DeepL y la gran rendición: ¿Por qué la empresa insignia de Europa se está pasando a la infraestructura estadounidense?
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Xpert.Digital bei Google bevorzugenⓘPublicado el: 20 de mayo de 2026 / Actualizado el: 20 de mayo de 2026 – Autor: Konrad Wolfenstein

DeepL y la gran rendición: ¿Por qué la empresa insignia de Europa se está pasando a la infraestructura estadounidense? – Imagen: Xpert.Digital
Las esperanzas de Europa en la IA se desmoronan: esto es lo que hay detrás del drástico cambio de estrategia de DeepL
La Ley CLOUD entra en acción: ¿Corren peligro pronto las traducciones confidenciales de DeepL?
DeepL incumple su promesa más importante: ¿Por qué el gigante alemán de la IA se está pasando repentinamente a Amazon (AWS)?
DeepL fue considerada durante mucho tiempo la prueba fehaciente de que Europa no solo podía mantenerse a la par tecnológicamente en la carrera global de la IA, sino también hacerlo manteniendo la más estricta soberanía de datos. Pero ahora, la empresa insignia con sede en Colonia está dando un paso drástico: el procesamiento de datos se subcontratará parcialmente al gigante estadounidense Amazon Web Services (AWS). Quienes no acepten los nuevos términos y condiciones se enfrentarán al despido. Lo que DeepL considera un paso económicamente lógico y necesario para su expansión global, tras un análisis más profundo, se revela como una acusación contundente contra la economía digital europea. Nuestro análisis exhaustivo revela por qué el principal argumento de venta de DeepL —la protección absoluta contra el acceso del gobierno estadounidense— ahora muestra fisuras, cómo la Ley CLOUD de EE. UU. socava los esfuerzos europeos de protección de datos y por qué esta medida debe servir como una llamada de atención urgente para los responsables políticos y las empresas.
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El 20 de mayo de 2026, se cerrará un capítulo en la historia de la economía digital europea, un capítulo que durante mucho tiempo se consideró prueba de que la soberanía de los datos y la excelencia tecnológica son compatibles. DeepL, el servicio de traducción con sede en Colonia que durante años se posicionó como una alternativa respetuosa con la privacidad frente a los gigantes tecnológicos estadounidenses, externalizará parcialmente su procesamiento de datos a Amazon Web Services (AWS). Esta decisión no es simplemente un punto de inflexión en la historia corporativa de una sola startup. Es un síntoma que pone de manifiesto las profundas deficiencias estructurales de la economía digital europea y una llamada de atención que los responsables políticos, las empresas y la sociedad en general deberían tomar en serio.
Quienes no hayan presentado objeciones a DeepL antes del 19 de mayo de 2026, habrán aceptado tácitamente un cambio fundamental en las prácticas de procesamiento de datos. Quienes se opongan recibirán notificaciones de rescisión de contrato a más tardar el 31 de diciembre de 2026. Con esta lógica binaria de aceptar o abandonar, DeepL no ha dejado a sus clientes otra opción. Lo que queda es la cruda realidad: el argumento más sólido que DeepL esgrimió durante años contra Google Translate, Microsoft Translator y otros competidores —a saber, el procesamiento exclusivo de datos en sus propios servidores europeos— ha perdido vigencia.
Cómo DeepL se convirtió en un símbolo de la fortaleza digital europea
Para comprender la importancia de este paso, es necesario considerar la trayectoria de DeepL en los últimos años. La empresa se fundó en 2016 como una escisión de Linguee GmbH y fue establecida en 2017 por Jaroslaw Kutylowski como un servicio independiente de traducción con IA. Lo que siguió fue una de las historias de crecimiento más impresionantes en el panorama de las startups alemanas. DeepL fue rentable desde el principio, algo poco común en un sector donde las pérdidas se consideran una estrategia de crecimiento.
En 2023, la valoración de la empresa superó los mil millones de euros por primera vez. En mayo de 2024, Index Ventures lideró una ronda de financiación de 300 millones de dólares, con la participación de ICONIQ Growth, Teachers' Venture Growth, IVP, Atomico y WiL. Esto elevó la valoración de la empresa a dos mil millones de dólares, convirtiendo a DeepL en la empresa alemana de IA más valiosa. Más de 100 000 empresas, gobiernos e instituciones de todo el mundo utilizan el servicio, entre ellas Deutsche Bahn, Zendesk, Nikkei y Coursera. La empresa, con sede en Colonia, cuenta con más de 900 empleados y actualmente ofrece soporte para 32 idiomas, siendo considerada líder tecnológico en traducción automática.
Lo que hacía especial a DeepL no era solo la calidad de sus traducciones, que habitualmente se consideran superiores a las de Google Translate. Era la promesa que respaldaba este logro tecnológico: traducciones seguras y de alta precisión, procesadas en servidores europeos, sin compartir datos con empresas estadounidenses y en cumplimiento del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Para bufetes de abogados, consultoras, instituciones de investigación, agencias gubernamentales y cualquier otra entidad que necesite traducir textos confidenciales, esta promesa fue el factor decisivo. Por lo tanto, DeepL era más una filosofía que un producto.
Qué significa en términos concretos el cambio en los términos y condiciones
La comunicación oficial de DeepL busca tranquilizar a los clientes. AWS se está integrando a los servicios como subprocesador para mejorar la fiabilidad, la escalabilidad y el alcance global. Los datos permanecerán cifrados tanto en tránsito como en reposo. AWS no controlará ni accederá a los datos de los clientes de forma utilizable. Los clientes empresariales tendrán la opción de gestionar sus propias claves criptográficas y revocar el acceso a los datos en cualquier momento mediante la tecnología BYOK (Bring Your Own Key).
Técnicamente, esto no es una contradicción. Los datos pueden residir en servidores de AWS y aun así procesarse de forma que se impida el acceso directo al contenido. DeepL también destaca que sigue cumpliendo con todas las certificaciones pertinentes: la certificación BSI C5 Tipo 2, HIPAA, GDPR, ISO 27001 y SOC 2 Tipo 2. En los casos en que los datos se procesan fuera del Espacio Económico Europeo, se han implementado cláusulas contractuales estándar de la Comisión Europea.
Desde una perspectiva legal, sin embargo, la situación es más compleja de lo que DeepL describe en sus comunicaciones con los clientes. Si bien DeepL elaboró una Evaluación de Impacto en la Transferencia (EIT) para AWS, fechada en febrero de 2026 y que consta de siete páginas en formato tabular, los expertos en protección de datos consideran que el documento es más un análisis descriptivo que una evaluación de riesgos propiamente dicha. Esto no es un asunto menor: la cláusula 14 de las Cláusulas Contractuales Tipo de la Comisión Europea exige una evaluación de riesgos sustancial que valore el nivel real de protección jurídica en el país receptor, y es precisamente ahí donde comienza el verdadero problema.
La Ley CLOUD: La espada sobre los datos
La Ley CLOUD de EE. UU., firmada por Donald Trump en marzo de 2018, es una de las leyes más importantes en materia de protección de datos a nivel internacional. Sus siglas significan «Ley para la Aclaración del Uso Legal de Datos en el Extranjero» y regula las condiciones bajo las cuales las fuerzas del orden estadounidenses pueden acceder a datos de empresas estadounidenses, incluso si estos se almacenan fuera de EE. UU. La implicación crucial es que los datos no necesitan transferirse a EE. UU. para que las autoridades estadounidenses soliciten acceso. Sin embargo, las empresas estadounidenses que operan servidores en Europa están sujetas a la Ley CLOUD.
Amazon es una empresa estadounidense. Los servidores de AWS pueden estar ubicados en Fráncfort, Dublín o París, pero Amazon sigue siendo el operador. Esto significa que, si las autoridades estadounidenses contactan legalmente a AWS en virtud de la Ley CLOUD, AWS generalmente está obligada a revelar datos. Si bien los tribunales estadounidenses pueden bloquear este proceso si afecta a ciudadanos no estadounidenses, no están obligados a hacerlo. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) no ofrece ninguna contraparte legalmente vinculante en este caso. Las leyes europeas de protección de datos se aplican dentro del territorio de la UE; la legislación estadounidense se aplica globalmente a través de las empresas estadounidenses.
En términos prácticos, esto significa que cualquiera que traduzca textos con DeepL sin una suscripción empresarial y sin la gestión de claves BYOK acepta, en teoría, la posibilidad de que las autoridades estadounidenses accedan a estos datos. No se trata de un escenario hipotético para defensores paranoicos de la privacidad. Es un riesgo legalmente definido que afecta a todos aquellos que utilizan una herramienta de traducción para traducir textos confidenciales de la empresa, documentos legales, comunicaciones internas o información comercial sensible. Universidades y agencias federales ya han comenzado a revisar los términos de servicio de DeepL.
El dilema estructural: escalar sin infraestructura
DeepL no es un caso aislado. La decisión de depender de la infraestructura de AWS refleja un problema estructural generalizado en la economía digital europea que afecta a casi todas las empresas de IA en crecimiento. La esencia del problema se resume en una frase: Europa tiene las ideas, el talento y, cada vez más, el dinero para la IA, pero carece de la infraestructura necesaria para operar esta IA a escala global.
Más del 80 % de las tecnologías digitales críticas en Europa dependen de proveedores no europeos. Esta dependencia es particularmente marcada en las infraestructuras en la nube y los modelos de IA, dominados por empresas estadounidenses y chinas. El 70 % de los principales modelos de IA del mundo tienen su origen en Estados Unidos, mientras que Europa representa solo el 7 % de las aplicaciones globales en software, internet y microchips. Únicamente cuatro de las 50 empresas tecnológicas líderes a nivel mundial tienen su sede en Europa.
El principal obstáculo para la escalabilidad de la IA son las unidades de procesamiento gráfico (GPU). El parque de computación pública para IA de Europa cuenta actualmente con decenas de miles de aceleradores GPU; un solo gran centro de datos estadounidense ya supera esta capacidad. Nvidia controla entre el 80 y el 90 por ciento del mercado de aceleradores de IA; prácticamente todos los proyectos europeos de IA, incluso aquellos que operan bajo el pretexto de la soberanía digital, se ejecutan en hardware de Nvidia. El EuroHPC JUPITER en Jülich, el primer ordenador de exaescala de Europa y un referente de la infraestructura informática europea, funciona con alrededor de 24 000 superchips NVIDIA GH200.
Así pues, si una empresa como DeepL quiere expandirse —más allá de las fronteras europeas, hacia los mercados americano y asiático, donde reside el potencial de crecimiento decisivo—, rápidamente se topa con los límites de la infraestructura disponible. AWS, Microsoft Azure y Google Cloud ofrecen la capacidad necesaria. Existen alternativas europeas, sobre todo OVHcloud, Hetzner y Telekom Cloud, que están en auge, pero aún no proporcionan el alcance global ni la escalabilidad que una empresa como DeepL necesita para sus operaciones. Por lo tanto, esta decisión no es un fracaso de ninguna empresa en particular, sino una reacción racionalmente comprensible ante las condiciones marco que Europa no ha logrado crear durante décadas.
El déficit de capital como factor determinante de la dependencia de la infraestructura
Una razón fundamental para la falta de infraestructura europea radica en los niveles de inversión crónicamente dispares. Entre 2020 y 2025, Estados Unidos invirtió 1,33 billones de euros en capital riesgo, de los cuales el 34 % se destinó a la IA. Europa invirtió 252.000 millones de euros durante el mismo periodo, de los cuales solo el 18 % se invirtió en startups de IA. China, con 425.000 millones de dólares y una participación del 19 % en IA, se sitúa en un punto intermedio. En las grandes rondas de financiación que superan los 25 millones de euros, la participación de los inversores europeos se reduce a apenas el 26 %; la mayor parte de la financiación para el crecimiento en fases avanzadas proviene de inversores estadounidenses y británicos.
Esto da lugar a una situación paradójica: las startups europeas de IA crecen con capital extranjero y en infraestructura extranjera. Si Index Ventures, ICONIQ Growth y Teachers' Venture Growth son los mayores inversores de DeepL, no debería sorprender que la empresa, tarde o temprano, dependa infraestructuralmente de proveedores estadounidenses. El capital y la infraestructura provienen de la misma fuente; a largo plazo, es difícil aceptar uno sin aceptar el otro. La acumulación de inversiones también se manifiesta en la influencia política. Con su Plan de Acción para el Continente de la IA, la Comisión Europea presentó en abril de 2025 un ambicioso programa: 13 fábricas de IA en superordenadores europeos, una iniciativa InvestAI con un volumen total de 200.000 millones de euros, incluyendo 20.000 millones para infraestructura de centros de datos, y la planificación de gigafábricas de IA, cada una con más de 100.000 GPU. Esto suena a un compromiso serio. Sin embargo, no se espera que la primera de estas gigafábricas esté operativa hasta 2027. Hasta entonces, las empresas europeas deciden a diario qué infraestructura utilizan, y la capacidad disponible actualmente está casi en su totalidad en manos estadounidenses.
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Por qué fracasó Gaia-X y qué necesita construir Europa ahora
Gaia-X y la miseria de las iniciativas de infraestructura europeas
Quien quiera hablar de soberanía digital europea no puede ignorar Gaia-X. Lanzado en 2019 como un prestigioso proyecto alemán, este ecosistema en la nube tenía como objetivo dotar a Europa de su propia infraestructura de datos soberana y acabar con su dependencia de AWS, Azure y Google Cloud. La lista inicial de participantes fue impresionante: Bosch, Siemens, SAP, Deutsche Telekom, la Federación de Industrias Alemanas (BDI), Bitkom y muchas otras empresas e instituciones se unieron a la iniciativa. Lo que siguió fue uno de los análisis más instructivos sobre los fallos de la política digital europea.
La burocracia europea obstaculizó el proyecto desde el principio. Peor aún, los gigantes estadounidenses —Microsoft, Amazon y Google— cuyo dominio Gaia-X pretendía contrarrestar, fueron admitidos como miembros. Nextcloud, miembro fundador, se retiró públicamente, criticando la iniciativa por verse frenada por la lenta maquinaria de los proyectos de innovación controlados por el Estado. Sin embargo, Gaia-X no ha fracasado; simplemente ha cambiado fundamentalmente su objetivo. Lo que comenzó como un ambicioso proyecto de plataforma en la nube se ha convertido en un marco para espacios de datos seguros que coexiste con los gigantes en lugar de competir contra ellos. Esto es útil, pero no es lo que se había previsto originalmente.
El fracaso del concepto inicial de Gaia-X como nube europea independiente es sintomático. Existía la voluntad política, pero faltaba la coordinación. No había voluntad de clasificar la infraestructura como estratégicamente crítica ni de respaldarla con los volúmenes de inversión correspondientes. En su lugar, Europa recurrió a la regulación: el RGPD, la Ley de IA, la Ley de Datos y la Ley de Mercados Digitales. Estas regulaciones son importantes y lógicas. Pero no crean servidores, GPU ni conexiones de fibra óptica. Regulan lo que se puede hacer con la infraestructura existente, no la existencia de la infraestructura europea en sí misma.
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La base geopolítica: Cuando las empresas tecnológicas se convierten en armas
La decisión de DeepL llega en un momento en que la dimensión geopolítica de las dependencias digitales ya no es abstracta. Los economistas advierten explícitamente que el gobierno estadounidense, bajo la presidencia de Donald Trump, podría utilizar a las empresas tecnológicas como arma política en el conflicto económico con Europa. Lo que parece una afirmación extrema, tras un análisis más detenido, resulta ser una descripción realista de posibles escenarios de escalada. Estados Unidos ya ha demostrado su uso de los controles a las exportaciones tecnológicas como instrumento de política exterior: las restricciones a la exportación de chips NVIDIA H100 a China en 2023 mostraron al mercado global de IA la rapidez con la que la capacidad de procesamiento puede convertirse en moneda de cambio en las disputas comerciales.
Arthur Mensch, director ejecutivo de Mistral AI, una de las pocas empresas europeas que desarrolla sus propios modelos fundamentales de IA, lo resumió a la perfección: Europa solo tiene dos años para establecer su propia infraestructura de IA; de lo contrario, corre el riesgo de depender permanentemente de los gigantes tecnológicos estadounidenses, lo que la llevaría a la servidumbre digital. Si los proveedores estadounidenses monopolizan el mercado, los actores europeos no tendrán opciones. Quienes carecen de control sobre la capacidad de procesamiento no pueden imponer sus propios valores. En un mundo donde los servicios digitales cruciales se importan de Estados Unidos, Europa no tiene poder de negociación con Washington.
El análisis da en el clavo. La soberanía no es una declaración de intenciones, sino un hecho tangible. Quien canaliza sus datos a través de servidores propiedad de una empresa estadounidense acepta que la legislación estadounidense regirá ese flujo de datos. La Ley CLOUD establece una lógica jurídica extraterritorial que no puede ser neutralizada por completo por las leyes europeas de protección de datos. Esto no es alarmismo; es una realidad jurídica a la que las empresas e instituciones europeas que manejan datos confidenciales deben adaptarse.
Qué deben hacer ahora las empresas y los usuarios
Esto conlleva una consideración diferenciada de la sensibilidad de los datos al tomar decisiones específicas sobre su uso. Para quienes utilizan DeepL para traducir textos públicos, materiales de marketing o documentos comerciales generales sin contenido confidencial, en la práctica habrá pocos cambios. El cifrado, la calidad y las certificaciones se mantienen.
La situación es diferente para quienes eligieron DeepL específicamente por su arquitectura de servidor europea: bufetes de abogados que necesitan traducir la correspondencia de sus clientes, empresas farmacéuticas que procesan protocolos de ensayos clínicos, agencias gubernamentales que traducen documentos internos al inglés e instituciones de investigación que necesitan proteger datos no publicados. Para estos grupos de usuarios, la situación será radicalmente distinta después del 20 de mayo de 2026. Utilizar DeepL para este tipo de textos sin una suscripción empresarial y cifrado BYOK requeriría, como mínimo, una revisión exhaustiva desde la perspectiva del RGPD.
¿Qué alternativas existen? Quienes requieren soberanía total de datos tienen esencialmente cuatro opciones: primero, usar DeepL con una suscripción empresarial y cifrado BYOK, lo que al menos restablece parcialmente el control sobre el acceso a los datos; segundo, cambiar a servicios como Proton Lumo, que dependen explícitamente del almacenamiento de datos europeo; tercero, usar modelos de traducción implementables localmente en la propia infraestructura; y cuarto, usar servicios de IA basados en modelos de ponderación abierta como los de Mistral, que pueden operarse completamente en las instalaciones. Ninguna de estas opciones es tan conveniente y práctica para el uso diario como DeepL en su forma actual, pero ese es el precio de la falta de infraestructura europea.
La reticencia de Alemania y Telekom como un rayo de esperanza
En medio de estas debilidades estructurales, existen enfoques prometedores. Deutsche Telekom inauguró su Nube de IA Industrial en Múnich el 4 de febrero de 2026. Con una inversión de mil millones de euros, aproximadamente 10 000 GPU NVIDIA Blackwell y una capacidad de procesamiento de hasta 0,5 exaFLOPS, este centro es uno de los centros de datos de IA soberanos más potentes de Europa. Funciona con energía 100 % renovable, cumple con los estrictos estándares alemanes de protección de datos y está orientado a empresas, instituciones de investigación y organizaciones públicas. Esta instalación incrementa la capacidad total de computación de IA de Alemania en aproximadamente un 50 %.
Esto es significativo, pero aún así es una gota en el océano a escala global. Solo Microsoft ha anunciado planes para construir centros de datos con IA por valor de 80 mil millones de dólares para 2025. La asimetría entre la capacidad del sector privado que Estados Unidos está invirtiendo en infraestructura de IA y la de Europa es tan grande que ni siquiera las iniciativas nacionales más ambiciosas podrán cerrar la brecha fundamental en los próximos años. Europa no necesita una sola nube de Telekom en Múnich. Necesita diez, veinte o treinta centros similares, interconectados, coordinados y con una arquitectura de protección de datos capaz de resistir incluso demandas legales extraterritoriales.
Lo que la política debería aprender y lo que ha evitado hasta ahora
La historia de DeepL encierra una lección política que trasciende la economía digital. Europa ha asumido un papel de liderazgo mundial en la regulación de la IA en los últimos años. La Ley de IA de la UE es el primer marco regulatorio integral de IA del mundo. El RGPD ha influido en los estándares globales. La Ley de Mercados Digitales limita el poder de mercado de las principales plataformas. Todo esto es correcto e importante. Sin embargo, la regulación sin la infraestructura correspondiente crea un desequilibrio. Da lugar a normas estrictas para una infraestructura que no se posee ni se controla por completo. Es como imponer regulaciones ambientales estrictas a centrales eléctricas ubicadas en el extranjero.
La verdadera consecuencia del caso DeepL es que Europa no puede ganar su carrera por la soberanía digital a nivel regulatorio. Ya la ha ganado, al menos en el plano normativo. La competencia se libra a nivel de infraestructura: ¿Quién tiene los centros de datos? ¿Quién tiene los chips? ¿Quién tiene la capacidad energética? ¿Quién tiene las redes de banda ancha? Estas son las preguntas que determinarán si las empresas europeas de IA como DeepL pueden expandirse en suelo europeo en el futuro, o si, tarde o temprano, seguirán el mismo camino que DeepL.
Con su Plan de Acción para la IA, la Comisión Europea al menos ha marcado el rumbo. Los 200.000 millones de euros previstos para infraestructura de IA, las gigafábricas de IA y la integración de EuroHPC en una arquitectura informática compatible con la IA son las respuestas adecuadas a las preguntas correctas. El reto reside en la velocidad. Cada empresa europea de IA que crece hoy y no encuentra infraestructura europea está tomando una decisión que sentará precedente durante años. Una vez migrada a AWS, el esfuerzo necesario para volver a la infraestructura europea es considerable. El momento clave es cuando las empresas toman sus decisiones sobre infraestructura, no cuando se inaugure la gigafábrica europea en 2027.
Pérdida de confianza como daño económico
Más allá de las dimensiones técnicas y legales, el verdadero daño económico de la decisión sobre DeepL es una pérdida de reputación difícil de cuantificar, pero muy real. DeepL ha basado su modelo de negocio en la confianza durante años. No una confianza barata, sino una confianza valiosa: la confianza de las instituciones que pagan por la protección de datos y eligieron DeepL Pro por ser la alternativa segura y europea.
Esta confianza se ha visto seriamente afectada, como mínimo. La magnitud del daño se hará evidente en la rotación de clientes de los próximos meses. Para el mercado europeo de IA en general, esto representa una señal preocupante: incluso la startup estrella que había logrado combinar con éxito rentabilidad, excelencia tecnológica y privacidad de datos no podrá escapar a largo plazo a la influencia de la infraestructura estadounidense. Esto desanima a los inversores que veían la privacidad de datos europea como un factor diferenciador y una ventaja competitiva. También desanima a los clientes que confiaban en los proveedores europeos.
La pregunta verdaderamente crucial no es qué debería haber hecho DeepL de otra manera. DeepL actuó racionalmente como empresa: está creciendo, necesita infraestructura y eligió la que satisface las demandas globales. La pregunta es por qué, tras años de debate sobre soberanía digital, Europa es incapaz de proporcionar esta infraestructura. Y la respuesta es incómoda: porque Europa regula antes de construir, porque prioriza la burocracia sobre la inversión y porque aún no ha comprendido del todo la urgencia de la carrera tecnológica. DeepL no es el problema. DeepL es el reflejo de un fracaso a nivel continental.
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