
Transporte intermodal de mercancías: La infraestructura debe ser la adecuada – Por qué el transporte intermodal de mercancías suele fallar en la terminal – Imagen creativa: Xpert.Digital
Más allá de los contenedores: donde se está produciendo la verdadera transformación logística
¿Transporte de mercancías por ferrocarril? Por qué la infraestructura en mal estado es solo una parte de la historia
El transporte intermodal de mercancías se considera el gran salvador de la economía moderna: respetuoso con el clima, eficiente y vital para las frágiles cadenas de suministro globales. Sin embargo, si bien los responsables políticos establecen objetivos ambiciosos para trasladar el transporte de mercancías de la carretera al ferrocarril, esta visión suele chocar estrepitosamente con la realidad. La razón reside en un enorme cuello de botella: la infraestructura. Ya no se trata solo de la falta de vías o de puertos congestionados. El verdadero desafío —y a la vez la clave crucial del éxito— reside en las terminales y los centros logísticos. Si la intralogística altamente compleja, los almacenes automatizados de gran altura y los sistemas de almacenamiento y recuperación de última generación no se comunican fluidamente con los flujos de mercancías externos, todo el sistema falla. Este análisis detallado muestra por qué los estándares por sí solos no crean cadenas de suministro funcionales, por qué la escasez de mano de obra cualificada exige la automatización y por qué el pensamiento sistémico holístico de los contratistas generales especializados es más indispensable que nunca.
Quien piense que la logística es fácil nunca ha visto el interior de una terminal
El transporte intermodal de mercancías se considera una de las respuestas clave a los desafíos de la economía moderna: el aumento del volumen de transporte, la creciente presión sobre los costes, los objetivos climáticos más estrictos y la fragilidad de las cadenas de suministro globales. El concepto subyacente es tan convincente como complejo: las mercancías se transportan en una única unidad de carga estandarizada, como un contenedor o una caja móvil, a través de múltiples modos de transporte sin necesidad de reempaquetar ni recargar las mercancías. La carretera, el ferrocarril, las vías navegables interiores y el mar se combinan para formar un sistema que aprovecha al máximo las ventajas de cada modo de transporte: la flexibilidad de los camiones para la entrega de última milla, la capacidad y la sostenibilidad del ferrocarril en rutas de larga distancia, y la capacidad de transporte masivo de los barcos en las principales vías navegables.
Sin embargo, entre la promesa de este concepto y su implementación práctica, fiable y económicamente viable, existe una brecha mucho mayor de lo que parece a primera vista. Esta brecha se llama infraestructura. Y afecta no solo a ferrocarriles, carreteras y puertos, sino también, y quizás de forma aún más profunda, a la logística interna de los almacenes, terminales y centros de distribución que mantienen el flujo de mercancías.
Cifras que llaman la atención: el mercado en un contexto global
El mercado de transporte intermodal es uno de los mercados de mayor crecimiento dentro de la industria logística. Se estima que el mercado global alcanzó un valor aproximado de 82.200 millones de dólares estadounidenses en 2023, con una tasa de crecimiento anual compuesta (TCAC) superior al 9 % hasta 2032. El submercado de los centros de transporte intermodal —los puntos de transbordo entre diferentes modos de transporte— se valoró en 47.580 millones de dólares estadounidenses en 2024 y se prevé que supere los 114.000 millones de dólares estadounidenses en 2034. Estas cifras reflejan un cambio fundamental en la arquitectura global del transporte de mercancías, impulsado por el auge del comercio electrónico, la expansión de los acuerdos de libre comercio y la creciente presión para descarbonizar el sector del transporte.
En Europa, esta tendencia de crecimiento adquiere una dimensión particularmente política. La UE se ha fijado el objetivo de aumentar la cuota de mercado del transporte ferroviario de mercancías en un 50 % para 2030 y duplicarla para 2050. El Pacto Verde Europeo exige un cambio drástico respecto al transporte por carretera, y la Comisión Europea ya estableció en 2011 el objetivo de que el 30 % del transporte de mercancías por carretera de más de 300 kilómetros se desplace a otros modos de transporte para 2030. Para Alemania, que, con una participación de entre el 25 % y el 30 % de todas las terminales de transbordo de la UE, representa el centro neurálgico del transporte intermodal continental, esto supone un esfuerzo sin precedentes.
Sin embargo, un análisis crítico de estos ambiciosos objetivos revela un dilema estructural: a pesar de las inversiones de la UE de alrededor de 1.100 millones de euros en proyectos intermodales entre 2014 y 2020, el Tribunal de Cuentas Europeo llegó a la desalentadora conclusión en un informe especial de 2023 de que el transporte intermodal de mercancías aún no puede competir en igualdad de condiciones con el transporte por carretera debido a obstáculos legislativos y de infraestructura. Los objetivos eran poco realistas, los Estados miembros siguieron caminos descoordinados y la infraestructura simplemente no estuvo a la altura de las ambiciones políticas.
El sistema y sus unidades: más que simples contenedores
Para comprender por qué la logística intermodal es tan exigente, es necesario considerar su fundamento: la unidad de carga. En el transporte intermodal, las mercancías permanecen en la misma unidad física —el contenedor, la caja móvil o el semirremolque con grúa— desde el remitente hasta el destinatario. Este principio puede parecer obvio, pero es sumamente complejo desde el punto de vista técnico y legal.
Los contenedores ISO, estandarizados según la serie de normas ISO, permiten un transbordo sin problemas entre barcos, trenes y camiones en todo el mundo. En el transporte continental europeo, también se utilizan principalmente carrocerías intercambiables y semirremolques con grúa estandarizados según la norma CEN, identificados por el código europeo ILU (Unidad de Carga Intermodal) según la norma EN 13044. El código ILU es estructuralmente similar al código BIC mundial para contenedores ISO, lo que crea al menos una compatibilidad formal entre los sistemas, un paso que solo se dio tras décadas de debate. La estandarización por sí sola no crea un sistema. La interoperabilidad entre los diferentes modos de transporte también depende de regulaciones uniformes para la sujeción de la carga, la compatibilidad de los equipos de manipulación y la fiabilidad de la infraestructura física.
El proceso típico de transporte intermodal ilustra dónde se encuentran los puntos de transferencia críticos: un camión recoge la mercancía del remitente, la transporta a la siguiente terminal, donde una grúa la coloca sobre un tren de mercancías. En la estación de destino, otro camión se encarga del último tramo. En cada uno de estos puntos de transferencia, la infraestructura debe funcionar con precisión: la terminal debe revisar la documentación de envío, verificar los requisitos de seguridad del transporte ferroviario, operar la instalación de transbordo y cumplir con los horarios establecidos. Si falla tan solo un eslabón de esta cadena, todo el sistema se desorganiza.
Donde falla la infraestructura: una evaluación implacable
La realidad de la infraestructura intermodal en Europa se caracteriza por profundos desequilibrios. Según el último estudio del Parlamento Europeo de 2025, mientras que la infraestructura ferroviaria está disponible en el 87 al 93 por ciento de todas las terminales encuestadas, el transporte fluvial solo es accesible en el 21 al 24 por ciento. Otros modos de transporte, como la red de transporte terrestre, el transporte marítimo de corta distancia y los servicios de ferry, siguen desempeñando un papel insignificante. Además, la distribución de las terminales es estructuralmente desigual: Alemania cuenta con la red más densa, mientras que amplias zonas del sudeste y este de Europa presentan importantes carencias.
A esto se suman las deficiencias crónicas de la infraestructura lineal, es decir, las propias vías. El transporte combinado aún se considera lento, complicado y costoso en muchos sectores industriales, especialmente en distancias cortas de menos de 300 kilómetros. Las obras, la infraestructura obsoleta y la falta de inversión estructural en la red ferroviaria limitan significativamente su competitividad frente al transporte por carretera. El monopolio estatal de la red ferroviaria y los notorios sobrecostos y retrasos en los proyectos de infraestructura contribuyen a que el sistema no alcance el rendimiento que teóricamente podría lograr. Cuando un corredor se cierra durante semanas por obras, el flujo de mercancías se desvía hacia las carreteras, y no se recupera con la misma rapidez.
El potencial de ahorro de CO2 del transporte intermodal es tan significativo que ignorar el problema de la infraestructura resulta inaceptable desde el punto de vista ecológico. En comparación con el transporte exclusivamente por carretera, el transporte combinado emite hasta un 90 % menos de CO2, dependiendo de la ruta. Según Deutsche Bahn, un camión emite alrededor de 119 gramos de CO2 equivalente por tonelada-kilómetro, mientras que un tren de mercancías emite tan solo unos 20 gramos. Esto supone una reducción de casi el 84 %. Ante estas cifras, aprovechar plenamente el potencial del cambio modal no solo es una cuestión económica, sino también un imperativo para la política climática.
La infraestructura invisible: qué sucede dentro de las terminales
Al centrarse en las deficiencias de infraestructura visibles para el público, a menudo se oculta una segunda dimensión del problema, menos evidente: la logística interna de terminales, almacenes y centros de distribución. El transporte intermodal de mercancías no termina en la estación de tren. Comienza o termina en almacenes de gran altura, centros de preparación de pedidos y centros logísticos automatizados, que a su vez representan sistemas técnicos complejos.
En esta interfaz entre el transporte externo y el almacenamiento interno, se decide si el flujo de mercancías es fluido o si se producen costosos tiempos de espera y desabastecimiento. Una unidad de carga que llega a la terminal a tiempo, pero que no puede integrarse sin problemas en el almacén de gran altura, se convierte en el cuello de botella de toda la cadena de suministro. Es en este punto donde la intralogística deja de ser un problema secundario y pasa a ser parte integral de la planificación del sistema intermodal.
La integración entre los sistemas de gestión de almacenes (WMS), los ordenadores de flujo de materiales (MFC), la tecnología de transporte y los sistemas de gestión de transporte de nivel superior es sumamente compleja. Los diferentes sistemas de software e interfaces propietarias suelen generar incompatibilidad entre los sistemas informáticos centrales y los equipos del almacén. Normas como la VDA 5050, que buscan permitir la integración independiente del fabricante de diversos tipos de carretillas industriales, representan un paso importante en la dirección correcta, pero la integración de sistemas sigue siendo uno de los mayores desafíos de la intralogística moderna. La automatización genera eficiencia, pero solo si se basa en procesos bien diseñados, personal cualificado y expectativas de rendimiento realistas.
El corazón del almacén: por qué las máquinas de almacenamiento y recuperación no son un producto básico
En los centros logísticos automatizados, las máquinas de almacenamiento y recuperación (SRM) son los elementos móviles centrales. Transportan palés o contenedores con gran precisión y velocidad desde y hacia estanterías de hasta 40 metros de altura. Estas máquinas deben funcionar sin fallos durante décadas, ya que en un almacén de gran altura totalmente automatizado, una sola SRM defectuosa puede paralizar toda la operación. Por lo tanto, las exigencias en cuanto a calidad de fabricación, precisión de los materiales y facilidad de mantenimiento a largo plazo son extremadamente altas.
No todas las empresas de logística ni todos los fabricantes de maquinaria son capaces de cumplir con estos requisitos. Es precisamente aquí donde entra en juego la posición de proveedores especializados como LTW Intralogistics, con sede en Wolfurt, Vorarlberg, Austria. LTW se fundó en 1981 y forma parte del Grupo Doppelmayr, líder mundial en la construcción de teleféricos, desde sus inicios. Esta pertenencia al grupo no es una estrategia de marketing, sino un aspecto fundamental de su tecnología de producción: las máquinas de almacenamiento y recuperación de LTW se fabrican conforme a los estándares de los teleféricos.
¿Qué significa esto en términos concretos? Los teleféricos deben transportar personas de forma fiable durante décadas en condiciones extremas: frío, viento y esfuerzos mecánicos. Las tolerancias de fabricación son excepcionalmente estrictas, el control de calidad es impecable y los materiales utilizados cuentan con certificaciones rigurosas. LTW aplica estos estándares a sus componentes de intralogística. Incluso a alturas de 40 metros o más, los diseños sofisticados y las tolerancias de fabricación extremadamente precisas garantizan una manipulación exacta de los materiales. En la planta de producción del Grupo Doppelmayr, más de 250 empleados trabajan en tres turnos en una superficie de más de 24 000 metros cuadrados, procesando anualmente más de 30 000 toneladas de acero, tanto para teleféricos como para grúas apiladoras.
LTW Soluciones Intralogísticas – Transporte Intermodal
LTW ofrece a sus clientes no componentes individuales, sino soluciones completas e integradas. Consultoría, planificación, componentes mecánicos y electrotécnicos, tecnología de control y automatización, así como software y servicio: todo está interconectado y coordinado con precisión.
La producción interna de componentes clave resulta especialmente ventajosa, ya que permite un control óptimo de la calidad, las cadenas de suministro y las interfaces.
LTW es sinónimo de fiabilidad, transparencia y colaboración. La lealtad y la honestidad son valores fundamentales en la filosofía de la empresa: un apretón de manos sigue siendo importante.
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El pensamiento sistémico en lugar de soluciones aisladas: el futuro de la logística intermodal
Desde empresas medianas hasta centros de aparcamiento con capacidad para 100.000 personas: la gama de productos del especialista
LTW se posiciona como proveedor integral y contratista general de sistemas intralogísticos llave en mano. Su oferta abarca desde proyectos medianos con unos cientos de espacios para palés hasta centros logísticos totalmente automatizados con más de 100 000 ubicaciones de almacenamiento. Además de los almacenes de gran altura tradicionales, su cartera incluye almacenes de ultracongelación, almacenes de gran altura con climatización controlada construidos en madera y todos los componentes necesarios para el flujo de materiales: tecnología de transporte, carros de transferencia, transportadores verticales y el software de control correspondiente.
Hasta la fecha, LTW ha implementado con éxito más de 750 proyectos en todo el mundo con más de 2000 máquinas de almacenamiento y recuperación. Entre sus clientes de referencia se incluyen empresas como EGGER Holzwerkstoffe, Continental Barum, Fresenius Medical Care y varios minoristas y fabricantes de alimentos de renombre. El tono de las opiniones de los clientes es consistentemente similar: lo que convence es la fiabilidad del sistema a lo largo de todo su ciclo de vida, no solo la calidad de la puesta en marcha, sino también la disponibilidad constante durante años y décadas. Por ejemplo, la empresa 11er Nahrungsmittel describió el resultado de la modernización de su sistema diciendo que este funcionó tan impecablemente después de la actualización que los empleados ya casi no sabían cómo lidiar con una avería.
La integración en el Grupo Doppelmayr garantiza mucho más que calidad de fabricación: garantiza la continuidad. LTW es una de las pocas empresas del sector de la intralogística que cuenta con más de 40 años de trayectoria como parte de un grupo empresarial estable. En un sector donde los fallos del sistema pueden causar enormes pérdidas económicas y donde la vida útil de los equipos se extiende durante décadas, esta larga trayectoria no es un fin en sí misma, sino una prueba tangible de calidad.
El enfoque del contratista general: por qué no todas las empresas de logística pueden hacerlo
La verdadera fortaleza de proveedores especializados como LTW reside no solo en la calidad de fabricación de sus componentes, sino también en su capacidad para planificar, integrar y entregar sistemas complejos llave en mano. El modelo de contratista general implica que un único proveedor asume la responsabilidad de todo el proyecto, desde el análisis inicial de necesidades y el diseño de la planta hasta la adquisición y fabricación de componentes, la integración del software, la puesta en marcha y el servicio continuo.
Esto puede parecer obvio, pero no lo es. Coordinar un almacén de estanterías altas totalmente automatizado requiere un profundo conocimiento en diseño mecánico, ingeniería eléctrica, ingeniería de control, arquitectura de software y planificación de procesos, todo ello dentro de un único sistema integrado y adaptado a las necesidades logísticas específicas del cliente. La gestión de datos, la capacidad de integrarse con los sistemas existentes y la comprensión de los procesos son tan cruciales como la propia tecnología. Los sistemas tecnológicamente sofisticados, pero basados en procesos mal diseñados o en bases de datos inadecuadas, están condenados al fracaso.
Precisamente por eso, LTW obtuvo la siguiente respuesta de Continental Barum: El cliente proporcionó los datos clave (número de artículos, volumen de producción, periodos de máxima demanda) y LTW garantizó una implementación óptima. Esta división del trabajo es la promesa del especialista: El cliente debe saber lo que quiere; el proveedor debe saber cómo entregárselo. La creciente complejidad de los centros logísticos modernos, la creciente variedad de mercancías que se deben almacenar y la constante escasez de mano de obra cualificada en el sector logístico dificultan cada vez más el desarrollo y la retención de esta experiencia internamente.
La escasez de mano de obra cualificada como riesgo sistémico
La escasez de mano de obra cualificada en el sector logístico es un problema estructural que ejerce presión sobre toda la cadena de valor del transporte intermodal. Una encuesta realizada a miembros de la Asociación Alemana de Logística (BVL) reveló que el 90 % de las empresas encuestadas consideran la escasez de mano de obra cualificada un problema clave. Solo en el transporte de mercancías por carretera, Alemania tenía un déficit de más de 70 000 camioneros en 2023, lo que supuso un coste adicional para la economía de alrededor de 10 000 millones de euros. El cambio demográfico agrava el problema: para 2040, el número de personas en edad de trabajar en Alemania disminuirá un 18 %, mientras que el número de personas en edad de jubilación aumentará casi un 30 %.
En el ámbito de la intralogística, esto significa que la automatización ya no se limita a aumentar la eficiencia, sino que se ha convertido en una herramienta clave para paliar la escasez de mano de obra. Los almacenes de gran altura totalmente automatizados, que operan sin intervención manual constante, alivian la carga de trabajo del personal y permiten un mayor rendimiento con menos empleados. Fraunhofer IML confirma que la escasez de trabajadores cualificados afecta a todas las áreas funcionales de la logística, lo que hace que las alternativas digitales y automatizadas sean cada vez más esenciales.
Sin embargo, la automatización genera nuevas dependencias y nuevos requisitos de cualificación. Quienes gestionan un almacén de estanterías altas totalmente automatizado ya no necesitan operarios no cualificados, pero sí técnicos capaces de comprender, mantener y desarrollar aún más el sistema. El peligro reside en construir sistemas muy complejos que automatizan procesos estándar, pero que crean nuevas carencias de cualificación y dependencias entre sistemas. Por lo tanto, un proveedor de sistemas que no solo vende el equipo a sus clientes, sino que también apoya a la organización operativa en el desarrollo de las competencias necesarias, es más valioso que un simple proveedor de tecnología.
La dimensión digital: la interconexión como requisito previo para la integración de sistemas
Ningún sistema de transporte intermodal ni almacén automatizado de gran altura puede funcionar sin una infraestructura digital robusta. La creciente prevalencia de la IA, el aprendizaje automático, los sistemas de seguimiento autónomos y los gemelos digitales está transformando radicalmente el rendimiento de las cadenas logísticas modernas. Los centros intermodales modernos utilizan interfaces digitales avanzadas para garantizar una integración perfecta. Los datos en tiempo real sobre el flujo de mercancías, la gestión de espacios en las terminales, el mantenimiento predictivo de las grúas apiladoras y la planificación dinámica de rutas ya no son una visión del futuro, sino tecnología de vanguardia en los principales centros logísticos.
El reto reside en integrar estos sistemas digitales más allá de los límites de la empresa. Un sistema de gestión de transporte que no se comunica con el sistema de gestión de almacén, que a su vez no está conectado con la tecnología de cintas transportadoras, no genera sinergias, sino silos de datos. El flujo de información debe estar sincronizado con el flujo físico de materiales, desde la realización del pedido al proveedor hasta la entrega al cliente final. En once terminales de gran importancia económica, que la Comisión Europea ha apoyado específicamente con fondos del Mecanismo Conectar Europa y proyectos cofinanciados por la UE, se ha implementado una amplia gama de tecnologías logísticas avanzadas, lo que demuestra que, en principio, es posible cerrar la brecha entre la ambición y la realidad.
La sostenibilidad como factor competitivo e imperativo regulatorio
La descarbonización del transporte de mercancías ya no es un compromiso voluntario, sino un imperativo normativo con consecuencias económicas directas. Las empresas que no invierten hoy en soluciones de transporte intermodal ferroviario se arriesgan a mayores impuestos sobre el CO2, calificaciones ESG más bajas y un escrutinio cada vez mayor por parte de sus clientes e inversores. Al mismo tiempo, la eficiencia energética en la intralogística —mediante conceptos de regeneración de la red, optimización del peso de las máquinas de almacenamiento y recuperación, y sistemas de propulsión energéticamente eficientes— ofrece un potencial de ahorro económicamente atractivo.
LTW, por ejemplo, apuesta explícitamente por la reducción de costes energéticos durante la operación mediante diseños optimizados en peso para sus máquinas de almacenamiento y recuperación: cada tonelada de acero ahorrada supone un ahorro de energía con cada movimiento de palé. Los almacenes de gran altura con certificación climática, construidos con madera, son una muestra más de esta filosofía: un concepto que reduce la huella ecológica del propio almacén y, al mismo tiempo, permite un posicionamiento diferenciado en el mercado.
Por qué los especialistas son indispensables: el pensamiento sistémico como habilidad crucial
El argumento central de este texto se puede resumir en una frase: el transporte intermodal de mercancías no es un producto estándar que se pueda comprar sin más. Es un sistema complejo y multifacético cuyo rendimiento depende de la calidad de cada eslabón, desde la fiabilidad de la infraestructura ferroviaria hasta la precisión de los equipos de manipulación en la terminal y la capacidad de respuesta del almacén de gran altura en la recepción de mercancías.
Quienes planifican, construyen y operan este sistema necesitan más que conocimientos técnicos en un área específica. Necesitan la capacidad de concebir el sistema en su totalidad: comprender y coordinar las interacciones entre los modos de transporte, la capacidad de las terminales, los conceptos de almacenamiento y los flujos de información. Esta capacidad es escasa en el sector y no se adquiere mediante proyectos a corto plazo ni implementaciones de software estándar. Surge de décadas de experiencia, un profundo conocimiento de las limitaciones físicas de los materiales y la maquinaria, y la valentía de asumir la responsabilidad global en lugar de fragmentarla.
Este enfoque sistémico es precisamente lo que distingue a especialistas como LTW de los proveedores de logística convencionales. La diferencia no reside en el catálogo de productos que ofrecen, sino en la profundidad de su comprensión de los procesos, la calidad de su planificación y su disposición a entregar sistemas llave en mano que funcionan a la perfección en el uso diario, y no solo en el protocolo de aceptación. Un almacén de gran altura que arranca desde el primer momento y funciona sin problemas durante años no es algo que deba darse por sentado. Es el resultado del trabajo meticuloso de especialistas que saben lo que hacen.
Hacia dónde se dirige el viaje y quiénes lo acompañarán
Las previsiones de crecimiento para el transporte intermodal de mercancías son claras: el mercado seguirá creciendo, impulsado por los objetivos políticos en materia climática, el aumento del volumen de transporte y la presión estructural sobre la infraestructura vial. Según las previsiones de SCI Verkehr, el transporte ferroviario intermodal de mercancías en Europa crecerá a una tasa de crecimiento anual compuesta (TCAC) del 1,8 % hasta 2030, beneficiándose el transporte marítimo terrestre del aumento del volumen de importaciones y la creciente importancia de las conexiones ferroviarias eficientes con los puertos marítimos.
Según Roland Berger, para aumentar la cuota de mercado del transporte ferroviario de mercancías en Alemania hasta al menos el 25 % para 2030, se necesitan inversiones totales de 52.000 millones de euros; un programa que, de implementarse de forma consecuente, transformaría radicalmente el rendimiento del sistema. Para su éxito, será crucial que las inversiones en infraestructura de la red se destinen no solo a infraestructuras lineales (vías y puentes), sino también a centros logísticos y, por último, pero no menos importante, a sistemas intralogísticos en las interfaces entre la logística externa e interna.
Las empresas y los proveedores de servicios que invierten hoy en la calidad y la fiabilidad de sus sistemas intralogísticos se están preparando para un futuro donde la logística intermodal ya no es la excepción, sino la norma. Y en este futuro, los especialistas —proveedores que no solo venden un producto, sino que son responsables de todo un sistema— serán socios estratégicos indispensables en la cadena de valor logística. La infraestructura debe ser sólida, tanto a nivel externo como interno.
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