Publicado el: 23 de junio de 2025 / Actualizado el: 23 de junio de 2025 – Autor: Konrad Wolfenstein

Los países de la OTAN acuerdan un rearme histórico: el camino hacia el objetivo del cinco por ciento – Imagen: Xpert.Digital
Los costos de asesoramiento del gobierno explotan: los nuevos números muestran un desarrollo impactante
Acuerdo histórico alcanzado antes de la cumbre de La Haya
La Alianza del Atlántico Norte se enfrenta a uno de los cambios más significativos desde su fundación en 1949. Poco antes de la cumbre de la OTAN en La Haya, los 32 Estados miembros acordaron un aumento sin precedentes de su gasto en defensa. Esta decisión marca un cambio fundamental en la arquitectura de seguridad europea y representa la mayor iniciativa de aumento de armamentos desde el fin de la Guerra Fría.
El nuevo objetivo estipula que cada miembro de la OTAN debe gastar al menos el cinco por ciento de su producto interno bruto en gastos relacionados con la defensa para 2035. Esta duplicación del objetivo anterior del dos por ciento es una respuesta directa al cambiante panorama de amenazas en Europa y a las constantes demandas de los Estados Unidos de una distribución más equitativa de la carga dentro de la alianza.
Los estados miembros de la OTAN acordaron un nuevo objetivo para el gasto de defensa pocos días antes de la cumbre oficial de la OTAN en La Haya, que tendrá lugar el 24 y 25 de junio de 2025. El acuerdo se alcanzó mediante un proceso de toma de decisiones por escrito que concluyó el domingo 22 de junio de 2025.
Por lo tanto, la decisión no se tomó durante una gran conferencia, sino con antelación mediante un proceso de votación multilateral en el que estuvieron de acuerdo los 32 Estados miembros. La adopción formal del nuevo objetivo de gasto está prevista para la conclusión de la cumbre de la OTAN en La Haya, donde los jefes de Estado y de Gobierno confirmarán oficialmente las decisiones.
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La estructura del nuevo objetivo de defensa
El ambicioso objetivo del 5% se divide estratégicamente en dos componentes para tener en cuenta las diferentes circunstancias y prioridades nacionales. Al menos el 3,5% del PIB se asignará al gasto militar tradicional, como armamento, salarios de soldados y equipo militar. El 1,5% restante se puede utilizar para infraestructura de defensa y medidas de seguridad reforzadas.
Esta estructura flexible permite a los Estados miembros contabilizar las inversiones en puentes resistentes a los tanques, líneas ferroviarias de uso militar, puertos ampliados, sistemas de ciberdefensa y medidas antiterroristas. Esta ampliación de la definición del gasto en defensa refleja la realidad actual, en la que la seguridad se extiende mucho más allá de las amenazas militares tradicionales e incluye la guerra híbrida, los ciberataques y las amenazas asimétricas.
Contexto histórico: De la regla del dos por ciento al objetivo del cinco por ciento
La evolución del gasto de defensa de la OTAN refleja las cambiantes realidades geopolíticas. El objetivo original del 2% se estableció inicialmente como directriz para los nuevos Estados miembros en la cumbre de la OTAN de 2002 en Praga. En aquel momento, el objetivo principal era que los países candidatos a la adhesión de Europa del Este reforzaran sus capacidades de defensa para cumplir con los estándares de la alianza.
La consagración formal del objetivo del 2% tuvo lugar en la Cumbre de Gales de 2014, inmediatamente después de la anexión de Crimea por parte de Rusia y el estallido del conflicto en el este de Ucrania. Estos acontecimientos ya pusieron de manifiesto en aquel momento que el orden de seguridad europeo se encontraba bajo presión y que era necesario intensificar los esfuerzos de defensa.
Curiosamente, el objetivo del 2% nunca se formuló como una obligación jurídicamente vinculante, sino como una guía hacia la que los Estados miembros debían avanzar. Esta formulación deliberadamente vaga pretendía tener en cuenta las diferentes circunstancias nacionales y realidades políticas, pero también implicó que muchos países no alcanzaran el objetivo durante años.
El cambio radical de la defensa alemana
Para Alemania, el nuevo objetivo del 5% representa un cambio particularmente drástico. El país solo alcanzó el objetivo del 2% por primera vez en 2024, con un gasto de defensa estimado en 90.600 millones de euros, equivalente al 2,12% del PIB. Este aumento solo fue posible gracias al fondo especial de 100.000 millones de euros establecido tras el ataque ruso a Ucrania.
El canciller Friedrich Merz ha dejado clara la magnitud del nuevo desafío: cada punto porcentual del PIB alemán equivale actualmente a aproximadamente 45 000 millones de euros en gasto adicional en defensa. Con un objetivo del 5 %, Alemania tendría que gastar unos 225 000 millones de euros anuales en defensa, casi la mitad del presupuesto federal total de 466 000 millones de euros.
Estas enormes sumas ilustran el alcance de la militarización planificada. Alemania tendría que duplicar con creces su gasto en defensa, lo que requeriría cambios fundamentales en la estructura presupuestaria y posiblemente también en la política fiscal.
Líderes y rezagados europeos
La distribución actual del gasto en defensa dentro de la OTAN ya revela diferencias significativas entre los Estados miembros. Polonia encabeza la lista con el 4,12 % de su PIB, acercándose al nuevo objetivo del 5 %. El país ha elegido conscientemente convertirse en la mayor potencia terrestre de Europa y planea ampliar sus fuerzas armadas de los 150 000 actuales a 300 000 soldados para 2035.
Le sigue Estonia con el 3,43 % del PIB, superando incluso a Estados Unidos, que se sitúa en el 3,38 %. Este elevado gasto de los miembros orientales de la OTAN refleja su proximidad geográfica a Rusia y la consiguiente percepción de amenaza.
En el otro extremo se encuentran países como España, que ocupa el último lugar con menos del 2% de su PIB. El gobierno español de Pedro Sánchez calificó el objetivo del 5% de "inapropiado" y "contraproducente" y exigió una exención. Esta postura retrasó un acuerdo y exigió intensas negociaciones antes de que finalmente se encontrara una solución semántica que debilitara ligeramente el objetivo.
El papel de Trump y los intereses estadounidenses
La exigencia de Donald Trump de un mayor gasto europeo en defensa no es nueva, pero ha cobrado renovada urgencia con su regreso a la Casa Blanca. Durante su primer mandato, criticó repetidamente lo que consideraba contribuciones insuficientes de los aliados europeos e incluso amenazó con la retirada de Estados Unidos de la OTAN.
El argumento de Trump sigue una lógica simple: Estados Unidos protege a Europa, pero Europa no protege a Estados Unidos. Esta perspectiva refleja un cambio fundamental en la política exterior estadounidense, que busca una distribución más equitativa de la carga dentro de la alianza transatlántica.
La exigencia de un 5% del PIB para gasto en defensa es notable, ya que ni siquiera Estados Unidos alcanza esta cifra. Sin embargo, Trump desestimó esta objeción, enfatizando que Estados Unidos tiene una mayor responsabilidad en la seguridad global que sus aliados.
Hub para seguridad y defensa: asesoramiento e información
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Rusia como fuerza impulsora del rearme
La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania desde febrero de 2022 ha alterado radicalmente el panorama de seguridad europeo. La OTAN se enfrenta a su mayor amenaza militar desde el fin de la Guerra Fría y ha respondido en consecuencia. Las evaluaciones de inteligencia sugieren que, a pesar de la guerra en curso, Rusia podría estar preparada para un conflicto con un estado miembro de la OTAN en tan solo unos años.
Este análisis de amenazas ha dado lugar al mayor programa de modernización de la OTAN en décadas. La alianza ha adoptado nuevos objetivos para las capacidades militares, especificando con precisión la contribución de cada Estado miembro a la disuasión y la defensa colectivas.
Para Alemania, esto significa específicamente que la Bundeswehr (Fuerzas Armadas Alemanas) debe aumentar su dotación de personal entre 50.000 y 60.000 soldados adicionales. Este aumento masivo de personal es solo un ejemplo de las profundas consecuencias de los nuevos planes de defensa.
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Nuevas formas de amenaza y guerra híbrida
El panorama de seguridad moderno se caracteriza por nuevas formas de amenaza que van más allá de los ataques militares tradicionales. La guerra híbrida combina medios militares, económicos, políticos y tecnológicos para socavar la estabilidad de las sociedades democráticas.
Los ciberataques a infraestructuras críticas, las campañas de desinformación para influir en los procesos políticos y la presión económica se han convertido en elementos centrales de los conflictos modernos. Estos avances exigen una ampliación de la comprensión tradicional de la defensa y justifican la inclusión de la ciberseguridad y la defensa de la información en el gasto de defensa.
La OTAN ha ajustado su estrategia en consecuencia y ha aclarado que los ataques híbridos que superen un umbral crítico también pueden activar el Artículo 5 de la cláusula de defensa colectiva. Esta ampliación del concepto de defensa también se refleja en la nueva estructura del gasto de defensa, que incluye explícitamente inversiones en ciberdefensa y áreas afines.
La integración europea de la defensa como un desarrollo paralelo
Paralelamente a los esfuerzos de modernización de la OTAN, la integración europea de la defensa también se está desarrollando. La Cooperación Estructurada Permanente (CEP) se estableció en 2017 como un hito en el camino hacia una Unión Europea de Defensa y actualmente comprende más de 60 proyectos conjuntos.
La PESCO permite a los Estados miembros de la UE asumir compromisos vinculantes en materia de gasto, planificación y armonización de defensa. Esta dimensión europea de la cooperación en defensa complementa las estructuras de la OTAN y podría, a largo plazo, dar lugar a un «Ejército Europeo», conocido como un «Schengen militar».
El desarrollo de las capacidades de defensa europeas también responde a las demandas estadounidenses de una mayor autosuficiencia europea. Mientras la OTAN fortalece la relación transatlántica, la PESCO busca que Europa siga siendo capaz de actuar con independencia del apoyo estadounidense.
Ucrania y los límites de la solidaridad
A pesar del masivo refuerzo militar, el apoyo a Ucrania sigue siendo un tema controvertido en la OTAN. Si bien la alianza ha ofrecido a Ucrania la posibilidad de unirse, ha impuesto condiciones estrictas. Se requieren reformas concretas en materia de democracia y seguridad antes de poder cursar una invitación formal.
Esta postura cautelosa refleja la preocupación por una reacción rusa impredecible. La adhesión de Ucrania a la OTAN extendería automáticamente la cláusula de defensa colectiva al país beligerante y podría conducir a una confrontación directa entre la OTAN y Rusia.
El tibio apoyo a Ucrania en la declaración final de la cumbre pone de relieve los límites de la solidaridad de la OTAN y la complejidad de la situación geopolítica. Si bien la alianza está dispuesta a gastar miles de millones en su propia defensa, la asistencia concreta a su vecino atacado sigue siendo limitada.
Desafíos económicos y sociales
Implementar el objetivo del cinco por ciento implicará cambios económicos y sociales masivos. Alemania tendría que aumentar su gasto en defensa de los aproximadamente 90 000 millones de euros actuales a 225 000 millones, lo que supone un incremento de 135 000 millones de euros anuales.
Estas enormes sumas plantean dudas sobre la asequibilidad y las prioridades sociales. Los críticos advierten de una militarización de la sociedad y temen que sea necesario recortar el gasto social para financiar los gastos de defensa. El gobierno español argumentó que el elevado gasto militar es «incompatible con nuestro estado de bienestar y nuestra visión del mundo».
Por otro lado, quienes defienden este tipo de defensa argumentan que es necesaria para proteger los cimientos de una sociedad democrática. Los costos de la defensa son, en última instancia, menores que los de la guerra o la sumisión a un poder autoritario.
Una nueva era en la política de seguridad
El acuerdo sobre el objetivo del 5% marca el inicio de una nueva era en la política de seguridad europea. La OTAN se está transformando, pasando de ser una alianza de defensa de la Guerra Fría a una organización de seguridad integral orientada a los desafíos del siglo XXI.
La acumulación masiva de armas alterará el equilibrio de poder geopolítico y podría desatar una nueva carrera armamentística. Se espera que Rusia responda al rearme occidental, lo que podría agravar aún más las tensiones.
Al mismo tiempo, una mayor preparación para la defensa también ofrece oportunidades para una mayor autonomía europea y un reparto transatlántico de cargas más equitativo. Europa podría emanciparse de la garantía de seguridad estadounidense y convertirse en un socio igualitario en la arquitectura de seguridad global.
Alcanzar el objetivo del 5 % para 2035 será uno de los mayores retos políticos y económicos de los próximos años. El éxito o el fracaso de esta iniciativa será crucial para el futuro de la seguridad europea y la estabilidad de las relaciones transatlánticas.
La histórica decisión de los países de la OTAN de aumentar drásticamente su gasto militar demuestra que la era del "dividendo de la paz" tras el fin de la Guerra Fría ha terminado definitivamente. Europa está retomando una política de seguridad caracterizada por la fortaleza militar y la disposición a defenderse. Este desarrollo moldeará fundamentalmente el panorama político y social del continente en los próximos años.
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