Energía del norte de África: primero gas, luego hidrógeno verde: esto es lo que hay detrás del nuevo eje Berlín-Argel
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Prefiere Xpert.Digital en GoogleⓘPublicado el: 20 de julio de 2026 / Actualizado el: 20 de julio de 2026 – Autor: Konrad Wolfenstein

Energía del norte de África: primero gas, luego hidrógeno verde: esto es lo que hay detrás del nuevo eje Berlín-Argel. Imagen: Xpert.Digital
Por qué nuestro proyecto más importante ahora depende en gran medida de Italia
El canciller Merz apuesta por Argelia: este es el nuevo plan energético secreto de Alemania
Cuando el canciller Friedrich Merz recibió al presidente argelino Abdelmadjid Tebboune en Berlín, lo que estaba en juego era mucho más importante que las meras formalidades diplomáticas: afectaba directamente al pilar del suministro energético de Alemania. Tras el cese definitivo de los suministros de gas rusos, el norte de África se convirtió en el centro de la estrategia geopolítica. El plan era tan gigantesco como ambicioso: a corto plazo, se pretendía garantizar las reservas alemanas mediante el transporte masivo de gas por gasoducto. A largo plazo, un gasoducto de hidrógeno de 3.300 kilómetros a través del Mediterráneo impulsaría la transición energética alemana. Pero el pacto con el Estado autoritario planteaba no solo enormes obstáculos logísticos y financieros, sino también un dilema moral. ¿Acaso Alemania simplemente estaba intercambiando una dependencia crucial por otra? Un análisis profundo del nuevo eje estratégico entre Berlín y Argel.
Una visita de Estado con cálculos estratégicos
La visita de Estado tuvo lugar en Berlín el 16 de julio de 2026, por invitación del presidente federal Frank-Walter Steinmeier. Steinmeier recibió a Tebboune con honores militares en Villa Borsig, antes de reunirse con el canciller federal Merz en la Cancillería Federal por la tarde, tras lo cual ambos comparecieron juntos ante la prensa.
La coincidencia de fechas no fue casual. La visita se produjo en un periodo de gran incertidumbre geopolítica, ya que los precios del petróleo volvían a subir debido a los ataques estadounidenses contra Irán y las represalias iraníes en el Golfo, lo que puso de manifiesto la vulnerabilidad del suministro energético europeo a través del estrecho de Ormuz. El viaje adquirió mayor relevancia con la primera entrega directa de gas natural licuado (GNL) a Alemania por parte de la empresa estatal Sonatrach, que llegó a la terminal de importación de Wilhelmshaven el 2 de julio. Según el gobierno alemán, el objetivo oficial de la visita era fortalecer las relaciones bilaterales y abordar cuestiones de política energética y económica. Estuvo acompañada por una delegación empresarial de entre 100 y 150 representantes de empresas argelinas y un foro económico paralelo en Berlín. Esto aclara el contexto de la visita: representó la culminación política de la búsqueda cada vez más urgente de Berlín de socios energéticos estables desde el cese del suministro de gas ruso por gasoducto, una búsqueda intensificada aún más por la actual crisis en Oriente Medio.
Las conversaciones entre Merz y Tebboune giraron en torno a dos líneas de tiempo paralelas. A corto plazo, el enfoque se centra en el suministro adicional de gas natural licuado (GNL) para subsanar la actual escasez de suministro en Alemania. A largo plazo, el objetivo es construir una infraestructura energética completamente nueva para transportar hidrógeno verde desde el Sáhara argelino a través del Mediterráneo hasta el sur de Alemania. Estos dos proyectos están estrechamente vinculados, ya que es improbable que la solución para un futuro verde se materialice sin la solución provisional basada en combustibles fósiles. Este es el verdadero meollo de esta visita de Estado, un punto que a menudo se pasa por alto en el debate público.
El ascenso de Argelia hasta convertirse en el segundo proveedor de gas más importante de Europa
Pocos países se han beneficiado tanto del cambio de paradigma en la política energética europea como Argelia. En tan solo unos años, la nación norteafricana se convirtió en el segundo mayor proveedor de gas por gasoducto a la Unión Europea, como Merz destacó explícitamente en la reunión. Este desarrollo no era en absoluto algo que se diera por sentado. Argelia ya exporta entre 39 y 40 mil millones de metros cúbicos de gas al año a la Unión Europea, lo que corresponde aproximadamente al 13 o 14 por ciento de las importaciones europeas de gas. La ventaja decisiva sobre los suministros de gas natural licuado (GNL) de Qatar o Estados Unidos reside en la infraestructura de gasoductos, que lleva décadas en funcionamiento y opera de forma mucho más rentable y fiable que el transporte marítimo mediante buques cisterna.
La proximidad geográfica de Argelia a Europa representa una ventaja estructural sin parangón entre los principales países productores de gas del mundo. Desde 1983, el gas argelino fluye a través del gasoducto Transmed hacia Sicilia y, desde allí, a Italia y Europa Central, mientras que el gasoducto Medgaz proporciona una conexión directa con España. Con reservas probadas de gas natural estimadas entre 2,3 y 2,5 billones de metros cúbicos, Argelia cuenta con recursos suficientes para desempeñar este papel durante las próximas décadas. La producción anual actual ronda entre los 100 y los 105 mil millones de metros cúbicos, la gran mayoría de los cuales se exporta a la región mediterránea a través de los sistemas de gasoductos existentes.
La urgencia de esta alianza se ve acentuada por los riesgos geopolíticos en otras partes del mundo. Las tensiones en torno al estrecho de Ormuz han planteado repetidamente la cuestión de la vulnerabilidad real del suministro energético europeo. Los analistas ya han advertido que los precios del gas en Europa podrían superar los 100 euros por megavatio-hora si esta vía marítima estratégica permanece bloqueada durante un período prolongado. En este escenario, Argelia se posiciona explícitamente como un proveedor de reserva fiable y ha manifestado su disposición a redirigir los suministros en caso de crisis para paliar la escasez europea. Esta retórica de fiabilidad es también una hábil herramienta diplomática con la que Argel está aumentando sistemáticamente su valor para Europa.
El proyecto del hidrógeno como proyecto de prestigio geopolítico
Junto con la actual dependencia de los combustibles fósiles, el futuro del hidrógeno está adquiriendo cada vez más protagonismo en las relaciones bilaterales. El denominado Corredor Sur de H2 es el proyecto de infraestructura más ambicioso que se está debatiendo actualmente entre el norte de África y Europa Central. El plan contempla un gasoducto de aproximadamente 3.300 kilómetros de longitud, destinado a transportar hidrógeno verde desde Argelia y Túnez, pasando por Italia y Austria, hasta el sur de Alemania. Una parte importante de esta ruta puede utilizar gasoductos existentes, que requerirán mejoras técnicas y modernización, lo que reducirá considerablemente los costes en comparación con la construcción de un gasoducto completamente nuevo.
Durante su visita a Berlín, el presidente Tebboune describió el proyecto como una iniciativa emblemática de vital importancia para la expansión de las energías renovables. Merz habló de un proyecto sumamente interesante para ambas partes y anunció que lo impulsaría con determinación junto con Italia en los próximos meses. Esta elección de palabras es significativa, ya que denota un sentido de urgencia que faltaba en las anteriores declaraciones de intenciones entre los dos países. Existe un grupo de trabajo bilateral sobre hidrógeno entre Alemania y Argelia desde 2024, pero durante mucho tiempo, la voluntad política para su implementación concreta parecía expresarse más en anuncios que en avances reales en la construcción.
Argelia se ha fijado ambiciosos objetivos de exportación. Para 2040, el país aspira a cubrir el diez por ciento de la demanda total de hidrógeno de la Unión Europea. Se prevé una capacidad de hasta cuatro millones de toneladas de hidrógeno anuales para el corredor sur de hidrógeno para 2030. Estas cifras son impresionantes, pero se basan principalmente en estudios de viabilidad y declaraciones políticas de intenciones, no en decisiones de inversión vinculantes. La realización real de un proyecto de esta magnitud requiere miles de millones de euros en inversión en electrolizadores, centrales solares y eólicas en el Sáhara argelino, y la conversión de la infraestructura de gasoductos existente en cuatro países. Cada uno de estos componentes conlleva sus propios riesgos, desde problemas de financiación hasta obstáculos regulatorios en los países de tránsito de Túnez, Italia y Austria.
Interdependencia económica más allá del oleoducto
La cooperación en materia de política energética se enmarca dentro de una red mucho más amplia de relaciones económicas. Según cifras de 2023, el comercio bilateral entre Alemania y Argelia ascendió a aproximadamente 3.600 millones de euros. Durante la visita de Estado, se celebró un foro económico en Berlín, donde se firmaron alrededor de treinta nuevos acuerdos entre empresas alemanas y argelinas. Las prioridades de inversión abarcan desde la industria automotriz y la defensa y el equipamiento hasta los minerales críticos, la agricultura y el sector sanitario.
Según funcionarios del gobierno argelino, inversiones alemanas por un total aproximado de 900 millones de dólares están pendientes de aprobación por parte de la agencia central de inversiones de Argelia. Esta cifra ilustra los importantes obstáculos burocráticos y regulatorios que, en la práctica, disuaden a los inversores privados de llevar a cabo los proyectos previstos. En este contexto, Merz hizo hincapié en la necesidad de seguridad jurídica y de procesos fiables y transparentes, una indicación diplomática de que, desde la perspectiva empresarial alemana, el clima de inversión en Argelia aún tiene un amplio margen de mejora.
La declaración conjunta de ambos países esboza una agenda estratégica que va mucho más allá de las cuestiones energéticas. Identifica áreas de cooperación como la transición energética, las infraestructuras, el sector tecnológico, el transporte, la salud y la industria farmacéutica, las materias primas críticas, la agricultura y la industria. Esto se complementa con la intención de intensificar las relaciones culturales y científicas, así como la cooperación en materia de migración, seguridad y defensa. Esta amplitud temática demuestra que Berlín ya no considera a Argelia simplemente como un proveedor de materias primas, sino como un potencial socio estratégico en una región que está adquiriendo cada vez más importancia para Europa por diversas razones.
El oleoducto transahariano como baza adicional
Además del corredor de hidrógeno, Argelia está impulsando otro proyecto importante que podría consolidar aún más su papel como centro energético entre África y Europa. El gasoducto transahariano, cuya construcción está prevista, conectará los yacimientos de gas nigerianos con territorio argelino a lo largo de unos 4.000 kilómetros y transportará gas adicional a Europa desde allí a través de la infraestructura existente de Transmed y Medgaz. Con una capacidad anual prevista de 30.000 millones de metros cúbicos, este proyecto, cuya construcción se ha anunciado para este año, podría ampliar significativamente el papel de Argelia como país de tránsito para el gas de África Occidental.
Este gasoducto, sin embargo, ha estado en la agenda política durante décadas y se ha pospuesto repetidamente por razones financieras y de seguridad. La ruta atraviesa regiones políticamente inestables de Níger y el sur de Argelia, donde operan grupos yihadistas y redes de contrabando. Si bien el actual realineamiento geopolítico de Europa tras el cese del suministro de gas ruso ha dado un nuevo impulso al proyecto, los riesgos estructurales permanecen inalterados. El gas representa actualmente alrededor del 90% de los ingresos por exportaciones de Argelia, mientras que la producción de los yacimientos maduros existentes está disminuyendo gradualmente, lo que hace que la necesidad de nuevas áreas de producción y rutas de transporte sea vital para la propia Argelia.
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Relación energética germano-argelina: ¿Diversificación o nueva dependencia?
La dependencia económica como arma de doble filo
Desde la perspectiva alemana, surge inevitablemente la pregunta de si la intensificación de la colaboración con Argelia representa realmente una diversificación o simplemente un cambio de dependencia de un régimen autoritario a otro. Argelia ha estado gobernada durante décadas por una élite política dominada por los militares, en la que el presidente Tebboune, a pesar de contar con instituciones electas, es considerado un representante civil relativamente débil de un poderoso aparato militar. Organizaciones de derechos humanos llevan años criticando las restricciones a la libertad de prensa y de reunión en el país. Para la política energética alemana, que, tras su experiencia con Rusia, pretendía centrarse más en colaboraciones basadas en valores compartidos, esto genera un conflicto de objetivos entre la seguridad del suministro a corto plazo y la coherencia estratégica a largo plazo.
Al mismo tiempo, es importante distinguir Argelia de Rusia. El país no persigue una política exterior imperialista hacia Europa y no tiene interés directo en utilizar el suministro energético como arma política, como ha demostrado Moscú desde 2022. La supervivencia económica de Argelia depende en gran medida de unas exportaciones energéticas estables a Europa, lo que genera cierto grado de interdependencia y, por ende, de confianza mutua. El presidente Tebboune hizo hincapié en este punto durante su visita a Berlín, describiendo a su país como un proveedor fiable y digno de confianza y destacando la importancia estratégica de la cooperación con Alemania.
No obstante, persiste un riesgo fundamental. Los sistemas autoritarios son inherentemente menos predecibles que los socios comerciales democráticos, especialmente cuando las luchas internas por el poder o los problemas de sucesión cobran importancia. El sistema político argelino ha experimentado varios cambios abruptos en el pasado, como durante el llamado movimiento de protesta Hirak en 2019, que obligó al presidente Abdelaziz Bouteflika, quien llevaba mucho tiempo en el poder, a dimitir. Una alianza energética diseñada para durar décadas debe contemplar de forma realista estas incertidumbres, aunque rara vez se aborden explícitamente en las declaraciones oficiales del gobierno.
El papel de Italia como cuello de botella geográfico
Un aspecto a menudo subestimado de la alianza energética germano-argelina es el papel central de Italia como punto de tránsito geográfico tanto para el gas como para el futuro hidrógeno. Todas las rutas de gasoductos relevantes desde Argelia hasta Alemania pasan inevitablemente por territorio italiano, lo que convierte a Roma en un socio estructuralmente indispensable en este acuerdo trilateral. Durante su reunión con Tebboune, Merz enfatizó repetidamente que el corredor sur de hidrógeno debe impulsarse conjuntamente con Italia, revelando implícitamente cierta dependencia de la voluntad de cooperación del gobierno italiano.
Italia persigue ambiciosos planes para convertirse en un centro energético europeo para el gas y el hidrógeno del norte de África, lo que ofrece oportunidades para una estrecha cooperación y posibles conflictos de intereses con Alemania. Si Roma establece sus propias prioridades en cuanto a la asignación de capacidad o si se producen retrasos políticos internos en los procesos de aprobación, esto podría afectar significativamente el cronograma del corredor de hidrógeno. Esta participación de varios Estados hace que el proyecto sea más complejo que un acuerdo puramente bilateral germano-argelino y aumenta el número de posibles puntos de fricción donde podrían surgir retrasos.
La reducción del metano como proyecto paralelo de la política climática
Un aspecto de los acuerdos bilaterales que recibe poca atención en los informes públicos se refiere a la reducción de las emisiones de metano a lo largo de la cadena de suministro de petróleo y gas de Argelia. Alemania se ha ofrecido a apoyar a Argelia en el desarrollo de capacidades técnicas para prevenir fugas de metano, un proyecto en el que participan los Ministerios de Medio Ambiente y Economía alemanes. El metano es un gas de efecto invernadero significativamente más potente que el dióxido de carbono, y las fugas en las instalaciones de producción y las prácticas de quema de gas en la industria del petróleo y el gas se encuentran entre las fuentes de emisiones que dañan el clima más fáciles de abordar a nivel mundial.
Para Alemania, esta cooperación cumple un doble propósito. Mejora la huella de carbono de los combustibles fósiles importados, lo cual es importante a nivel nacional dados sus ambiciosos objetivos climáticos, y al mismo tiempo crea vínculos económicos adicionales entre las empresas tecnológicas alemanas y el sector energético argelino. Para Argelia, la colaboración significa acceso a la experiencia y al capital de inversión occidentales, que pueden centrarse específicamente en la modernización de su propia infraestructura de extracción. Este acuerdo secundario, aparentemente técnico, ejemplifica la estrecha interrelación entre los intereses económicos y los de política climática en la política exterior energética moderna.
Contexto histórico de la alianza energética germano-argelina
La actual intensificación de las relaciones se basa en una alianza energética entre ambos países que existe desde 2015. Esta plataforma interministerial sirvió inicialmente principalmente como plataforma para el diálogo sobre política energética y la promoción de energías renovables en Argelia, sin que se concretaran proyectos significativos en los primeros años. Fue solo la guerra de agresión rusa contra Ucrania y la posterior y abrupta disminución de los suministros de gas rusos lo que dio a la alianza un nuevo impulso, mucho más urgente. Ya en el verano de 2022, en medio de la grave crisis energética europea, Argelia anunció que aumentaría sus suministros de gas a Italia en cuatro mil millones de metros cúbicos anuales, además de los 21 mil millones de metros cúbicos ya acordados contractualmente.
Este progresivo fortalecimiento de las relaciones revela un patrón típico de la política exterior energética europea de los últimos años. Las crisis aceleran las alianzas que se han cultivado a un nivel bajo durante años, mientras que en los períodos de calma se observan pocos avances concretos. La actual visita de Tebboune a Berlín coincide con un período en el que el suministro europeo de gas vuelve a estar bajo presión, esta vez debido a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y la consiguiente incertidumbre sobre la navegabilidad del estrecho de Ormuz. Resulta significativo que los avances sustanciales en la política energética entre Alemania y Argelia casi siempre hayan estado vinculados a crisis externas agudas.
Perspectivas económicas para la propia Argelia
Desde la perspectiva argelina, la profundización de la alianza con Alemania ofrece una oportunidad única para la diversificación económica de un país cuyo presupuesto estatal depende en gran medida de los ingresos procedentes de los hidrocarburos. La economía argelina ha sufrido durante años la falta de diversificación, un elevado desempleo juvenil y un sector público sobredimensionado. La inversión extranjera directa, que asciende a varios cientos de millones de dólares, tal como se anunció en el Foro Económico de Berlín, podría contribuir a la creación de nuevas cadenas de valor industriales en el país, especialmente en los sectores de las energías renovables y la producción de hidrógeno.
En los últimos años, el gobierno argelino ha anunciado reiteradamente reformas para mejorar el clima de inversión, como la simplificación de los procesos de aprobación y la reducción de los obstáculos burocráticos para las empresas extranjeras. Sin embargo, el hecho de que inversiones alemanas por un total aproximado de 900 millones de dólares aún estén pendientes de aprobación demuestra que persiste una brecha significativa entre los anuncios políticos y su implementación práctica en Argelia. Esto sigue siendo un obstáculo importante para las empresas alemanas que desean invertir en el país, un obstáculo que no puede resolverse completamente solo mediante cumbres diplomáticas.
Asociación energética germano-argelina: pragmatismo en lugar de utopía climática
El fortalecimiento de las relaciones energéticas germano-argelinas refleja una política exterior pragmática, basada en intereses, que se ha alejado notablemente de las ambiciones basadas en valores de años anteriores. Alemania necesita gas adicional a corto plazo y una alternativa a las importaciones rusas por gasoducto a largo plazo, mientras que Argelia busca la modernización económica, capital de inversión y el reconocimiento internacional como socio fiable. Esta convergencia de intereses explica la rapidez con la que ambas partes avanzan actualmente, pero no debe ocultar los riesgos estructurales inherentes a una asociación de este tipo con un Estado autoritario y rico en recursos.
A pesar de toda la retórica política, el Corredor Sur de Hidrógeno sigue siendo un proyecto a largo plazo plagado de considerables incertidumbres técnicas, financieras y políticas. El Gasoducto Transahariano lleva décadas en la agenda sin haberse materializado, lo que exige cautela al evaluar nuevos anuncios. En realidad, Argelia adquirirá mayor importancia como proveedor de gas fósil en los próximos años, mientras que es improbable que el futuro del hidrógeno verde alcance volúmenes significativos antes de finales de la década. Para Alemania, esto significa que la alianza energética con Argelia es principalmente un instrumento para asegurar la fase de transición, más que un plan integral para un futuro energético completamente verde.
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