¿Promesas incumplidas? El 84% se muestra insatisfecho tras un año de mandato del ministro de Hacienda, Merz: ¡alerta roja para la economía!
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Prefiere Xpert.Digital en GoogleⓘPublicado el: 20 de mayo de 2026 / Actualizado el: 20 de mayo de 2026 – Autor: Konrad Wolfenstein

¿Promesa incumplida? El 84% se muestra insatisfecho tras un año de mandato del ministro de Hacienda Merz: ¡alerta roja para la economía! – Imagen creativa: Xpert.Digital
Caída en picado de las encuestas: ¿Está Alemania poniendo en peligro su futuro económico?
El enigma de los 500 mil millones: ¿En qué gasta realmente el gobierno alemán nuestro dinero?
Ingresos y pensiones de los ciudadanos: Cómo el gobierno de Merz está incumpliendo sus propias promesas
Ha transcurrido un año desde que Friedrich Merz asumió la Cancillería prometiendo una renovación económica radical. Sin embargo, la euforia inicial ha dado paso a una profunda desilusión. Con un nivel récord de insatisfacción del 84%, la población alemana ve con malos ojos a una gran coalición que, si bien comenzó con un histórico fondo especial de 500.000 millones de euros, apenas lo ha utilizado para inversiones urgentes de cara al futuro. En cambio, la desindustrialización progresiva, la burocracia descontrolada y los problemas migratorios y sociales sin resolver dominan el panorama. El siguiente análisis presenta una evaluación cruda y basada en datos de los primeros doce meses bajo el mandato del Canciller Merz. Revela por qué la crisis de Alemania es en gran medida interna y por qué ahí reside la mayor oportunidad para una solución, siempre que exista la valentía política necesaria.
Cuando las promesas se topan con la realidad, y por qué Alemania necesita algo más que retórica
Un año después de que Friedrich Merz asumiera el cargo de Canciller, la evaluación es desalentadora. Las expectativas eran altas, y la decepción también. Según Infratest dimap, alrededor del 84 % de los alemanes están insatisfechos con la gestión del gobierno federal, y una encuesta realizada por el instituto INSA a principios de enero de 2026 reveló que el 71 % ya estaba insatisfecho, y la tendencia va en aumento. Estas cifras no solo son políticamente explosivas, sino que reflejan una crisis estructural de confianza que va más allá de cualquier reforma fallida.
El siguiente análisis examina el primer año del gobierno de coalición rojiblanco bajo el mandato de Friedrich Merz desde una perspectiva económica y empírica, libre de sesgos partidistas. Explora si el país ha salido fortalecido o debilitado de este año en su dimensión económica, y qué implicaciones tendrá esto para los próximos años.
De la euforia a la desilusión: cómo se dilapidó la confianza inicial
Cuando Friedrich Merz asumió la Cancillería en mayo de 2025, esgrimió la promesa de renovación económica como un escudo. Alemania acababa de salir de los turbulentos años de la coalición del semáforo, que se había derrumbado debido a conflictos internos. Las expectativas para el nuevo gobierno, una coalición de la CDU/CSU y el SPD, eran, por consiguiente, muy altas. El propio Canciller había criticado duramente a sus predecesores, describiendo los últimos diez años como una "década perdida": una promesa retóricamente poderosa pero sustancialmente arriesgada que ahora se contrastaba con la realidad.
Exactamente un año después, el panorama es desastroso. El descontento con el gobierno federal ha alcanzado niveles récord. Esto resulta aún más sorprendente si se tiene en cuenta que el gobierno de Merz asumió el poder con una ventaja estructural: contaba con la plena legitimidad de unas elecciones federales, la AfD estaba políticamente aislada por un supuesto «cortafuegos» y el fondo especial de 500.000 millones de euros ofrecía un margen de maniobra fiscal sin precedentes en décadas. Hasta el momento, solo ha aprovechado parcialmente este margen.
Crecimiento sobre el papel, crisis en la práctica: la situación económica de Alemania
Para comprender el pesimismo que reina en la economía alemana, es necesario analizar las cifras. Alemania lleva al menos seis años experimentando una debilidad estructural en su crecimiento. La producción económica se contrajo un 0,2 % en términos reales en 2024, y para 2025, casi todos los principales institutos económicos preveían un crecimiento marginal de entre el 0,1 % y el 0,3 %. El Dr. Matthias Mainz, experto económico de la Cámara de Industria y Comercio, resumió la situación de forma concisa: «Durante seis años, hemos observado un retroceso en nuestras encuestas económicas. Los elevados costes lastran al país y debilitan su competitividad»
Este estancamiento no es una simple recesión económica que pueda remediarse con una bajada de los tipos de interés. Se trata de un problema estructural derivado de la interacción de varios factores: precios de la energía superiores a la media, una burocracia excesiva, una carga fiscal relativamente alta y una infraestructura que, en muchos ámbitos, ya no satisface las exigencias del siglo XXI. Según el Barómetro de Transición Energética 2025 de la DIHK, el 41 % de las empresas ven amenazada su competitividad por los costes energéticos; en el sector industrial, esta cifra asciende al 63 %. Por lo tanto, la cuestión energética ya no es un tema secundario en la política medioambiental, sino una cuestión de supervivencia económica para Alemania como centro industrial.
El gobierno alemán ha reaccionado ante esta situación, aunque con cierta demora. El impuesto sobre la electricidad para las empresas manufactureras se redujo permanentemente al tipo mínimo de la UE, se suprimió el impuesto sobre el almacenamiento de gas y, tras la aprobación de la UE, se introdujo en mayo de 2026 una tarifa eléctrica industrial para las empresas con alto consumo energético. Estas medidas suponen un ahorro de aproximadamente diez mil millones de euros anuales para empresas y consumidores. No se trata de medidas simbólicas. La cuestión es si son suficientes para compensar la desventaja estructural de Alemania como centro de negocios.
La desindustrialización como venta silenciosa: ¿Qué significan realmente las cifras de recortes de empleo?
El indicador más claro del declive industrial es el mercado laboral. En 2025, la industria alemana eliminó más de 124.000 puestos de trabajo, casi el doble que el año anterior, cuando se perdieron 56.000 empleos industriales. El sector automovilístico fue el más afectado, con la supresión de 50.000 puestos de trabajo, lo que representa el 6,5% del total de empleados en este sector. Desde 2019, año previo a la pandemia, la industria automovilística ha perdido un total del 13% de sus empleos.
La Oficina Federal de Estadística informó que, en promedio, se pierden 392 empleos industriales al día. Esta cifra es impactante, aunque se ve algo distorsionada por un truco estadístico: al mismo tiempo, se crearon 164.000 nuevos empleos en el sector servicios, principalmente en el sector público, la sanidad y la educación. Esto elevó el número total de personas empleadas a cerca de 46 millones, una cifra prácticamente idéntica a la del año anterior. Sin embargo, tras esta aparente estabilidad, se está produciendo un cambio estructural fundamental: los empleos industriales bien remunerados y de alto valor añadido están siendo sustituidos por empleos peor pagados en el sector público. Este intercambio no es justo para la prosperidad material ni para la base impositiva del país.
Las perspectivas a medio y largo plazo son preocupantes. Los expertos de EY prevén la pérdida de otros 70.000 puestos de trabajo industriales tan solo para finales de 2025. Este cambio estructural no solo conlleva la pérdida de empleos, sino también la de conocimientos técnicos, cadenas de valor y experiencia en la localización de empresas. Según una encuesta realizada por el Instituto Allensbach para la Federación de Industrias Alemanas (BDI), un tercio de las grandes empresas industriales ya han trasladado sus departamentos de investigación y desarrollo al extranjero. Las principales razones citadas son los altos costes (58%), la menor burocracia en el extranjero (47%) y una mayor apertura a la innovación en ubicaciones internacionales (34%). El presidente de la BDI, Peter Leibinger, comentó los resultados, afirmando que este éxodo amenaza la base misma de la posición económica de Alemania.
El enigma de los 500 mil millones: ¿Por qué el programa de inversión más grande de la república apenas ha invertido?
El fondo especial de 500.000 millones de euros para infraestructuras y neutralidad climática fue el catalizador político del nuevo gobierno federal. En marzo de 2025, el Bundestag modificó la Ley Fundamental para crear este fondo especial financiado con deuda. El paquete se estructura en torno a tres pilares: 100.000 millones de euros para los estados y municipios, 100.000 millones de euros para el Fondo de Transformación Climática y 300.000 millones de euros para inversiones federales directas. Sobre el papel, es uno de los mayores programas de inversión en la historia de la República Federal.
La realidad es muy distinta. Un análisis de los datos presupuestarios de 2025 realizado por el Instituto ifo reveló que el 95 % de la nueva deuda contraída con el fondo especial no se destinó a inversiones adicionales en infraestructura. El Instituto Económico Alemán (IW) constató que el 86 % de los fondos se malversaron durante el mismo período. En lugar de puentes, redes ferroviarias o infraestructura de fibra óptica, se financió el gasto de los consumidores, incluyendo, según los críticos de la oposición, promesas electorales en materia de política social, como la ampliación de la pensión de maternidad.
Este hallazgo tiene implicaciones económicas delicadas. El freno de la deuda, durante décadas pilar de la disciplina fiscal alemana, quedó suspendido en este ámbito mediante la reforma constitucional. Esto era políticamente justificable si el dinero se destinaba a inversiones orientadas al futuro que incrementaran la productividad, eliminaran obstáculos y garantizaran la competitividad a largo plazo. Sin embargo, si se destinaba al consumo, se generaría una doble carga: las generaciones futuras pagarían deudas sin beneficiarse de las reinversiones productivas. El Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW Berlín) identificó este riesgo desde el principio y abogó por una estructura de deuda justa para todas las generaciones.
Durante el debate presupuestario de mayo de 2026, los oradores de la oposición en el Bundestag lo dejaron bien claro: la coalición tenía mejores perspectivas fiscales que cualquier otro gobierno federal, y estaba destinando el dinero a promesas electorales en lugar de a proyectos con visión de futuro. Poco después del aniversario, Ralf Stoffels, presidente de la Cámara de Industria y Comercio de Renania del Norte-Westfalia (IHK NRW), advirtió que el ritmo y la coherencia seguían siendo insuficientes «dada la dramática situación económica».
Reforma del bienestar con resultados mínimos: Cuando miles de millones en promesas se reducen a 86 millones
Durante su campaña electoral, Friedrich Merz declaró la reforma de la renta básica como una prioridad clave. Thorsten Frei, actual jefe de la Cancillería Federal, habló en noviembre de 2024 de un ahorro potencial de 30.000 millones de euros, mientras que el líder del grupo parlamentario de la CDU, Jens Spahn, mencionó 10.000 millones. Como canciller, Merz redujo el objetivo a 5.000 millones de euros para septiembre de 2025. Sin embargo, el proyecto de ley del Ministerio de Trabajo, dirigido por Bärbel Bas, mostraba cifras sorprendentemente bajas: 86 millones de euros de ahorro para 2026 y 69 millones para 2027. Incluso dentro de su propio ministerio, se afirmó que las medidas descritas en el proyecto de ley por sí solas no generarían "ahorros significativos".
Este hallazgo no es simplemente un fallo en el análisis detallado. Ilustra el dilema estructural de toda gran coalición: el SPD protege los intereses creados del Estado de bienestar, la CDU/CSU quiere recortar el gasto; el resultado es un compromiso que no satisface ninguno de los dos objetivos. Esto es desastroso para la imagen pública del gobierno. Merz había prometido a los votantes que podría superar este conflicto mediante un liderazgo firme. En cambio, lo que ofreció fue una simple maniobra política de coalición.
Lo mismo ocurre con las principales reformas sociales que se consideraron urgentes pero que, sin embargo, se pospusieron. La reforma de las pensiones, la reforma de la atención a largo plazo y la reforma sanitaria se consideran financieramente insostenibles en su forma actual, y todas generan una deuda implícita de cuantía aún desconocida. A finales de abril de 2026, se aprobó al menos una reforma sanitaria, y se prevé que se aprueben otras más adelante ese mismo año. Los problemas fundamentales de una sociedad que envejece, la creciente carga de las cotizaciones y la cuestión de la equidad intergeneracional en el sistema social alemán no se han resuelto, sino que, en el mejor de los casos, solo se han pospuesto.
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Gran coalición, reformas menores: ¿Por qué Alemania está perdiendo oportunidades? – Los precios de la energía como desventaja competitiva
Política migratoria entre aspiración y realidad: Cuando las cifras desenmascaran la retórica
Friedrich Merz convirtió la cuestión migratoria en el eje central de su campaña electoral y, durante sus primeros meses en el cargo, recalcó repetidamente que gran parte del problema ya se había resuelto. Los datos, sin embargo, presentan una imagen más compleja. Por un lado, las solicitudes iniciales de asilo en 2025 disminuyeron un 51 % con respecto a 2024 y un 66 % con respecto al año récord de 2023. Este descenso significativo puede atribuirse, al menos en parte, a políticas fronterizas más estrictas y a acuerdos europeos.
Por otro lado, las cifras de deportación muestran una tendencia opuesta. En el primer trimestre de 2026, 4.807 personas fueron deportadas, un 21% menos que en el mismo periodo del año anterior, cuando la cifra fue de 6.515. Según el Bundestag alemán, a mediados de 2025, alrededor de 226.500 extranjeros sujetos a órdenes de deportación ejecutables seguían residiendo en Alemania, de los cuales 185.000 habían obtenido un permiso de residencia temporal. La brecha entre el derecho legal a la deportación y su ejecución efectiva sigue siendo, por tanto, considerable. Esto no es solo una cuestión de voluntad política, sino que también refleja problemas de capacidad dentro de las autoridades, obstáculos diplomáticos en los países de origen y las exigencias del Estado de derecho, factores que hacen que los procesos de deportación sean lentos.
La consecuencia política es, sin embargo, notable: cualquiera que declare públicamente que el problema migratorio está prácticamente resuelto y luego vea una disminución en las cifras de deportaciones, pierde credibilidad, precisamente en aquellos círculos de clase media que lo eligieron porque esperaban una solución decisiva a este problema. El centro del espectro político premia los resultados pragmáticos, no las soluciones retóricas.
Lo que el gobierno ha ofrecido: Una evaluación objetiva
Todo análisis económico debe reconocer también lo que se ha logrado. Sería analíticamente deshonesto centrarse únicamente en las deficiencias. El primer año de gobierno de Merz no fue un fracaso total.
El gabinete alemán se reunió 41 veces en los primeros doce meses y aprobó 557 medidas, incluyendo 172 proyectos de ley. Se establecieron objetivos claros para la política de defensa: el gasto alemán en defensa aumentará hasta el 3,5 % del producto interno bruto (PIB) para 2029, y se destinará un 1,5 % adicional del PIB a los sectores relacionados con la defensa para 2035. Este es un incremento sin precedentes en la historia, que alejará a Alemania de décadas de financiación insuficiente de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas Alemanas). La deducción por depreciación acelerada para las inversiones corporativas también se elevó al 30 %, y el acuerdo de coalición contempla una reducción gradual del impuesto de sociedades del 15 % al 10 % para 2028.
En materia energética, el gobierno implementó tres medidas clave en el plazo de un año: la reducción permanente del impuesto sobre la electricidad para las empresas manufactureras al tipo mínimo de la UE, la exención de los cargos por la red de transmisión por un valor de 6.500 millones de euros anuales y la abolición del impuesto sobre el almacenamiento de gas. Además, se introdujo el precio de la electricidad industrial, que entró en vigor en mayo de 2026 tras la aprobación de la UE y que tiene como objetivo beneficiar a las empresas con alto consumo energético. Asimismo, se prevé invertir al menos el 3,5% del PIB en investigación y desarrollo para 2030; la denominada agenda de alta tecnología consolida la financiación para tecnologías clave. Estas medidas no son insignificantes. A pesar de las críticas, la Cámara de Industria y Comercio de Renania del Norte-Westfalia (IHK NRW) afirmó que la dirección adoptada era acertada en algunos aspectos.
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Limitaciones estructurales de una gran coalición: ¿Por qué gobernar es tan difícil?
La debilidad de la coalición actual es, en gran medida, sistémica. Una gran coalición entre la CDU/CSU y el SPD une a dos partidos cuyas convicciones fundamentales en materia de política económica y social difieren considerablemente. La CDU y la CSU defienden la economía de la oferta, la consolidación fiscal y la equidad basada en el desempeño. El SPD defiende la redistribución, la protección del bienestar social y los derechos de los trabajadores. El acuerdo de coalición es el compromiso que surge cuando ambas partes defienden sus líneas rojas. El resultado son reformas con un impacto limitado, ya que ninguna de las partes puede implementar realmente su postura.
A esto se suma un problema estructural inherente a la estructura de coalición alemana: las bases del SPD y parte del gabinete se muestran escépticas ante algunos proyectos de reforma clave, mientras que la CDU/CSU, por su parte, debe velar por obtener el respaldo de su base conservadora. Esto genera un bloqueo político. Este mismo patrón se observa en la renta básica, la reforma de las pensiones y el fondo especial: en todos los casos, las promesas se ven eclipsadas por los compromisos internos de la coalición. Esto no es una debilidad de ningún individuo, sino la lógica inherente de un gobierno que prioriza el compromiso sobre la reforma.
Los costes energéticos como un factor competitivo perjudicial: El problema interno con una solución política
Un problema particularmente grave para Alemania como destino de negocios es la estructura de precios de la energía. Las empresas industriales alemanas pagan algunos de los precios de electricidad más altos de Europa, lo que perjudica fundamentalmente la competitividad de sectores con alto consumo energético como el acero, los productos químicos, el aluminio y el papel. Casi el 40 % de las empresas encuestadas por IG Metall Küste consideraban que su competitividad se veía grave o muy gravemente afectada incluso antes del reciente aumento de los precios de la energía provocado por el conflicto con Irán.
Lo que hace que esta situación sea única es que los precios de la energía en Alemania están en gran medida determinados por la política. Los impuestos, las tasas y los recargos representan una proporción desproporcionadamente alta del precio final para el consumidor en Alemania. Esto significa que, en principio, los precios de la energía pueden reducirse políticamente, si existe la voluntad de compensar las pérdidas de ingresos correspondientes en otros ámbitos o de implementar mecanismos de intervención gubernamental. Las medidas de alivio actuales implementadas por el gobierno federal son un paso en la dirección correcta, pero según muchas asociaciones industriales, aún no son suficientes para compensar por completo la desventaja de costos internacionales. Esta conclusión subraya una idea importante: la desindustrialización no es una ley de la naturaleza. Es el resultado de decisiones políticas y, por lo tanto, también es políticamente reversible.
La paradoja del crecimiento: el empleo crece, la prosperidad se estanca
Una de las paradojas más interesantes de la economía alemana reside en la divergencia entre empleo y creación de valor. El empleo se mantiene estable en un nivel nominal alto, mientras que la producción económica per cápita apenas ha crecido. La razón: la creación de empleo se concentra en sectores de baja productividad, mientras que las industrias altamente productivas se contraen. Una persona que deja un trabajo bien remunerado como metalúrgico en una fábrica de maquinaria mediana y encuentra un nuevo puesto en enfermería o administración sigue estando empleada estadísticamente, pero con un salario significativamente menor y generando menos valor para la economía.
Esta sustitución de empleos industriales por empleos del sector servicios no es exclusiva de Alemania, pero constituye una señal de alerta cuyas consecuencias económicas se subestiman. Gracias a su interconexión con proveedores, prestadores de servicios y socios logísticos, un empleo industrial suele generar varios empleos adicionales en las etapas anteriores y posteriores de la cadena de valor. Por lo tanto, su pérdida tiene un efecto multiplicador. Alemania corre el riesgo de abandonar gradualmente su base industrial, no mediante una crisis dramática, sino mediante la lenta erosión de décadas de socavamiento de la competitividad.
La equidad intergeneracional como punto ciego: ¿Qué significa el fondo especial para el futuro?
La dimensión fiscal del fondo especial merece un análisis aparte, ya que trasciende con creces el debate político actual. Un gasto de 500.000 millones de euros financiado con deuda constituye un hecho sin precedentes en la historia. El pago de esta deuda se extenderá durante varias décadas y recaerá sobre generaciones que no participaron en la decisión parlamentaria.
Esto sería justificable —e incluso necesario— si estas deudas se canalizaran hacia inversiones que impulsaran la productividad de forma sostenible: puentes, ferrocarriles, fibra óptica, infraestructura educativa y defensa. De este modo, las generaciones futuras heredarían no solo deuda, sino también un capital más productivo. Sin embargo, los hallazgos del ifo sugieren que el 95% de los fondos prestados hasta la fecha no se han utilizado para inversiones adicionales. Si, en cambio, el dinero se destina a prestaciones sociales basadas en el consumo —transferencias que benefician a las generaciones actuales sin generar capital productivo—, se produce un importante desequilibrio generacional. Los jóvenes trabajadores tendrán que pagar en el futuro deudas de las que apenas se han beneficiado.
Economistas del DIW y de otros institutos han descrito este mecanismo y han pedido su rediseño. El verdadero problema no reside en la deuda pública en sí, sino en su uso: la deuda para inversiones futuras es justa para las generaciones venideras; la deuda para el consumo presente no lo es. El reto político consiste en consagrar este límite institucionalmente, y no dejarlo al oportunismo parlamentario.
¿Qué hay que hacer ahora?: Una agenda económica para la segunda vuelta
El gobierno federal aún tiene tiempo. Se han cumplido dos requisitos que faltaban en los últimos años: primero, una mayoría parlamentaria sin depender de una coalición tripartita, y segundo, un margen fiscal de proporciones históricas. Lo que falta es una priorización coherente.
Una agenda económicamente sólida garantizaría, en primer lugar, que el fondo especial se destine realmente a infraestructura, mediante mecanismos de asignación transparentes, supervisión parlamentaria y una estricta asignación de fondos. En segundo lugar, priorizaría la política energética dentro de la política industrial y ampliaría la base de precios de la electricidad industrial para evitar que las empresas trasladen su producción. En tercer lugar, no solo anunciaría planes para reducir la burocracia, sino que los implementaría mediante objetivos de desregulación medibles, plazos de aprobación más cortos e infraestructura administrativa digital. Y en cuarto lugar, sería honesta respecto al estado del bienestar: los problemas de financiación de las pensiones, la atención a largo plazo y la sanidad no pueden resolverse sin recortes estructurales; estos recortes deberían comunicarse abiertamente ahora, en lugar de posponerse con cada presupuesto.
La Cámara de Industria y Comercio de Renania del Norte-Westfalia (IHK NRW) expresó con lucidez la presión del tiempo: «El margen de tiempo para reformas efectivas es muy reducido». Faltan menos de tres años para las próximas elecciones federales. Las empresas no piden gestos políticos simbólicos, sino certeza en la planificación, precios de la energía fiables y un gobierno que no obstaculice sus decisiones de inversión con incertidumbre burocrática.
Lo casero significa que tiene solución, pero solo con valentía política
El argumento central del diagnóstico de política económica es el siguiente: los problemas de Alemania son, en gran medida, de origen interno. Los precios de la energía son una decisión política. La burocracia es una decisión política. Los impuestos y las tasas son una decisión política. Esto tiene su lado bueno y su lado malo. Lo que se originó políticamente puede remediarse políticamente, si existe la voluntad de hacerlo y la aritmética de la coalición lo permite.
El primer año del gobierno de Merz fue un año de oportunidades perdidas. No porque los problemas fueran insuperables, sino porque la resistencia política interna de la gran coalición frustró repetidamente la valentía para tomar decisiones decisivas. Para el segundo año, el diagnóstico es claro, las herramientas están disponibles y el tiempo se agota. Lo que se necesita no es nueva retórica, sino una clara priorización y la voluntad de impulsar incluso reformas incómodas frente a la resistencia dentro de la propia coalición. De lo contrario, Alemania corre el riesgo de convertir una crisis autoinfligida en una realidad permanente.

















