
Participaron y estuvieron de acuerdo, ahora están indignados: la trampa de los 500 mil millones: cómo los Verdes lograron su mayor autogol político. Imagen: Xpert.Digital
¿El mayor error, o incluso fraude, de la presidencia del canciller Merz? El gigantesco fraude presupuestario relacionado con nuestra infraestructura
Malversación del 95 por ciento: Cómo el gobierno está saqueando el fondo especial de 500 mil millones de euros
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En la primavera de 2025, un histórico fondo especial de 500.000 millones de euros debía allanar el camino hacia una Alemania moderna: renovando puentes deteriorados, digitalizando las escuelas y financiando la transición energética. Un año después, se ha revelado un desastre fiscal. Según destacados investigadores económicos, hasta el 95% de los nuevos miles de millones de euros de deuda no se destinaron a proyectos adicionales, sino que simplemente sirvieron para cubrir déficits en el presupuesto federal ordinario. Irónicamente, los Verdes, que bajo el canciller Friedrich Merz habían conseguido la mayoría de dos tercios necesaria para el gigantesco pacto de deuda, ahora están furiosos y acusan al gobierno de violar la Constitución. Pero la cruda realidad es que el partido cayó a sabiendas en una trampa de la que él mismo había advertido. Una lección sobre la ingenuidad política, la falta de garantías legales y la pregunta de quién pagará finalmente el precio de esta debacle multimillonaria.
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Se trata de una de las caricaturas políticas más notables de la historia reciente de Alemania: un partido que se considera el guardián de una política fiscal sostenible y el protector de la Constitución aprueba un gigantesco proyecto de deuda y, un año después, presenta una demanda alegando que el dinero se está utilizando de forma inconstitucional. Los Verdes y el fondo especial de 500.000 millones de euros son un ejemplo paradigmático de lo que ocurre cuando se alcanzan compromisos políticos bajo presión y en una situación excepcional, sin garantías jurídicas que protejan los principios fundamentales. El resultado es un desastre político-partidista y un desastre fiscal para Alemania.
La promesa: 500 mil millones para futuras inversiones
En marzo de 2025, Alemania entró en una nueva era de política fiscal. Incluso antes de la sesión del nuevo Bundestag, la CDU/CSU y el SPD acordaron un paquete de financiación multimillonario que comprendía dos elementos clave: la flexibilización del freno constitucional de la deuda para el gasto en defensa y la creación de un fondo especial de 500.000 millones de euros para infraestructuras y neutralidad climática, financiado mediante préstamos. Este fondo especial —conocido en adelante como SVIK— se destinaría durante doce años a la reparación de puentes deteriorados, la modernización de escuelas, la expansión de la red digital y la financiación de la transición hacia la neutralidad climática.
Se requería una mayoría de dos tercios en el Bundestag para enmendar la Ley Fundamental. La CDU/CSU y el SPD por sí solos no contaban con el quórum necesario. Necesitaban otro partido, y la elección recayó en Los Verdes, que, a pesar de haber abandonado el gobierno anterior, aún conservaban suficientes escaños en el antiguo Bundestag. Esto les otorgó una posición de negociación ventajosa: podían bloquear la legislación o contribuir a su elaboración. Optaron por lo segundo, pero con ciertas condiciones.
Los Verdes dudan, negocian y finalmente llegan a un acuerdo
Las negociaciones fueron tensas. Inicialmente, la dirección del Partido Verde, Katharina Dröge y Britta Haßelmann, recomendó rechazar el paquete. Su crítica era fundamental: el fondo especial, en su forma propuesta, estaba definido de manera demasiado vaga, el término "infraestructura" era demasiado amplio y, lo más importante, no existía ninguna garantía legal de que los préstamos se utilizarían exclusivamente para inversiones realmente adicionales. Dröge y sus compañeras de partido lucharon para que la palabra "adicionalidad" se consagrara directamente en la Ley Fundamental (la Constitución alemana). Sin este marco legal, advirtieron, el gobierno podría utilizar el fondo especial para reasignar partidas presupuestarias ya planificadas.
El candidato a canciller Friedrich Merz y el entonces líder del grupo parlamentario del SPD, Lars Klingbeil, aseguraron verbalmente a los Verdes que el dinero se destinaría a inversiones adicionales genuinas. Además, se reservaron explícitamente 100.000 millones de euros para la protección del clima. Esto, al parecer, bastó para que la mayoría del grupo parlamentario de los Verdes aprobara la medida. El 18 de marzo de 2025, el antiguo Bundestag votó, con la ayuda de los Verdes para asegurar la necesaria mayoría de dos tercios. El fondo especial se convirtió en realidad, consagrado en el nuevo artículo 143h de la Ley Fundamental. La ironía de la historia se materializaría más rápidamente de lo que incluso los observadores más escépticos habían previsto.
Un año después: Las cifras hablan por sí solas
En marzo de 2026, exactamente un año después de la histórica votación, el Instituto ifo, con sede en Múnich, presentó su análisis sobre el uso del Fondo Especial para la Inversión en Infraestructuras (SVIK). El resultado fue desastroso: el 95 % de la nueva deuda contraída con cargo a este fondo en 2025 no se destinó a inversiones adicionales en infraestructuras. La emisión de deuda a través del SVIK ascendió a aproximadamente 24.300 millones de euros en 2025, pero las inversiones federales reales aumentaron tan solo 1.300 millones de euros con respecto al año anterior.
El Instituto de Investigación Económica de Colonia (IW) llegó a una conclusión similar en un estudio publicado simultáneamente, cuantificando la tasa de malversación en un 86 por ciento. El mecanismo de esta malversación es tan simple como alarmante: en 2025, el gobierno alemán redujo el gasto en inversión del presupuesto ordinario y transfirió ciertas partidas —en particular, subvenciones al sector del transporte, es decir, fondos para el ferrocarril— al fondo especial. De este modo, el fondo especial no se utilizó para nuevos proyectos adicionales, sino para cubrir el déficit del presupuesto ordinario. El ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, rechazó inicialmente las críticas, señalando que la inversión federal total había aumentado en torno a un 17 por ciento, hasta casi 87.000 millones de euros. Sin embargo, su ministerio admitió que, efectivamente, los fondos para el ferrocarril se habían transferido al fondo especial para aliviar la carga del presupuesto ordinario.
El presidente del Ifo, Clemens Fuest, calificó la situación de grave problema, ya que el dinero estaba destinado a inversiones adicionales que impulsarían el crecimiento económico a largo plazo. El economista Lars Feld fue aún más directo: la deuda adicional generó margen de maniobra para el gasto social y las promesas electorales; era de esperar.
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Los Verdes se encuentran en un dilema: ¿Por qué está fracasando la demanda contra el fondo especial? No se puede llevar a cabo con o sin la AfD
Los Verdes y el problema de la voluntad de demandar sin la capacidad para hacerlo
Los Verdes reaccionaron con indignación ante las cifras devastadoras. La líder del grupo parlamentario, Katharina Dröge, calificó la malversación de fondos como el mayor error de la cancillería de Friedrich Merz. El experto en presupuestos de los Verdes, Andreas Audretsch, declaró que el gobierno federal había malversado miles de millones de euros, violando así la Constitución. Dos dictámenes jurídicos encargados por el grupo parlamentario de los Verdes concluyen que el presupuesto federal para 2025 podría ser inconstitucional. Dröge afirmó que, si el grupo parlamentario contaba con la mayoría necesaria, presentaría una demanda.
Ahí radica precisamente el problema: una acción de revisión constitucional abstracta ante el Tribunal Constitucional Federal requiere un quórum de al menos una cuarta parte de los miembros del Bundestag. Los Verdes y el Partido de la Izquierda juntos no alcanzan este quórum, y los Verdes descartan categóricamente cualquier cooperación con la AfD. Sin embargo, el profesor de derecho Markus C. Kerber, de la Universidad Técnica de Berlín, vislumbra posibles vías de acción: si el uso de los fondos no es transparente y no se rinde cuentas de forma completa, constituye una preparación inconstitucional del presupuesto federal, y en este caso, cada miembro del Bundestag tiene derecho a interponer una demanda. El jurista Christian Hillgruber, de la Universidad de Bonn, subrayó que la Ley Fundamental exige explícitamente que los fondos recaudados para el fondo especial se destinen a inversiones adicionales; de no ser así, se incumple la Ley Fundamental.
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La amarga ironía: ¿Quién creó esta situación?
Una evaluación honesta conduce a una conclusión incómoda. Los Verdes lamentan ahora una situación a cuya creación contribuyeron significativamente. Dieron sus votos decisivos al fondo especial, aun cuando reconocían que la adicionalidad de las inversiones no era jurídicamente vinculante en la Ley Fundamental. Las garantías verbales de Merz y Klingbeil fueron la base de su aprobación. Los Verdes se habían manifestado inicialmente en contra del paquete. Luego se produjo un cambio de opinión interno, motivado por la perspectiva de asegurar al menos los 100.000 millones de euros para la protección del clima. El resultado es ahora evidente: los 100.000 millones para la protección del clima están nominalmente reservados, pero se están devaluando por la misma lógica de reasignación de fondos que caracteriza a todo el fondo especial.
Es políticamente comprensible que los Verdes optaran por una vía de compromiso. La situación en aquel momento era excepcional: la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania pesaba mucho sobre Europa, y la presión para el rearme era inmensa. Los Verdes tenían que elegir entre la negativa y la participación. Optaron por la participación, pero al hacerlo, no lograron garantizar legalmente una condición fundamental de su postura. Ese es el verdadero error.
Lo que dicen los economistas y lo que eso significa para Alemania
Las conclusiones del Instituto ifo y del Instituto de Investigación Económica de Colonia (IW Köln) son relevantes no solo para la política fiscal, sino también para la economía en general. Alemania lleva años experimentando un crecimiento débil. Su infraestructura está deteriorada: puentes, ferrocarriles, escuelas, redes de banda ancha. El fondo especial tenía como objetivo movilizar inversiones precisamente para estas áreas, inversiones que harían a Alemania más competitiva a largo plazo. Si, en cambio, los fondos prestados se utilizan principalmente para aliviar la carga del presupuesto corriente, el efecto económico general será significativamente menor de lo esperado.
Lars Feld resumió sucintamente el dilema: la deuda pública adicional que no se canaliza hacia inversiones productivas aumenta la deuda nacional, pero no mejora el desempeño económico del país. Hasta el momento, el fondo especial no ha logrado en gran medida su objetivo, no porque la idea fuera errónea, sino porque su implementación política no se ha alineado con los objetivos económicos.
El problema del quórum y la impotencia de la oposición
La debilidad estructural de Los Verdes en este conflicto radica en su posición parlamentaria. Como partido de oposición, carecen de los medios para exigir responsabilidades directamente a la coalición gobernante de la CDU/CSU y el SPD en Karlsruhe. La única opción que les queda —a través de la sociedad civil y las denuncias constitucionales individuales— es ardua, prolongada e incierta desde el punto de vista jurídico. El Tribunal Constitucional Federal ha demostrado en el pasado que solo revoca decisiones presupuestarias parlamentarias en casos excepcionalmente claros.
Además, existe un argumento constitucionalmente relevante: el fondo especial está consagrado en la Ley Fundamental, en el artículo 143h. En principio, las disposiciones constitucionales no pueden contravenir la Ley Fundamental; ello constituiría un razonamiento jurídico circular. Por lo tanto, la demanda no tendría que impugnar el fondo especial en sí, sino la forma específica en que se utiliza en la ley de presupuestos de 2025. Esta es una vía jurídica mucho más limitada.
Lo que queda: Una lección de responsabilidad política
La historia del fondo especial de 500 mil millones de euros es una lección que debería tener consecuencias para todos los partidos políticos. Quien acepte un compromiso debe garantizar la protección jurídicamente vinculante de sus condiciones esenciales, no mediante promesas verbales, sino a través de la legislación. En política, como en los negocios, lo que importa en última instancia es lo que está escrito en el contrato.
Los Verdes, por lo tanto, tienen una parte innegable de la responsabilidad en la situación actual. Proporcionaron los votos sin garantizar constitucionalmente su devolución. Esto no exime al gobierno de su responsabilidad por la malversación de fondos, pero sí explica la débil posición política que ostentan los Verdes hoy en día. Alemania necesita urgentemente inversión en su infraestructura, sus escuelas, sus redes digitales y su transición energética. El fondo especial podría haber sido el vehículo para ello. En cambio, se ha convertido en un símbolo de promesas políticas incumplidas y de las limitaciones de las construcciones constitucionales bienintencionadas cuando se topan con un gobierno interesado principalmente en la estabilización presupuestaria a corto plazo.

