
Milei de Argentina contra Merz: Cómo el "economista loco" pone en aprietos a la canciller alemana – Imagen: Xpert.Digital
Cura radical versus montaña de deudas: por qué Javier Milei cumple su palabra y Friedrich Merz no
A pesar de las duras críticas: el experimento económico de Argentina arroja cifras sorprendentes
Desmantelamiento del Estado o crisis perpetua: qué puede aprender Alemania del milagro económico argentino
Cuando Friedrich Merz lanzó un ataque mordaz contra el presidente argentino Javier Milei en la televisión alemana a finales de 2024, los papeles parecían claramente definidos: por un lado, el respetable político alemán que defendía el freno de la deuda; por otro, el "economista loco" que supuestamente llevaba a su país a la ruina. Hoy, un año y medio después, un análisis objetivo de los hechos revela una realidad completamente distinta. Mientras Argentina, tras una reforma fiscal radical sin precedentes, registra un superávit presupuestario por primera vez en más de una década, superando la hiperinflación y volviendo a experimentar crecimiento económico, Alemania sigue sumida en el estancamiento.
Bajo el mandato del canciller Friedrich Merz, el gasto público se disparó, el sector público siguió creciendo sin control y el freno a la deuda, antes defendido con vehemencia, fue efectivamente eludido mediante un fondo especial de 500.000 millones de euros. Esta exhaustiva comparación sistémica revela sin concesiones lo que sucede cuando un político cumple sus promesas radicales y lo que sucede cuando no lo hace. Ofrece una visión profunda de un laboratorio económico real y plantea la incómoda pregunta: ¿Qué riesgo económico es realmente mayor a largo plazo?
El punto de partida: Un político pierde los estribos
En diciembre de 2024, el programa de entrevistas de la cadena ARD, "Maischberger", ofreció una reveladora instantánea de la época. Friedrich Merz, entonces candidato principal de la CDU/CSU, ante la pregunta de si Alemania debía adoptar una economía más orientada al mercado, inspirada en la del presidente argentino Javier Milei, reaccionó con una vehemencia inusual. Merz declaró que Milei estaba "arruinando el país" y "pisoteando al pueblo". En la misma emisión, defendió el freno de la deuda y prometió la abolición de la renta básica como elemento central de su programa de reformas.
Hoy, un año y medio después, se puede hacer una evaluación objetiva. Argentina, prácticamente descartada por economistas internacionales y medios de comunicación occidentales, experimenta crecimiento económico, una inflación decreciente y una reducción significativa de la pobreza. Alemania, en cambio, se enfrenta a una economía estancada, una deuda pública creciente y un sector público que continúa expandiéndose a pesar de todas las promesas de reforma. El freno a la deuda no se mantuvo, sino que se debilitó mediante una enmienda a la Ley Fundamental y, en la práctica, se eludió con un fondo especial de 500.000 millones de euros. La renta básica universal no se abolió.
El punto de partida de Argentina: Un país al borde del abismo
Para comprender las políticas de Milei, es fundamental conocer el contexto histórico. Cuando Milei asumió el cargo en diciembre de 2023, la economía argentina se encontraba en profunda crisis. La tasa de inflación anual superaba el 276%, una de las más altas del mundo. Casi el 53% de la población vivía por debajo del umbral de pobreza. Durante años, el Estado había acumulado un déficit presupuestario crónico, utilizado el banco central para financiar el gasto público, creado una burocracia sobredimensionada y establecido un extenso sistema de subsidios y controles de capital que sofocaba sistemáticamente el crecimiento económico del país. Argentina era el ejemplo económico mundial por excelencia de cómo una nación rica en recursos podía ser llevada a la ruina por décadas de políticas intervencionistas.
Milei nunca fue un político convencional. Como economista libertario que citaba abiertamente a Friedrich von Hayek y Milton Friedman, asumió la presidencia con un programa decididamente ideológico: reducción radical del gobierno, disciplina fiscal casi obsesiva y un rechazo fundamental al financiamiento del déficit público. Su credo, conocido como "No hay plata", no era retórica populista, sino un principio rector.
El desmantelamiento del aparato estatal
Inmediatamente después de asumir el cargo, Milei comenzó a reducir el tamaño del Estado. El número de ministerios se redujo a la mitad, de 18 a 8 inicialmente; los ministerios independientes de trabajo, salud, educación, cultura y medio ambiente fueron abolidos o integrados en otros departamentos. Los subsidios para electricidad, agua, gas y transporte público se recortaron drásticamente. Se paralizaron los proyectos de construcción estatales, no se renovaron los contratos temporales y se eliminaron los puestos permanentes.
Los recortes de empleo en el sector público son quizás la medida más tangible implementada por el gobierno de Milei. Ya en abril de 2024, el gobierno había despedido a aproximadamente 15.000 funcionarios. Para abril de 2025, según el Ministerio de Reducción Regulatoria y Transformación del Sector Público, se habían eliminado un total de 47.925 puestos del presupuesto estatal. Solo en 2025, casi 22.000 empleados más del sector público perdieron sus empleos. Según cálculos oficiales, estas medidas han generado ahorros acumulados de alrededor de 2.440 millones de euros, calculados a través de reducciones salariales y costos indirectos. El propio Milei enfatizó que los recortes de empleo eran una "medida necesaria" para fortalecer la economía, ya que el sector público, medido en función de su potencial de creación de valor, representa empleo improductivo.
Estos recortes provocaron importantes tensiones sociales. Los sindicatos convocaron protestas, que derivaron en manifestaciones y huelgas a nivel nacional, con la CGT argentina movilizando repetidamente a sus miembros. Las universidades públicas, en particular, fueron el epicentro del conflicto. Según cifras sindicales, los profesores sufrieron una pérdida salarial real promedio del 34% durante la gestión de Milei, varias facultades se declararon en huelga y se reportó un éxodo de docentes hacia instituciones privadas. El daño social colateral de las reformas fue real e inmediatamente perceptible; de eso no cabe duda.
Por primera vez en una generación: superávit presupuestario
El resultado fiscal fundamental de las políticas de Milei es históricamente notable. Argentina logró su primer superávit presupuestario en más de una década en 2024; según otros cálculos, el primero en más de 123 años. El propio Milei comentó sobre el primer superávit primario trimestral: «Hemos hecho posible lo imposible. Este superávit presupuestario es la garantía de que dejaremos atrás el infierno inflacionario en Argentina»
El objetivo estructural de no gastar más de lo que se ingresa se volvió así políticamente tangible por primera vez. En diciembre de 2025, el Parlamento argentino aprobó un presupuesto propuesto por Milei por primera vez con una clara mayoría parlamentaria: 132 votos a favor y 97 en contra en la Cámara de Diputados. El nuevo presupuesto contempla gastos por aproximadamente US$102 mil millones; para 2026, el gobierno sigue proyectando un presupuesto equilibrado, un crecimiento del PIB de alrededor del cinco por ciento y una tasa de inflación del 10,1 por ciento.
Inflación: De país hiperinflacionario a relativa estabilización
La evolución de la tasa de inflación es el logro estadístico más impresionante del gobierno de Milei. Cuando asumió el cargo, la tasa de inflación mensual rondaba el 25,5 %, una cifra apocalíptica en términos anuales. A finales de 2025, la tasa de inflación anual había caído al 31,5 %, la cifra más baja en ocho años. En abril de 2024, apenas unos meses después de que Milei asumiera el cargo, la tasa de inflación anual aún se situaba cerca del 300 %.
Los mecanismos que explican este descenso se comprenden bien desde el punto de vista analítico. Milei ordenó al banco central que dejara de imprimir nuevos pesos, interrumpiendo así el financiamiento monetario del gobierno y privando a la inflación de su principal motor. Simultáneamente, la consolidación fiscal impidió que el gobierno continuara financiándose mediante el crecimiento de la oferta monetaria. El gobierno atribuyó el descenso a una combinación de consolidación fiscal, política monetaria restrictiva y la recapitalización del banco central. No obstante, con un 31,5%, la inflación sigue estando lejos de los niveles normales. Los críticos señalan que la tasa de inflación mensual volvió a subir ligeramente hasta el 2,8% en diciembre de 2025, y la curva anual no ha mostrado un descenso significativo desde la primavera de 2025.
Tasa de pobreza: Disminución con limitaciones
La disminución de la tasa de pobreza es el aspecto más controvertido políticamente del mandato de Milei. Según el INDEC, la cifra oficial de pobreza descendió del 53 % cuando Milei asumió el cargo al 31,6 % a mediados de 2025. Esto representa una reducción de aproximadamente 15 puntos porcentuales en doce meses. Sin embargo, según la Universidad Católica Argentina, la tasa de pobreza, del 36 %, fue la más baja desde 2018. Se estima que esto sacó de la pobreza a aproximadamente diez millones de argentinos.
Estas cifras, sin embargo, deben interpretarse con ciertas reservas. El propio personal del INDEC ha criticado públicamente la metodología de medición y ha rechazado las últimas mediciones de pobreza. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) confirmó que la disminución de la pobreza medida podría estar sobreestimada e ser inexacta. Un problema estructural clave es el sector informal, que comprende casi la mitad de la población activa argentina. Este sector no se refleja completamente en las mediciones estándar. Además, el número de personas sin hogar solo en Buenos Aires ha aumentado desde 2024, y los programas sociales, los comedores comunitarios y la atención médica se han recortado en una medida que no se refleja de inmediato en las estadísticas tradicionales de pobreza. La disminución de la pobreza medida es real, pero su magnitud y sostenibilidad son objeto de debate.
Sin embargo, es indiscutible que el mecanismo fundamental detrás de la disminución de la pobreza es la propia disminución de la inflación. Cuando los salarios se pagan en una moneda más estable y la inflación mensual baja, el poder adquisitivo aumenta automáticamente, incluso sin aumentos salariales. De hecho, los salarios reales en Argentina aumentaron durante el gobierno de Milei porque la inflación disminuyó más rápidamente que los salarios nominales.
Crecimiento económico: Recuperación tras una profunda contracción
El panorama del crecimiento económico argentino es complejo y no puede interpretarse sin considerar el efecto base. En 2024, la economía argentina se contrajo inicialmente alrededor del 1,3 por ciento. Los recortes afectaron particularmente la demanda interna: la reducción de subsidios, los despidos y la pérdida de poder adquisitivo provocaron inicialmente una caída de la demanda. La formación bruta de capital fijo se desplomó un 17,2 por ciento en 2024, un revés drástico.
La recuperación se produjo en 2025. Según el INDEC, la economía argentina creció un 4,4%. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica un crecimiento de alrededor del 4% tanto para 2026 como para 2027. Los principales motores de este crecimiento fueron la agricultura y la silvicultura, la minería y los servicios financieros. El sector de las materias primas está experimentando un auge, especialmente en la minería del cobre, y las exportaciones de energía aumentaron un 13% en los primeros diez meses de 2025. Sin embargo, los críticos que enfatizan las debilidades estructurales señalan que la utilización de la capacidad productiva en la industria argentina fue de tan solo el 53,8% en diciembre de 2025, significativamente inferior al nivel de 65,6% de 2023. Esto sugiere que el crecimiento del PIB no se debe completamente al auge industrial, sino más bien, en gran medida, al efecto de base estadística de la fuerte recesión de 2024.
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Alemania ante un dilema reformista: qué podemos aprender del experimento argentino
Alemania: Un índice de gasto público superior al 50 por ciento
La situación en Alemania es sumamente contrastante. El índice de gasto público —es decir, la relación entre el gasto público total y el producto interno bruto— se situó en el 50,3 % en 2025, superando por primera vez el simbólico umbral del 50 % desde los años de la COVID-19 (2020 y 2021). Esto significa que más de la mitad de cada euro ganado en Alemania va a parar a manos del Estado. En comparación, este índice es del 46,9 % en el Reino Unido, del 41,3 % en Japón y del 39,6 % en Estados Unidos.
El sector público continuó su crecimiento sostenido. A mediados de 2024, alrededor de 5,4 millones de personas trabajaban en el sector público, 95.900 más que el año anterior, lo que supone un aumento del 1,8 %. Esto significa que el doce por ciento de todas las personas empleadas en Alemania trabajaban en el sector público. Las cifras aumentaron especialmente en escuelas, universidades y guarderías, lo cual es parcialmente justificable, pero no altera el panorama estructural: Alemania está expandiendo su sector público, no reduciéndolo.
Deuda: Nuevos récords con una regularidad satisfactoria
La deuda pública alemana es un dato que habla por sí solo. En el cuarto trimestre de 2025, la deuda pública ascendió a 2.661.500 millones de euros, un incremento de 151.000 millones de euros con respecto al inicio de ese año. El Bundesbank estima que el aumento de la deuda pública alemana para todo el año 2025 fue de 144.000 millones de euros, alcanzando un total de 2,84 billones de euros. El gobierno federal, incluyendo sus fondos extrapresupuestarios, fue el principal responsable, con un aumento de la deuda de 107.000 millones de euros.
Según la Oficina Federal de Estadística, el déficit presupuestario total del gobierno para 2025 se proyecta en 107.000 millones de euros, lo que corresponde a un ratio de déficit del 2,4 % del PIB. El endeudamiento neto del presupuesto federal ascendió a 66.900 millones de euros en cifras preliminares, un resultado considerado un éxito, ya que se situó 14.900 millones de euros por debajo de las expectativas iniciales. No obstante, el ministro de Finanzas, Klingbeil, instó a acelerar la inversión y reconoció que el bajo nivel de gasto también se debía a la lenta ejecución de los proyectos gubernamentales.
A esto se suma la peculiaridad estructural de la situación de la deuda alemana: en marzo de 2025, el 20.º Bundestag, aún en funciones, en una controvertida sesión extraordinaria poco antes de la inauguración del nuevo parlamento, aprobó una enmienda a la Ley Fundamental que consagraba un fondo especial de 500.000 millones de euros para infraestructuras y protección climática, al margen del freno de la deuda. De este modo, el freno de la deuda, que Merz había defendido públicamente hasta diciembre de 2024, no fue abolido, sino eludido mediante un instrumento con un efecto comparable. Tan solo en 2025, 500.000 millones de euros de este nuevo fondo especial se incorporaron al presupuesto sin tener en cuenta las normas de deuda vigentes.
Crecimiento económico: una comparación sistemática de las cifras
| indicador | Argentina 2025 | Alemania 2025 |
|---|---|---|
| crecimiento del PIB real | 4,4% | 0,2% |
| tasa de inflación anual | 31,5% | ~2,0% |
| tasa de pobreza | ~31–36% | ~14% (Eurostat) |
| cuota de gasto del gobierno | en declive (objetivo: déficit cero) | 50,3% |
| Servicio público | Recortes drásticos de empleo | 95.900 empleos |
| Deuda nacional | Superávit presupuestario alcanzado | 144 mil millones de euros |
En 2025, Argentina experimentará un crecimiento del PIB real del 4,4%, mientras que Alemania crecerá solo un 0,2%. La tasa de inflación anual en Argentina será del 31,5%, en comparación con aproximadamente el 2,0% en Alemania. La tasa de pobreza en Argentina se estima entre el 31% y el 36%, mientras que en Alemania es de aproximadamente el 14% (Eurostat). El gasto público de Argentina como porcentaje del PIB está disminuyendo con el objetivo de lograr un presupuesto equilibrado; en Alemania, es del 50,3%. Argentina está implementando drásticos recortes de empleo en el sector público, mientras que Alemania está creando 95.900 puestos de trabajo. Argentina logrará un superávit presupuestario, mientras que la deuda pública de Alemania aumentará en 144.000 millones de euros. Esta comparación no es una comparación directa entre países, ya que ambos tienen estructuras económicas, instituciones y redes de protección social diferentes; sin embargo, ilustra las distintas opciones de política económica y sus efectos a corto plazo.
El balance de Merz: Promesas versus realidad
Friedrich Merz asumió el cargo de Canciller en febrero de 2025 tras la victoria electoral de la CDU/CSU. En diciembre de 2024, cuando aún era líder de la oposición, había criticado duramente a Milei, defendido el freno de la deuda y prometido poner fin a la renta básica garantizada. La realidad de su gestión dista mucho de estas promesas.
El freno de la deuda, eje central de su retórica reformista en aquel momento, se vio efectivamente complementado por el fondo especial de 500.000 millones de euros, que operaba al margen de la normativa habitual sobre la deuda, en el marco de la reforma constitucional de marzo de 2025. La renta básica, cuya abolición la CDU había defendido como una de sus principales demandas, fue bloqueada por su socio de coalición, el SPD, y la ministra de Asuntos Sociales, Bärbel Bas. El gobierno federal redujo gradualmente su previsión de crecimiento para 2025, pasando del 1,1 % inicialmente previsto a un 0,0 %, lo que indicaba un estancamiento. Para 2026, el gobierno federal prevé un crecimiento de tan solo el uno por ciento.
El Instituto ZEW predijo un crecimiento económico promedio de tan solo el 0,1 % para Alemania en 2025; alrededor del 30 % de los expertos en mercados financieros encuestados esperaban un tercer año consecutivo de recesión. La Oficina Federal de Estadística finalmente informó un aumento del PIB del 0,2 % para 2025, después de dos años consecutivos de recesión. El sector manufacturero registró su tercer descenso consecutivo, y la industria de la construcción se contrajo un 3,6 %. El crecimiento económico fue impulsado principalmente por el consumo privado y público, ninguno de los cuales proporciona una base sólida para una recuperación sostenible.
Evaluación crítica: qué puede y qué no puede lograr la comparación
Un análisis económico serio no puede presentar la comparación entre Milei y Merz como una prueba clara de la superioridad del modelo libertario; eso sería metodológicamente deshonesto.
Argentina y Alemania se encuentran en contextos económicos fundamentalmente diferentes. Argentina surgió de una hiperinflación, un colapso de las finanzas públicas y un sistema de subsidios disfuncional. Ante esta situación, un drástico ajuste fiscal es un enfoque económicamente coherente, aunque socialmente doloroso, ya que aborda la causa inmediata de la crisis. Alemania no se enfrenta a la hiperinflación, sino a una pérdida de competitividad, escasa inversión, altos costos energéticos y desafíos demográficos. Copiar ciegamente el enfoque de Milei no solo sería políticamente irrealista, sino también económicamente cuestionable.
Además, existen importantes interrogantes en torno a los datos de desempeño de Argentina. Las estadísticas de pobreza presentan fallas metodológicas. El sector informal, que comprende casi la mitad de la población activa argentina, no se refleja adecuadamente en las mediciones oficiales. El crecimiento del PIB en 2025 se beneficia considerablemente del efecto base estadístico de la recesión de 2024. Una tasa de utilización de la capacidad productiva del 53,8 por ciento indica debilidad estructural, no una recuperación industrial. Y la inflación, del 31,5 por ciento, sigue estando muy por encima de lo que se consideraría estable.
Al mismo tiempo, sería intelectualmente deshonesto ignorar categóricamente la consolidación fiscal de Milei. Argentina ha logrado, en efecto, un superávit presupuestario, ha frenado la inflación monetaria y ha reducido un Estado que había crecido durante décadas sin ser económicamente productivo. Estos son logros empíricamente comprobados, aunque los costos sociales fueron sustanciales y la sostenibilidad aún no está garantizada.
Lo que Alemania puede aprender del laboratorio argentino
Más allá de la comparación directa, el caso argentino ofrece algunas lecciones estructurales que son relevantes para el debate sobre la política económica alemana, aunque los contextos sean diferentes.
Primero: la consolidación fiscal es posible, incluso políticamente. Un país que antes se consideraba económicamente irreformable logró un superávit presupuestario en tan solo dos años. Esto refuta el argumento de que los recortes estructurales son políticamente imposibles. Las reformas pueden ser aceptadas cuando la población reconoce claramente el vínculo entre el fracaso del gobierno y las dificultades económicas, y percibe como aún mayor el sufrimiento de no tener más alternativa que permanecer sin reformas.
En segundo lugar, el sector público no es un motor de crecimiento. El hecho de que Alemania ampliara su sector público a 5,4 millones de empleados mientras la economía se estancaba evidencia un desequilibrio estructural. Esto no significa que el empleo público carezca de valor intrínseco; en educación, por ejemplo, Alemania tiene una necesidad real de ponerse al día. Sin embargo, sí significa que el crecimiento del empleo en el sector público sin una producción productiva correspondiente no crea una base económica sostenible.
En tercer lugar: Un índice de gasto público superior al 50 % no es un objetivo, sino una señal de alerta. En 2025, por primera vez desde la pandemia de COVID-19, Alemania volvió a destinar más de la mitad de su PIB al sector público. Esta cifra, a largo plazo, frena la inversión privada y mantiene la carga fiscal y de cotizaciones en un nivel perjudicial para la competitividad.
Cuarto: La deuda pospone los problemas, no los resuelve. La deuda especial de 500.000 millones de euros puede proporcionar un estímulo a la inversión a corto plazo. Sin embargo, no cambia la cuestión estructural de si el Estado alemán opera de forma más eficiente y productiva que el sector privado, y la experiencia histórica con los grandes programas de infraestructura pública es dispar al respecto.
El verdadero dilema: dolor a corto plazo versus presión a largo plazo
La cuestión político-económica fundamental que plantea esta comparación no es ideológica, sino empírica: ¿Qué tipo de riesgo fiscal es mayor a largo plazo? ¿Los recortes drásticos a corto plazo que frenan el consumo y el empleo, generan tensiones sociales y son políticamente impopulares? ¿O un Estado en constante crecimiento con una deuda cada vez mayor, un índice de gasto público en aumento y debilidad estructural en el crecimiento?
Argentina ha optado por la primera vía, con considerables costos sociales y notables éxitos iniciales, cuya sostenibilidad aún no está demostrada. Alemania, en cambio, elige sistemáticamente la segunda vía. Las consecuencias de esta última —la erosión gradual de la competitividad, el aumento de los intereses sobre la creciente deuda y la presión demográfica sobre los sistemas sociales— son menos dramáticas y menos visibles en los medios que los datos de pobreza en Argentina. Sin embargo, se están acumulando.
Friedrich Merz no se ha retractado de sus críticas a Milei desde que asumió la Cancillería. El gobierno federal se negó a comentar sus declaraciones anteriores. Esto es políticamente comprensible, pero analíticamente insuficiente. Quien, como oposición, promete reformas estructurales y luego, como gobierno, contrae deuda, expande la burocracia y espera impulsos de crecimiento supuestamente provenientes de la inversión pública, debe a sus votantes una explicación incómoda.
Observación final: Lo que enseña un experimento de laboratorio real
Los experimentos de política económica en el mundo real son escasos y nunca están exentos de problemas éticos. Lo que ocurre en Argentina es ambas cosas: un experimento genuino con personas reales y una de las pocas oportunidades para observar los efectos de una consolidación fiscal radical en un Estado moderno. Los datos muestran que las políticas de Milei no han producido hasta ahora lo que Merz predijo: ni ruina nacional, ni empobrecimiento masivo, ni colapso económico. Por el contrario: hay crecimiento, caída de la inflación y una disminución estadística de la pobreza.
Pero el experimento no ha terminado. Las profundas cuestiones estructurales —la capacidad industrial, el sector informal, la sostenibilidad de la estabilización fiscal sin perturbaciones externas y la cohesión social de una sociedad profundamente dividida— siguen sin resolverse. Milei cumplió su palabra; los datos lo confirman. Si el país se beneficiará a largo plazo solo se sabrá en los próximos años. Sin embargo, una cosa ya es segura: la afirmación de que una consolidación fiscal constante arruinaría a un país no se ha visto respaldada por la evidencia empírica de los últimos dos años.
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