la logística y la escalabilidad industrial se han convertido en componentes esenciales de la preparación para la defensa, no en elementos complementarios, sino en elementos fundamentales.

La lógica económica de los centros de doble uso es convincente: la infraestructura que de todos modos debe construirse se planifica desde el principio teniendo en cuenta los requisitos relacionados con la defensa. Cuando se moderniza una línea ferroviaria para el transporte militar pesado, el transporte civil de mercancías también se beneficia. Cuando las plataformas digitales ofrecen un seguimiento con precisión militar, la cadena de suministro civil gana transparencia. El retorno de la inversión se distribuye entre usuarios civiles y militares, lo que aumenta la viabilidad política y reduce los costes por sector. Dado que McKinsey constató que cada euro de las adquisiciones europeas de la OTAN que se quedan en Europa genera entre 1,5 y 1,9 euros en ingresos en todo el ecosistema de defensa de la UE —incluso sin considerar los efectos multiplicadores en el empleo, la investigación y la experiencia industrial—, la importancia de una cadena de suministro de defensa intraeuropea competitiva resulta evidente.

Drones, IA y el factor Ucrania: Aprendiendo bajo presión

Ningún aspecto de la defensa moderna se ha visto tan acelerado por la guerra de Ucrania como la integración de drones e inteligencia artificial en las operaciones militares. Lo que inicialmente parecía experimental —el despliegue masivo de drones FPV comerciales civiles como armas de corto alcance de gran precisión, el uso de reconocimiento asistido por IA para la identificación de objetivos y la corrección de artillería— ha transformado radicalmente los supuestos básicos sobre la guerra terrestre.

El eurodiputado Zdechovský destacó las lecciones aprendidas en Ucrania como cruciales para la planificación de la defensa futura y subrayó la creciente importancia de los drones y la inteligencia artificial para el desarrollo de sistemas de armamento. Esta lección tiene implicaciones operativas concretas: los sistemas de radar actuales no solo deben detectar amenazas de largo alcance, sino también distinguir aves de drones comerciales de bajo coste. La movilidad y la capacidad de supervivencia ya no son opcionales, sino requisitos fundamentales. El desarrollo debe ir a la par del campo de batalla, lo que supone una contradicción fundamental con la lógica de adquisición tradicional de armamento.

La hoja de ruta de defensa de la UE ha identificado la defensa contra drones como una iniciativa clave: la Iniciativa Europea de Defensa contra Drones y el Sistema de Vigilancia del Flanco Oriental estarán plenamente operativos a finales de 2027. Sin embargo, esto también pone de manifiesto el desafío estructural: Europa aún importa alrededor del 40 % de su equipamiento de defensa de fuera de la UE, y estas dependencias se concentran precisamente en las áreas de capacidad más críticas: sistemas de ataque de largo alcance, defensa aérea de largo alcance, sistemas de alerta temprana y detección, capacidades de transporte táctico, cazas de quinta generación y drones de gran tamaño. Europa también depende de microchips importados y corre el riesgo de quedarse rezagada en inteligencia artificial en el campo de batalla.

Estandarización versus flexibilidad: La tensión en el armamento moderno

Horst Heitz, presidente del Comité Directivo de SME Connect, identificó un punto de tensión fundamental que define la planificación de la defensa en el siglo XXI: el equilibrio entre estandarización y flexibilidad en un entorno tecnológico en constante evolución. Esta tensión no tiene solución, pero sí puede gestionarse, siempre que se cuente con el marco institucional adecuado.

La estandarización permite economías de escala, interoperabilidad, un suministro de repuestos más rentable y una formación simplificada. La interoperabilidad de la OTAN se basa en interfaces estandarizadas. Al mismo tiempo, la guerra moderna, como demuestra claramente Ucrania, exige una velocidad de adaptación que supera con creces los procesos de estandarización tradicionales. Si los requisitos tácticos para una clase específica de dron cambian en cuestión de meses, un ciclo de adquisición de cinco años no puede ofrecer una respuesta adecuada.

La consecuencia es una reforma de la contratación pública que considera ambas dimensiones: los sistemas centrales con una perspectiva a largo plazo y altos requisitos de interoperabilidad necesitan estandarización y contratación pública europea conjunta. Las tecnologías en rápida evolución —drones, aplicaciones de IA, guerra electrónica— requieren procesos de contratación ágiles y simplificados que no frenen la innovación con burocracia. Zdechovský hizo hincapié en la necesidad de simplificar los procedimientos de contratación y fortalecer el mercado europeo de defensa para mejorar la eficiencia y la capacidad de respuesta.

El multiplicador económico: por qué la contratación pública europea es estratégica en Europa

Detrás del debate sobre política de defensa subyace una decisión de política industrial de extraordinaria importancia. El análisis de Oxford Economics, citado en el informe de Euronews de junio de 2026, estima que alrededor del 40 por ciento del equipamiento de defensa de la UE proviene de proveedores no europeos, lo que supone una fuga constante de poder adquisitivo que debilita la base de la industria de defensa europea y perpetúa las dependencias estratégicas.

El estudio de GLOBSEC-McKinsey, que revela que cada euro de armamento europeo destinado a la OTAN que permanece en Europa genera entre 1,5 y 1,9 euros en ingresos a través del ecosistema de defensa europeo, tiene implicaciones económicas inmediatas. La adquisición de armamento europeo no solo representa la autosuficiencia en materia de seguridad, sino también una política industrial. Crea empleo, preserva la experiencia tecnológica, fortalece los ingresos fiscales de los Estados miembros y reduce las dependencias geopolíticas que podrían convertirse en un arma de fuego contra los intereses europeos en tiempos de crisis.

El objetivo de La Haya de destinar el 5 % del PIB al gasto en defensa para 2035, del cual el 3,5 % se asignará al presupuesto básico, implica un nivel de gasto en toda la Unión Europea que transformará la economía del continente en un motor sin precedentes para la industria armamentística. Para 2026, Oxford Economics prevé un aumento de tan solo 0,1 puntos porcentuales, hasta el 2,6 % del PIB para la UE en su conjunto; tras el importante repunte del año anterior, esto supone un estancamiento virtual para los países que aún tienen que ponerse al día. La brecha estructural entre líderes y rezagados no se reducirá, sino que se ampliará.

El consenso público como recurso de defensa

Una de las ideas más importantes —y a menudo subestimadas— del marco GLOBSEC es la inclusión de la resiliencia social como variable de defensa. La seguridad no es solo una cuestión de equipamiento y decisiones presupuestarias: se construye o se pierde en la intersección del apoyo público, el consenso político y la confianza institucional.

Sklenár recalcó que la defensa colectiva sigue siendo indispensable y que el apoyo público y el consenso político son cruciales para mantener los compromisos de defensa y tomar decisiones difíciles en materia de seguridad. Esto no es un asunto trivial. En países donde las fuerzas populistas cuestionan activamente la pertenencia a la OTAN o la cláusula de defensa mutua, la polarización social se convierte en un riesgo inmediato para la seguridad, no por amenazas externas, sino por la erosión interna de la lógica de la disuasión.

La crisis de Ucrania ha dividido a Europa en este tema. Mientras que en los países bálticos y Polonia la población apoya mayoritariamente la necesidad de un gasto militar masivo —impulsada por la experiencia histórica y la proximidad geográfica a la amenaza—, los gobiernos occidentales luchan por legitimar aumentos presupuestarios significativos frente a las preferencias de gasto social centradas en servicios sociales, infraestructura y protección del clima. Es fundamental ganar en el debate público, en cada capital europea, la idea de que las inversiones en seguridad no son gastos opcionales, sino respuestas necesarias al actual entorno de amenazas.

Recomendaciones para la acción: ¿Qué se desprende del análisis?

La síntesis del informe de GLOBSEC, el análisis sectorial de McKinsey y el debate de los expertos de Bruselas sugiere una serie de conclusiones concretas que van más allá de las meras ilusiones políticas.

En primer lugar, la reforma de las adquisiciones debe ser estructural, no superficial. Los plazos de entrega de cinco años o más son estratégicamente inaceptables en el entorno de seguridad actual. Es necesario incorporar institucionalmente procedimientos de licitación acelerados, vías de certificación simplificadas y exenciones ampliadas para capacidades críticas.

En segundo lugar, los pagos anticipados deben distribuirse sistemáticamente a lo largo de toda la cadena de suministro. Si menos del 20 % de los proveedores de nivel 2 a 4 reciben financiación por adelantado, la base industrial sufre una falta de financiación estructural. El riesgo recae sobre el actor equivocado: las pequeñas empresas, que son las que menos capacidad tienen para asumirlo.

En tercer lugar, la contratación pública y la estandarización europeas conjuntas no son opciones, sino multiplicadores de eficiencia. Cada euro invertido en defensa dentro de Europa genera entre 1,5 y 1,9 euros de valor añadido. La contratación fuera de Europa no solo exporta poder adquisitivo, sino también conocimientos tecnológicos y capacidad industrial.

En cuarto lugar, los conceptos de infraestructura de doble uso —como los Centros de Despliegue Rápido de Doble Uso propuestos por Becker— deben integrarse en la planificación nacional de infraestructuras y en los programas de cohesión de la UE. Las infraestructuras que tienen en cuenta las necesidades civiles y militares desde el principio se amortizan gracias a ambos usos y refuerzan la resiliencia general.

En quinto lugar, la escasez de personal cualificado no es un problema sectorial, sino estratégico. La recomendación de reciclar a unos 200.000 empleados del sector de la defensa para finales de 2026, tal como se prevé en la hoja de ruta de defensa de la UE, evidencia la magnitud del problema; sin embargo, la simple formación no basta. Se necesitan trayectorias profesionales atractivas en el sector de la defensa que puedan competir con las del sector tecnológico.

Europa debe construir, no solo decidir

La presentación de GLOBSEC del 22 de junio de 2026 expuso sin piedad la paradoja central de la transformación de la seguridad europea. Tras décadas de abandono, Europa ha comenzado a modernizar seriamente sus capacidades militares. Los compromisos políticos son reales, los presupuestos aumentan y las estructuras institucionales se están configurando. Sin embargo, existe una peligrosa brecha entre lo prometido en teoría y lo que se asigna en los presupuestos, y lo que realmente existe en términos de capacidades operativas, logística funcional y producción escalable.

Esta brecha no es principalmente una cuestión de voluntad política —que existe en muchas capitales—, sino de capacidad institucional, infraestructura industrial y tiempo. La disuasión no se basa en promesas, sino en capacidades tangibles, visibles y sostenibles que un potencial agresor debe tener en cuenta. Zdechovský tenía razón: no se trata solo de gastar más, sino de gastar con prudencia. Sklenár también tenía razón: Europa debe actuar ahora y no esperar a la próxima crisis.

El mensaje subyacente a todo el debate es tan simple como urgente: las inversiones en seguridad ya no son gastos políticos opcionales. Son la condición fundamental para que Europa sobreviva como continente soberano en un mundo cada vez más peligroso. Toda capital que aún no lo haya comprendido lo hará a más tardar cuando lleguen las facturas de las decisiones postergadas, con tipos de interés significativamente más altos.

 

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