Icono del sitio web Xpert.Digital

Programa de la Industria Europea de Defensa – El programa de armamento de Europa: ¿Corrección tardía del rumbo o costosa política simbólica?

El programa de armamentos de Europa: ¿una corrección tardía del rumbo o una costosa política simbólica?

El programa armamentístico europeo: ¿Corrección tardía del rumbo o política simbólica costosa? – Imagen: Xpert.Digital

Del dividendo de la paz a la inversión en defensa: un continente se está rearmando

Una nueva era de autonomía armamentística: el programa multimillonario de Europa para la industria armamentística

La Unión Europea ha enviado una señal histórica con un presupuesto de 1.500 millones de euros para el Programa de la Industria Europea de Defensa (PEED). El PEED tiene como objetivo fortalecer la capacidad de producción de la industria de defensa europea, estabilizar las cadenas de suministro y reducir la dependencia estratégica de los sistemas de armas estadounidenses. De esta cantidad, 300 millones de euros se destinarán directamente a la cooperación con la industria de defensa ucraniana, lo que subraya la dimensión geopolítica de esta intervención en la política industrial. Sin embargo, tras la fachada de estos anuncios se esconde una reorientación fundamental de la política económica y de seguridad europea, cuyas implicaciones económicas van mucho más allá de lo militar.

El principal desafío radica en que Europa actualmente obtiene más del 60 % de sus sistemas de armas de fuera de la Unión Europea, siendo Estados Unidos el principal proveedor con más del 64 %. La Iniciativa Europea de Defensa (EDIP) establece un objetivo claro: un máximo del 35 % de los componentes podrán provenir de terceros países en el futuro. Para 2030, al menos el 50 % del equipo de defensa se adquirirá en la UE, y para 2035, esta cifra alcanzará el 60 %. Estas cifras marcan un cambio de paradigma en la política industrial, que requiere inversiones de cientos de miles de millones y pretende transformar toda la industria de defensa europea.

Relacionado con esto:

El legado del dividendo de la paz: arsenales vacíos y dependencias dolorosas

Tras el fin de la Guerra Fría en 1991, Europa atravesó un período de desarme integral y una reorientación de su política de seguridad. El llamado dividendo de la paz condujo a drásticos recortes en los presupuestos de defensa en casi todos los estados europeos. Mientras que Estados Unidos transformó su industria armamentística en corporaciones altamente eficientes como Lockheed Martin, Raytheon y Northrop Grumman mediante masivos esfuerzos de consolidación en la década de 1990, los estados europeos mantuvieron en gran medida sus estructuras nacionales fragmentadas.

Las fuerzas armadas alemanas, por ejemplo, redujeron sus unidades de misiles de defensa aérea de 10.970 efectivos en 1990 a tan solo unos 2.300. De los 36 escuadrones Patriot originales, solo quedaron doce. Esta tendencia se repitió en toda Europa. Las empresas armamentísticas europeas se redujeron a fabricantes altamente especializados que producían pequeñas cantidades de sistemas tecnológicamente sofisticados y dependían de los mercados de exportación para mantener sus líneas de producción.

Las debilidades estructurales de este desarrollo quedaron brutalmente expuestas por el ataque ruso a Ucrania en febrero de 2022. Los Estados miembros de la UE se habían comprometido a entregar un millón de proyectiles de artillería a Ucrania en un plazo de doce meses, pero para enero de 2024 solo habían cumplido el 52 % de este compromiso. La capacidad de producción europea de munición de artillería de 155 mm era tan limitada que no podía garantizar ni las entregas a Ucrania ni la reposición de sus propias reservas. En comparación, Rusia produjo aproximadamente 1,7 millones de cartuchos de artillería en 2022 y planeó un volumen de producción de tres millones de cartuchos para 2025. Estados Unidos duplicó su capacidad de producción de 14 000 a 28 000 cartuchos al mes y anunció su objetivo de producir un millón de proyectiles al año para 2025.

Esta discrepancia pone de relieve el problema central de la política de defensa europea: durante décadas, el continente dependió de Estados Unidos para garantizar su superioridad militar en situaciones de crisis. La consiguiente dependencia estratégica no solo afecta a los sistemas de armas, sino que también se extiende a cadenas de suministro críticas. China es el principal proveedor de nitrocelulosa, un componente clave de la pólvora propulsora, a los fabricantes europeos. Esta dependencia del aliado más importante de Rusia revela la vulnerabilidad geopolítica de las estructuras de defensa europeas.

Una colcha de retazos en lugar de una fortaleza: la fragmentación del panorama armamentístico europeo

La industria de defensa europea está dominada por un puñado de grandes corporaciones, cuyos ingresos, sin embargo, están muy por debajo de los de sus competidores estadounidenses y, cada vez más, también de los chinos. A la cabeza se encuentra la británica BAE Systems, con unos ingresos en defensa de 27.400 millones de dólares en 2022. Le siguen la italiana Leonardo, con 14.500 millones de dólares, y Airbus Defence and Space, con 11.200 millones de dólares. Rheinmetall, el mayor fabricante de armas de Alemania, alcanzó unos ingresos totales de aproximadamente 10.000 millones de euros en 2024, lo que la sitúa en el puesto 20 entre las empresas de defensa mundiales. En comparación, Lockheed Martin, líder de la industria estadounidense, generó unos ingresos de 64.650 millones de dólares en 2023, casi seis veces más que los de Rheinmetall.

Estas diferencias de escala no son accidentales, sino el resultado de problemas estructurales fundamentales. Se estima que Europa utiliza más de 170 sistemas de armas diferentes, mientras que Estados Unidos solo cuenta con 30. Esta fragmentación impide las economías de escala, aumenta los costos unitarios y frena la innovación tecnológica, ya que los presupuestos de investigación y desarrollo se distribuyen entre demasiados programas paralelos. La empresa franco-alemana KNDS, surgida de la fusión de Krauss-Maffei Wegmann y Nexter, ejemplifica este dilema. A pesar de una fusión formal en 2015, ambas empresas continúan operando en gran medida de forma independiente. El tanque de batalla principal Leopard 2, el buque insignia de KNDS Alemania, requiere componentes clave como el cañón, el sistema de control de tiro y la munición de su competidor, Rheinmetall.

Las políticas nacionales de contratación pública agravan aún más esta fragmentación. Cada Estado miembro de la UE se esfuerza por mantener la cartera más amplia posible de sus propias capacidades de producción para salvaguardar su soberanía industrial y de seguridad. El principio de justa compensación, según el cual cada país busca obtener el máximo provecho del presupuesto de la UE, impide la concentración en unos pocos centros de producción altamente eficientes. Estos esfuerzos nacionales en solitario incluso han aumentado en los últimos años, ya que el aumento de los presupuestos militares ha incentivado la asignación de fondos a empleos locales en lugar de la mancomunación de recursos.

El EDIP busca desmantelar estas estructuras ofreciendo incentivos financieros para la cooperación transfronteriza. Los proyectos deben involucrar al menos a cuatro Estados miembros de la UE para ser elegibles para financiación. El Fondo Europeo de Defensa, con un presupuesto de 8 000 millones de euros para el período 2021-2027, complementa estos esfuerzos. Sin embargo, en comparación con la magnitud de la investigación de defensa estadounidense, que gasta aproximadamente 28 000 millones de euros anuales solo en investigación, estas sumas siguen siendo modestas.

El poder de mercado de Estados Unidos se manifiesta no solo en el tamaño y la eficiencia de sus contratistas de defensa, sino también en su capacidad para influir en las decisiones de adquisición europeas. Entre 2015-2019 y 2020-2024, las importaciones de armas de los miembros europeos de la OTAN se duplicaron, y la participación estadounidense aumentó del 52 % al 64 %. Para sistemas críticos como la defensa antimisiles, los motores de aeronaves y los drones, Europa a menudo carece de alternativas competitivas. Alemania, por ejemplo, optó por el sistema de defensa antimisiles israelí-estadounidense Arrow 3, con un coste aproximado de 4 000 millones de euros, debido a que los sistemas europeos comparables no estaban disponibles o eran tecnológicamente inferiores.

Entre el gasto récord y las brechas de capacidad: la dimensión cuantitativa del cambio de paradigma

El gasto en defensa de los 27 Estados miembros de la UE alcanzó un récord de 343 000 millones de euros en 2024, lo que representa un aumento del 19 % con respecto al año anterior. La Agencia Europea de Defensa prevé un nuevo aumento, hasta los 381 000 millones de euros, para 2025. Esto significaría que, por primera vez, se superaría el objetivo de la OTAN del 2 % del PIB, un objetivo que la mayoría de los Estados europeos no han alcanzado durante muchos años. Medido como porcentaje del PIB, el gasto en 2024 ascendió aproximadamente al 1,9 % y se prevé que aumente al 2,1 % en 2025.

Sin embargo, estos aumentos enmascaran deficiencias estructurales. El nuevo objetivo de la OTAN, acordado en la cumbre de La Haya en junio de 2025, estipula que todos los Estados miembros deberán destinar un total del 5 % de su PIB a defensa para 2035: un 3,5 % al gasto de defensa tradicional y un 1,5 % adicional a infraestructura relacionada con la defensa. Para Alemania, esto significaría aumentar el gasto anual en defensa de los aproximadamente 90 000 millones de euros actuales a más de 200 000 millones de euros. Se estima que toda la UE deberá gastar más de 630 000 millones de euros anuales.

Estas cifras ilustran la magnitud de la inminente transformación económica. La inversión en defensa de la UE ya alcanzó el 31 % en 2024, muy por encima del objetivo de la OTAN del 20 %. Para 2025, se espera que esta participación aumente a 130 000 millones de euros, o el 34 %. Estas inversiones se destinan principalmente a la adquisición de equipos y a la investigación y el desarrollo.

La capacidad de producción de la industria armamentística europea crece a un ritmo histórico. Según un análisis de datos satelitales realizado por el Financial Times, las fábricas de armas europeas se han expandido tres veces más rápido desde 2022 que en tiempos de paz, ocupando actualmente más de siete millones de metros cuadrados de nuevo espacio industrial. Rheinmetall, por ejemplo, planea aumentar su producción de proyectiles de artillería a 700.000 unidades anuales, distribuidas en plantas de fabricación en Alemania, España, Sudáfrica y Australia. Se construyó una nueva planta de municiones en Unterlüß, Baja Sajonia, y se inauguró una planta de producción en Dinamarca con la asistencia del gobierno.

A pesar de esta expansión, persisten deficiencias críticas. En 2023, Europa contaba con 1627 carros de combate principales, pero necesita entre 2359 y 2920, según el escenario. Para sistemas de defensa aérea como Patriot y SAMP/T, solo había 35 unidades disponibles en 2024, mientras que se necesitarían 89. La OTAN exige una expansión masiva de la defensa aérea terrestre, de las 293 unidades actuales a 1467. Estas deficiencias de capacidad no pueden subsanarse a corto plazo, ya que desarrollar la capacidad de producción lleva años y requiere personal altamente cualificado, así como una planificación segura a largo plazo.

 

Centro de Seguridad y Defensa - Asesoramiento e Información

Centro de Seguridad y Defensa - Imagen: Xpert.Digital

El Centro de Seguridad y Defensa ofrece asesoramiento especializado e información actualizada para apoyar eficazmente a empresas y organizaciones en el fortalecimiento de su papel en la política europea de seguridad y defensa. En estrecha colaboración con el Grupo de Trabajo de Defensa SME Connect, promueve especialmente a las pequeñas y medianas empresas (pymes) que desean desarrollar aún más su capacidad de innovación y competitividad en el sector de la defensa. Como punto de contacto central, el Centro crea un puente crucial entre las pymes y la estrategia europea de defensa.

Relacionado con esto:

 

Cómo la guerra en Ucrania está acelerando la innovación armamentística en Europa

La guerra como motor de innovación: Ucrania como campo de pruebas y aliado estratégico

Un avance notable en el sector de defensa europeo es la creciente integración de la industria armamentística ucraniana. Desde el ataque ruso de 2022, Ucrania ha multiplicado por 35 su producción de defensa. El valor de la producción se multiplicó por diez entre 2021 y 2024, superando los 10 000 millones de euros, y podría triplicarse en 2025. El número de fabricantes de drones ha crecido de siete a más de 500 empresas, con una producción anual de más de cuatro millones de unidades. En el sector de la guerra electrónica, el número de empresas ha aumentado de 10 a más de 300.

La iniciativa BraveTech-UE, anunciada en la Conferencia de Recuperación de Ucrania celebrada en Roma en julio de 2025, institucionaliza esta cooperación. Con un presupuesto total de 100 millones de euros, financiados a partes iguales por la UE y Ucrania, el programa conecta la plataforma ucraniana BRAVE1 con instrumentos de la UE como el Fondo Europeo de Defensa. La plataforma BRAVE1 ha registrado más de 3500 desarrollos, codificado más de 260 según los estándares de la OTAN y otorgado subvenciones por valor de 1300 millones de grivnas.

Para las empresas europeas, Ucrania ofrece una ventaja única: la oportunidad de probar tecnologías en condiciones reales de combate. Empresas alemanas como Diehl Defence están probando sus sistemas robóticos mediante BRAVE1 en el centro de entrenamiento de la 3.ª Brigada de Asalto. Estas pruebas proporcionan información que no se puede obtener en ningún laboratorio o simulador y aceleran significativamente los ciclos de desarrollo. El gobierno ucraniano planea inversiones récord de 16 000 millones de euros para la producción y adquisición de armas para 2025, lo que representa aproximadamente el 38 % del presupuesto estatal y 20 veces el gasto de preguerra.

Sin embargo, la capacidad de producción ucraniana solo se utiliza en torno al 40 %, debido principalmente a la protección inadecuada de las instalaciones de producción y a la falta de financiación. Las empresas armamentísticas ucranianas presionan para obtener derechos de exportación, ya que pueden producir más de lo que el país consume. Los líderes de la industria argumentan que las exportaciones permitirían la producción en masa necesaria para reducir costes y fortalecer la defensa nacional. Este debate revela una tensión fundamental entre las necesidades militares a corto plazo y las estructuras industriales a largo plazo.

Relacionado con esto:

El alto precio de la seguridad: riesgos económicos y agitación política

El masivo desarrollo militar de Europa conlleva importantes riesgos económicos, sociales y geopolíticos. En términos fiscales, el objetivo del 5% de la OTAN implica una drástica reasignación de recursos públicos. Para Alemania, esto requeriría un gasto adicional de más de 100 000 millones de euros anuales, equivalente a más del 40 % del presupuesto federal actual. Estos fondos deben obtenerse mediante subidas de impuestos, nuevos préstamos o recortes en otras áreas. Cada una de estas opciones conlleva considerables riesgos políticos y económicos.

La cuestión de la priorización es cada vez más controvertida. Si bien las inversiones en equipos de defensa crean empleo y estimulan la demanda a corto plazo, no generan aumentos de productividad a largo plazo como las inversiones en educación, infraestructura o investigación. El informe Draghi sobre la competitividad europea, presentado en septiembre de 2024, enfatiza la necesidad de inversiones masivas en innovación, descarbonización y desarrollo de una industria de defensa independiente. Sin embargo, perseguir todos estos objetivos simultáneamente requiere inversiones a una escala nunca vista en Europa desde el Plan Marshall.

Otro riesgo estructural reside en las dependencias tecnológicas. La industria de defensa europea depende de suministros en áreas críticas sujetas a riesgos geopolíticos. Taiwán produce más del 90 % de los semiconductores más avanzados del mundo. Estos chips son indispensables para los sistemas de armas modernos, desde misiles guiados y drones hasta sistemas de comunicación. Una escalada militar en el conflicto de Taiwán afectaría drásticamente a la industria de defensa europea y podría provocar pérdidas estimadas en 500 000 millones de dólares. Si bien Europa está invirtiendo en el desarrollo de su propia capacidad de semiconductores, su dependencia de Taiwán persistirá en el futuro previsible.

La política de exportación de armas sigue siendo un foco de controversias en materia ética y de seguridad. Las exportaciones de armas alemanas a Arabia Saudí, país controvertido en la guerra de Yemen, han sido criticadas reiteradamente y restringidas temporalmente. Existen debates similares respecto a las entregas a Turquía. El equilibrio entre los intereses económicos de la industria armamentística, las consideraciones de política de seguridad y las normas de derechos humanos sigue siendo precario. El EDIP agrava este dilema, ya que pretende, por un lado, fortalecer la capacidad de producción europea, pero, por otro, podría facilitar las exportaciones a terceros países.

La consolidación de la industria armamentística europea avanza con lentitud y está plagada de conflictos. Si bien Rheinmetall y Leonardo han establecido una alianza estratégica para el mercado italiano de carros de combate y una empresa conjunta con un volumen superior a los 20 000 millones de euros, los intereses nacionales siguen predominando. El proyecto franco-alemán del Sistema Principal de Combate Terrestre (MACS), el carro de combate del futuro, está paralizado por disputas jurisdiccionales y consideraciones nacionales. Su introducción, prevista inicialmente para 2035, se ha pospuesto para después de 2040. En un momento en que la velocidad en la carrera armamentística se está convirtiendo cada vez más en el factor decisivo para el éxito, esta parálisis pone en peligro la capacidad estratégica de Europa.

Entre la autonomía estratégica y el fracaso: tres escenarios de futuro

El futuro de la industria de defensa europea está determinado por diversos factores, cuya interacción conlleva una considerable incertidumbre. En el escenario optimista, Europa lograría superar la fragmentación y alcanzar economías de escala mediante la coordinación de adquisiciones y producción. Las inversiones en investigación y desarrollo cerrarían brechas tecnológicas, en particular en defensa aérea, municiones de precisión y sistemas autónomos. La cooperación con Ucrania integraría innovaciones probadas en combate en las líneas de producción europeas. En este escenario, Europa efectivamente obtendría el 60 % de su equipo de defensa de producción nacional para 2035 y fortalecería sustancialmente su autonomía estratégica.

El escenario moderado, más probable, prevé una mejora gradual, pero sin un cambio estructural fundamental. Las tradiciones nacionales de adquisición siguen siendo dominantes, y el presupuesto del EDIP es insuficiente para financiar proyectos verdaderamente transformadores. Europa reduciría su dependencia de EE. UU., pero no la superaría. La capacidad de producción crecería, pero a un ritmo más lento que la demanda. Los avances tecnológicos se mantendrían aislados, mientras que persistirían las ineficiencias estructurales. En este escenario, Europa seguiría importando entre el 40 % y el 50 % de sus sistemas de armas y solo sería competitiva a nivel mundial en áreas específicas.

El escenario pesimista presupone que las cargas fiscales provocarán agitación política. La necesidad simultánea de invertir en protección climática, infraestructura digital y estados de bienestar social desborda los presupuestos públicos. Los movimientos populistas ganan apoyo al presentar el gasto militar como un despilfarro de fondos públicos. La integración europea se ve presionada y aumentan las acciones nacionales unilaterales. En este escenario, el EDIP fracasaría, la fragmentación se agravaría y Europa perdería aún más su capacidad estratégica.

Las tecnologías disruptivas podrían transformar por completo el panorama de la planificación de la defensa europea. La inteligencia artificial, los sistemas de armas autónomos, los misiles hipersónicos y las armas espaciales ya están definiendo nuevas dimensiones de superioridad militar. China y Estados Unidos están invirtiendo fuertemente en estas áreas, mientras que Europa duda debido a preocupaciones regulatorias y debates éticos. Si Europa se queda atrás en estas tecnologías clave, las inversiones masivas en sistemas de armas convencionales podrían resultar un error de cálculo estratégico.

Las crisis geopolíticas siguen siendo el mayor riesgo. Una escalada militar en el conflicto de Taiwán interrumpiría las cadenas de suministro globales y privaría a Europa de importaciones de tecnología crucial. Una retirada estadounidense de la OTAN, concebible en ciertas circunstancias políticas, obligaría a Europa a acelerar drásticamente sus capacidades de defensa. Por el contrario, una desescalada de la guerra en Ucrania podría reducir la presión política para el rearme y provocar nuevos recortes antes de que se resuelvan los problemas estructurales.

Catalizador o política simbólica: Una evaluación final del cambio de rumbo en la política de defensa

El Programa Europeo de la Industria de Defensa (PEED) marca un punto de inflexión histórico. Por primera vez en décadas, Europa reconoce la necesidad de una inversión sustancial en su industria de defensa y se compromete a superar la fragmentación nacional. Sin embargo, con 1.500 millones de euros, el presupuesto del PEED dista mucho de lo que se necesitaría para un verdadero cambio estructural. En comparación, el fondo especial alemán de 100.000 millones de euros es 66 veces mayor que el presupuesto total del PEED.

La cuestión estratégica central es si Europa está preparada para asumir los costes económicos y políticos necesarios. Alcanzar el objetivo del 5% le costaría a Europa más de 630 000 millones de euros anuales, más del doble del gasto actual. Es necesario movilizar estos fondos, a la vez que se requieren inversiones masivas en descarbonización, transformación digital y sistemas de seguridad social. La cuestión no es si Europa puede recaudar estos fondos, sino si tiene la voluntad política para gestionar los conflictos distributivos asociados.

Se abren importantes oportunidades de crecimiento para las empresas, especialmente en el sector tecnológico. Las tecnologías de doble uso, que pueden implementarse tanto con fines civiles como militares, se están convirtiendo en un foco de atención política. Las pymes y las startups están obteniendo acceso a financiación y mercados que antes no tenían a su disposición gracias a instrumentos como el EUDIS. La iniciativa BraveTech de la UE ofrece oportunidades adicionales de cooperación con tecnología de defensa ucraniana de eficacia probada en combate. Las empresas que entren pronto en estos mercados podrán obtener ventajas competitivas a largo plazo.

Para los responsables políticos, el cambio en la política de defensa exige una recalibración de las prioridades fiscales, industriales y de política exterior. El freno a la deuda, considerado durante mucho tiempo innegociable en Alemania, ahora está en debate. La integración europea debe demostrar su valía en la política de defensa, un ámbito que tradicionalmente simboliza la soberanía nacional. Es necesario reajustar el equilibrio entre la lealtad a la alianza con EE. UU. y la autonomía estratégica de Europa.

Para los inversores, el cambio en la política de defensa señala un cambio fundamental en los flujos de capital. Acciones de defensa como Rheinmetall han multiplicado su valor desde 2022. La cartera de pedidos de las empresas europeas de defensa se encuentra en niveles récord. KNDS, con una cartera de pedidos de 23.500 millones de euros, planea una OPV que busca convertir a la compañía en un referente europeo. Sin embargo, este desarrollo también conlleva riesgos. Las acciones de defensa son volátiles y reaccionan con sensibilidad a los acontecimientos geopolíticos y a los cambios de gobierno. Las controversias éticas en torno a las exportaciones de armas podrían dar lugar a regulaciones más estrictas.

La importancia a largo plazo del EDIP se medirá por su éxito en la superación de las debilidades estructurales de la industria de defensa europea. La fragmentación en más de 170 sistemas de armas, la falta de consolidación, la dependencia de importaciones críticas y la insuficiente inversión en investigación son problemas acumulados durante décadas. No pueden resolverse con un presupuesto de 1.500 millones de euros y un plazo de tres años. En el mejor de los casos, el EDIP puede actuar como catalizador, impulsando reformas de mayor alcance. Si no lo hace, pasará a la historia como una costosa política simbólica, otra oportunidad perdida para un continente que reconoció los signos de los tiempos pero no actuó a tiempo.

El análisis económico muestra que la transformación de la defensa europea está retrasada, cuenta con financiación insuficiente y conlleva riesgos considerables. Su éxito determinará no solo la capacidad militar del continente, sino también su competitividad económica, su coherencia política y su papel en un orden mundial cada vez más multipolar. Los próximos años revelarán si Europa posee la voluntad y los recursos necesarios para emprender esta transformación. La alternativa sería una progresiva marginación estratégica en un mundo donde la fuerza militar se ha convertido, una vez más, en la moneda del poder geopolítico.

 

Consultoría - Planificación - Implementación

Markus Becker

Estaré encantado de servir como su asesor personal.

Jefe de Desarrollo de Negocios

Presidente del Grupo de Trabajo de Defensa de SME Connect

LinkedIn

 

 

 

Consultoría - Planificación - Implementación

Konrad Wolfenstein

Estaré encantado de servir como su asesor personal.

Puedes contactarme en wolfensteinxpert.digital o

Llámame al +49 7348 4088 965 .

LinkedIn
 

 

 

Sus expertos en logística de doble uso

Expertos en logística de doble uso - Imagen: Xpert.Digital

La economía global está experimentando una transformación fundamental, un momento decisivo que está sacudiendo los cimientos de la logística global. La era de la hiperglobalización, caracterizada por la búsqueda incesante de la máxima eficiencia y el principio del "justo a tiempo", está dando paso a una nueva realidad. Esta nueva realidad se caracteriza por profundas rupturas estructurales, cambios de poder geopolítico y una creciente fragmentación de la política económica. La previsibilidad, antes considerada como algo natural, de los mercados internacionales y las cadenas de suministro se está desvaneciendo y dando paso a un período de creciente incertidumbre.

Relacionado con esto:

Salir de la versión móvil