
Esto es Alemania: ¿Soberanía energética en la red eléctrica? Lo que antes era una venta forzada se está convirtiendo en una costosa recompra. Imagen: Xpert.Digital
¿Controlado por potencias extranjeras dentro de nuestra propia red? ¿Por qué infraestructura crítica ha estado en manos extranjeras durante 17 años?
Cómo una sentencia de la UE de 2009 cuesta hoy miles de millones a los contribuyentes
El silencio de las élites: Por qué la venta de nuestras redes nunca fue un problema
La electricidad proviene del enchufe, pero ¿quién es el propietario real de las líneas que la transportan? Esta pregunta, aparentemente técnica, afecta al núcleo de la política económica alemana actual y revela un dilema que ha pasado desapercibido para la opinión pública durante casi dos décadas. Si bien Alemania impulsa la transición energética como proyecto nacional del siglo, el núcleo de esta transformación —las grandes redes de alta tensión o "autopistas eléctricas"— ya no está en manos alemanas. Lo que se celebró en 2009 como una liberación liberal y se ejecutó como una "venta forzosa" bajo la enorme presión de la Comisión Europea, ahora está demostrando ser un costoso autogol estratégico.
La situación es paradójica: para romper monopolios, Bruselas presionó en su día al proveedor de energía E.ON para que vendiera su red. Sin embargo, el comprador no fue un competidor privado, sino el Estado neerlandés, a través de su operador de red, TenneT, por poco menos de mil millones de euros en aquel momento. Ahora, con la expansión de la red estancada y los costes de inversión por las nubes, se exige a los contribuyentes alemanes que paguen la factura. El gobierno federal está preparando una recompra parcial, pero con una valoración que sitúa la red en más de 13 mil millones de euros.
Pero se trata de algo más que solo dinero. Se trata de soberanía energética. ¿Cuán independiente puede operar una nación industrializada cuando la infraestructura esencial está controlada por estados extranjeros (como los Países Bajos con TenneT o Bélgica con 50Hertz) e inversores financieros con ánimo de lucro? ¿Cuando las decisiones sobre la expansión de las líneas de transmisión no se toman en Berlín, sino en La Haya o Bruselas, en función de sus recursos financieros?
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El suministro energético de Alemania y el control de su infraestructura crítica son elementos centrales de su independencia económica y política. Sin embargo, en las últimas dos décadas, se ha arraigado en Alemania una situación que ha recibido poca atención pública: gran parte de la red eléctrica de alta tensión, las llamadas "autopistas eléctricas", ya no pertenece al Estado alemán, sino a estados extranjeros e inversores financieros. Lo que antes era una venta forzosa ordenada por Bruselas se ha convertido ahora en un costoso acuerdo de recompra o cofinanciación, que exige al presupuesto federal —y, en última instancia, una vez más, al contribuyente alemán— tener que rascarse el bolsillo para cubrir los errores políticos.
Esto queda ilustrado por el ejemplo de TenneT: Alemania adquiere una participación del 25,1% en TenneT Deutschland, la división alemana de operadores de red del holding neerlandés TenneT, por 3.300 millones de euros. La compra se realiza habitualmente a través del banco estatal de desarrollo KfW. Se trata de una participación minoritaria con derechos de minoría de bloqueo, lo que vinculará al gobierno federal más estrechamente con la financiación y las decisiones del operador de red en el futuro. Además, está previsto mantener esta participación del 25,1% incluso en futuras ampliaciones de capital, lo que significa que podrían añadirse miles de millones más en los próximos años.
Este proceso plantea una pregunta fundamental: ¿Cuán soberana es Alemania si partes significativas de su infraestructura energética están en manos extranjeras? Aquí examinamos críticamente los antecedentes históricos, los desarrollos actuales en torno a TenneT y los demás operadores de sistemas de transmisión, los riesgos asociados a la soberanía energética y las consecuencias para la política económica. Finalmente, nos preguntamos qué debería lograr una estrategia sostenible para una red eléctrica soberana y con visión de futuro en Alemania.
1. Cómo una antigua venta forzada se convirtió en una costosa recompra
La actual disputa en torno a TenneT no puede entenderse sin su contexto histórico. Desde 2009, un tercio de la red de transmisión alemana, concretamente la red de alta tensión entre 220 y 380 kilovoltios, ha estado en manos extranjeras. El comprador fue TenneT, el operador de red estatal de los Países Bajos. En aquel momento, E.ON se vio obligada a vender una gran parte de su red, no de forma voluntaria, sino bajo intensa presión de la Comisión Europea. La Comisión había denunciado a E.ON por abuso de mercado y distorsión de la competencia, y exigió la separación de la generación y la operación de la red. El resultado fue la denominada «venta forzosa» de la red de transmisión.
La venta se realizó por poco menos de mil millones de euros. Para los Países Bajos, fue una ganga, ya que la red eléctrica es una infraestructura estratégica de enorme importancia. Sin embargo, hoy en día, el gobierno federal alemán pretende pagar alrededor de 3.300 millones de euros por una participación de tan solo el 25,1 % en TenneT Deutschland GmbH. Tomando esta participación como referencia, la red eléctrica completa está valorada en más de 13.000 millones de euros. Lo que antes era una venta forzosa se ha convertido en una recompra costosa, si no sobrevalorada, financiada con el presupuesto federal y, en última instancia, con los consumidores de electricidad a través de las elevadas tarifas de la red.
La recompra no es una señal de corregir un error, sino más bien un intento de mitigar las consecuencias de una trayectoria política inicialmente desacertada. Si bien la venta forzosa de 2009 se promocionó como un avance hacia la liberalización del mercado y la protección de la competencia, ahora es evidente que los costos de esa decisión son muy elevados, no solo financieros, sino también en términos de flexibilidad estratégica.
2. ¿Qué porcentaje de nuestra red sigue siendo "alemana"?
Para comprender el alcance de esta dependencia, conviene analizar a los operadores de sistemas de transmisión alemanes. En Alemania existen cuatro operadores de este tipo, cada uno gestionando un área de red definida y con una estricta protección territorial: solo se les permite transportar electricidad dentro de una región específica, lo que limita la competencia en lugar de fomentarla.
Los actores relevantes son:
TenneT TSO GmbH
Propietario: El Estado neerlandés, a través del Ministerio de Finanzas de La Haya. Por lo tanto, TenneT no es un inversor privado, sino un instrumento de la política estatal neerlandesa. TenneT opera la red de transmisión más grande de Alemania, con aproximadamente 14.000 kilómetros de líneas de alta tensión, y, por lo tanto, es fundamental para la implementación de la transición energética en Alemania.
50Hertz Transmission GmbH
Propietarios: El grupo belga Elia con aproximadamente el 77% y el KfW alemán con aproximadamente el 23%. En este caso, gran parte de la operación de la red también está en manos extranjeras: un actor semiestatal belga influye decisivamente en el flujo eléctrico en el este de Alemania y partes de Sajonia, Brandeburgo y Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Amprion GmbH
Propietarios: Un grupo de inversores financieros alemanes, que incluye compañías de seguros, fondos y otros inversores institucionales. Si bien Amprion no es propiedad de un estado extranjero, pertenece a un grupo de inversores que buscan principalmente rentabilidad y no necesariamente una política energética estratégica.
TransnetBW GmbH
Propietario: EnBW, propiedad en gran parte del estado de Baden-Württemberg, sus municipios y el KfW. TransnetBW es, por lo tanto, uno de los pocos operadores de red propiedad principalmente de autoridades alemanas, o más precisamente, de autoridades estatales y municipales, y, por lo tanto, también uno de los pocos donde el control político es máximo.
¿Quién es realmente el dueño de nuestra red eléctrica? La respuesta te sorprenderá
Aproximadamente un tercio de la red de transmisión alemana pertenece oficialmente al estado neerlandés, y otra cuarta parte al estado belga a través del Grupo Elia. Amprion y TransnetBW son, por lo tanto, los "últimos" operadores de red de propiedad exclusivamente alemana, mientras que Amprion está dominada por inversores financieros. El hecho de que una parte tan importante de nuestra infraestructura crítica haya estado en manos extranjeras durante 17 años ha sido, en gran medida, un tabú en el discurso público.
3. Soberanía energética: ¿Qué significa eso exactamente?
La soberanía energética significa que un Estado conserva el control sobre los elementos esenciales de su suministro energético. Esto incluye no solo su propia producción energética, sino también la infraestructura de la red, las instalaciones de almacenamiento, las líneas de transmisión y la capacidad de decisión sobre construcción, operación y expansión. Si un Estado extranjero o un inversor con intereses en política exterior influye significativamente en cómo y bajo qué condiciones se transporta la electricidad en Alemania, la soberanía energética se ve efectivamente limitada.
En Alemania la situación es paradójica:
Por un lado, la "transición energética" se ha descrito durante años como una tarea estratégica para la protección del clima, el liderazgo tecnológico y la independencia de la política energética. Por otro lado, se ha creado precisamente el tipo de infraestructura en la que un tercio de la red es operada por un estado extranjero y otra cuarta parte por un operador privado extranjero.
La soberanía energética en una red compleja como el mercado eléctrico europeo nunca implica un control absoluto, pero significa que un país conserva la capacidad de establecer sus propias prioridades en tiempos de crisis, tensión política o decisiones estratégicas como la expansión de la red, la seguridad de la misma o las relaciones comerciales. Esta capacidad se ve limitada cuando la planificación, la inversión y la operación están mayoritariamente en manos extranjeras.
4. ¿Por qué fue posible la liquidación forzosa de 2009?
La venta forzosa de la red de transmisión de E.ON no fue un hecho fortuito, sino parte de una creencia, en gran medida, inquebrantable en ciertos principios del mercado. En aquel momento, la Comisión Europea defendía que una separación estricta entre la generación y la operación de la red mejoraría las condiciones competitivas. E.ON era considerada "demasiado grande" y "demasiado poderosa", percibida como un monopolio o un potencial dominador del mercado. Por lo tanto, la venta forzosa se concibió como un instrumento de política de competencia.
Esto se basaba en la suposición de que un operador de red privado e internacional, como TenneT, operaría de forma más neutral y eficiente que una antigua empresa energética. La participación de un Estado extranjero se consideró sin problemas, ya que se creía que un operador de red "neutral" podría garantizar mejor la integración europea y el comercio de electricidad. Sin embargo, en realidad, esto implicaba ceder un pilar central de la infraestructura a un Estado extranjero, sin analizar suficientemente las consecuencias políticas.
La decisión fue una expresión del espíritu político de la época:
La creencia en la liberalización, el mercado y la competencia se desvinculó del criterio geopolítico. Aspectos como la dependencia estratégica, la seguridad nacional y la política energética a largo plazo quedaron relegados a un segundo plano. La posterior crisis energética, la dependencia de las importaciones de gas y la necesidad de una rápida transición energética han puesto de manifiesto dolorosamente esta miopía política.
5. ¿Por qué se está produciendo hoy la costosa recompra?
La reciente adquisición del 25,1% de TenneT Deutschland por parte del gobierno alemán, con un pago aproximado de 3.300 millones de euros, se describe formalmente como una "inversión estratégica". La justificación oficial es la expansión de la red eléctrica. TenneT Deutschland opera la red de transmisión más grande de Alemania, con una extensión aproximada de 14.000 kilómetros, y, como parte de la transición energética, debe construir miles de kilómetros de nuevas líneas eléctricas para transportar la energía eólica desde el norte hasta los centros de consumo en el sur. Esta expansión costará miles de millones de euros y exigirá una gran inversión de recursos financieros y recursos de la empresa.
La parte neerlandesa ha ralentizado considerablemente recientemente la expansión de la red eléctrica alemana. TenneT Holding, con sede en Arnhem, se encontraba bajo presión para fortalecer su balance y ya no estaba dispuesta a asumir en solitario el riesgo de una expansión masiva y financieramente precaria de la red. Desde la perspectiva neerlandesa, estaba claro: la transición energética alemana es un proyecto alemán, pero una gran parte de los costes de infraestructura corre a cargo de una empresa estatal neerlandesa. Esta reticencia a asumir nuevas inversiones en Alemania presionó al gobierno federal para que interviniera de forma independiente.
El gobierno federal alemán responde ahora adquiriendo una participación a través del KfW. Al mismo tiempo, obtiene derecho a veto sobre decisiones de gran alcance, por ejemplo, en materia de política financiera, el plan de negocios o el nombramiento y destitución de la dirección. Además, el gobierno federal obtiene información sobre la situación financiera de TenneT Alemania. Oficialmente, esto se describe como "mayor influencia" y "garantía de la expansión de la red". Sin embargo, en realidad, equivale a una admisión de culpabilidad
Sin financiación gubernamental ni presión política, la expansión de la red ya no será posible.
6. ¡Qué pozo sin fondo de dinero se está creando!
Recomprar el producto es caro, no sólo una vez, sino permanentemente.
Los 3.300 millones de euros por una participación del 25,1 % en TenneT corresponden a un enfoque de valoración que estima que toda la red supera los 13.000 millones de euros. Esta cifra es mucho mayor que la que E.ON recibió por la red en 2009. Por lo tanto, el gobierno federal es responsable no solo como operador de la red, sino también como inversor. Las inversiones se realizan a través del KfW y, por lo tanto, se financian en última instancia con fondos públicos y bonos del Estado.
Sin embargo, los costos no solo provendrán del presupuesto federal. Las tarifas de red, que en última instancia recaen sobre los consumidores de electricidad, aumentarán. Un operador de red que necesite reforzar su balance con las ganancias de estas tarifas de red trasladará los costos a los usuarios. El resultado es un clásico pozo de dinero:
El Estado paga miles de millones por la inversión inicial, pero al mismo tiempo sigue dependiendo de que inversores privados y un estado extranjero reciban sus acciones y exijan el rendimiento esperado.
La diferencia con la venta original es sorprendente:
En aquel entonces, se afirmaba que la privatización y la competencia reducirían los costos. Hoy, el Estado invierte miles de millones para garantizar una expansión que los mismos participantes del mercado deben llevar a cabo en la misma estructura. Los costos no se reducen, sino que simplemente se redistribuyen: de la desventaja competitiva inicial a los presupuestos públicos y, en última instancia, a los precios de la electricidad.
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Más información aquí:
Vendido y olvidado: cómo Alemania perdió el control de sus líneas eléctricas
7. Por qué la ciencia y los medios de comunicación han permanecido en gran medida en silencio (y siguen permaneciendo en silencio)
Otro punto clave de crítica es la falta de atención del mundo académico y los medios de comunicación. Durante 17 años, el hecho de que gran parte de la red alemana esté en manos extranjeras ha pasado prácticamente desapercibido. El público se ha acostumbrado a esta situación sin que se haya debatido en profundidad sobre las implicaciones políticas y económicas.
¿Porqué es eso?
Se pueden identificar varias razones:
Aceptación de la política de la UE como “natural”
La Comisión Europea y los gobiernos nacionales han presentado la liberalización y la separación de la generación y la red como una cuestión tecnocrática. El debate se ha reducido al derecho de la competencia, las estructuras de mercado y la eficiencia regulatoria. Cuestiones estratégicas como la soberanía, el control político y la seguridad nacional solo se han abordado de forma superficial.
Complejidad del tema
Las estructuras institucionales, las relaciones de propiedad y la función de las tarifas de red son difíciles de comprender para el público en general. Periodistas y académicos suelen tener dificultades para explicar estos temas con claridad sin recurrir a la jerga técnica. Como resultado, estos temas se discuten con mayor frecuencia en publicaciones especializadas y con menor frecuencia en los medios de comunicación tradicionales.
Falta de oponentes políticos
En el pasado, el panorama político estaba mayoritariamente unificado en su visión de la liberalización y la competencia como progreso. Las voces críticas que señalaban los riesgos de la privatización y la externalización de la infraestructura de red recibieron poca atención en las décadas de 1990 y 2000. Solo recientemente, con la crisis del suministro energético y la transición energética, estos problemas han resurgido, pero más como un desafío técnico que como una opción política.
Falta de incentivos para la investigación
Hasta la fecha, los incentivos financieros para la investigación sobre soberanía energética y estructuras de red han sido bastante escasos. La investigación se ha centrado más en la tecnología, la protección del clima y el diseño del mercado que en las estructuras de propiedad y las implicaciones geopolíticas. Esto ha generado una brecha de información.
8. ¿Por qué no se planteó durante tanto tiempo la cuestión del control de las "autopistas eléctricas"?
La cuestión de si es correcto que estados extranjeros controlen nuestras "autopistas eléctricas" es crucial, pero rara vez se ha planteado. Anteriormente, el papel de los operadores de red se entendía como "neutral" y puramente técnico, aunque en realidad son los que toman las decisiones políticas en materia de infraestructura. Esta perspectiva técnica ha reducido el debate a la regulación, los costes y la eficiencia, mientras que la dimensión política del control de la infraestructura ha quedado relegada a un segundo plano.
Además, la política energética de la UE, aplicada durante años, ha contribuido a la percepción de que las fronteras nacionales en el sector energético están obsoletas. La idea de que una red europea solo podría funcionar si estuviera lo más privatizada e interconectada internacionalmente posible constituía una poderosa narrativa política. En esta mentalidad, el rol de un Estado extranjero como propietario no se presentaba como un riesgo, sino como una garantía de neutralidad e integración en la red. El hecho de que un Estado extranjero tuviera influencia en gran parte de la infraestructura de transmisión de Alemania se entendía no como una pérdida de soberanía energética, sino como un precio necesario a pagar por el mercado europeo.
9. Por qué la soberanía energética ya no puede ser un tema tabú
La situación actual prácticamente ha desmantelado este tabú. Diversos acontecimientos han dejado claro que la soberanía energética no es una cuestión teórica, sino un tema central de la política industrial y de seguridad
- La crisis energética a partir de 2022, desencadenada por la guerra en Ucrania y las posteriores sanciones contra Rusia, ha mostrado a Alemania con qué rapidez las dependencias pueden convertirse en riesgos existenciales.
- La transición energética exige una ampliación masiva de la red, en la que la infraestructura debe estar controlada no sólo técnicamente, sino también financiera y políticamente.
- La creciente importancia de los ciberataques, los sabotajes y la influencia geopolítica sobre la infraestructura deja claro que los operadores de red no son “sólo” operadores técnicos, sino actores estratégicos.
Al mismo tiempo, ha quedado claro que la parte neerlandesa está limitando cada vez más su disposición a financiar la expansión de la red alemana. El Grupo TenneT se enfrenta a un programa de inversión masivo que abarca décadas, con costes para Alemania y los Países Bajos que ascienden a cientos de miles de millones de euros. Los Países Bajos ya dejaron claro en 2025 que ya no quieren asumir todos los riesgos en solitario. La búsqueda de inversores y la participación anunciada de importantes inversores, como el fondo soberano noruego, los fondos de pensiones neerlandeses y el fondo soberano singapurense GIC, demuestran un esfuerzo deliberado por reducir la carga del Estado neerlandés.
Alemania se encuentra pues ante un dilema:
Se necesita una expansión masiva de la red, pero esto no puede lograrse sin una inversión financiera externa sustancial. Al mismo tiempo, esto difumina aún más el control político sobre la infraestructura. La cuestión de la soberanía energética entra en conflicto con la cuestión de la viabilidad financiera.
Relacionado con esto:
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10. El papel del KfW y la participación federal
La participación del gobierno alemán en TenneT a través del KfW no es tanto una recompra clásica como una inversión estratégica para garantizar el control político y la estabilidad financiera. El gobierno enfatiza que su participación sirve para asegurar la necesidad de capital multimillonario en los próximos años y para generar certidumbre en la planificación de la expansión de la red. Se le otorgará derecho de veto en cuestiones cruciales como la política financiera, el plan de negocios y el nombramiento de la gerencia. Además, el gobierno obtendrá un conocimiento exhaustivo de la situación financiera de la empresa.
Desde una perspectiva regulatoria, este desarrollo indica que la suposición previa —que las redes se desarrollarían "por sí solas" a través del mercado— ya no es sostenible. La capacidad de financiación de los actores privados y extranjeros es limitada, y se requiere orientación política para alcanzar objetivos como la expansión de la red, la protección del clima y la seguridad del suministro.
Sin embargo, desde una perspectiva crítica, cabe preguntarse por qué el Estado solo ahora asume el papel de copropietario, con un precio de compra de 3.300 millones de euros por el 25,1%, valorando así la red en más de 13.000 millones de euros, tras haberla vendido por poco menos de 1.000 millones de euros en 2009. Esto integra profundamente al Estado en la estructura, no solo políticamente sino también financieramente, sin otorgarle un control total. Sigue siendo un modelo híbrido de participación estatal extranjera, dinero del contribuyente alemán e inversión privada, en el que la transparencia política disminuye.
11. ¿Qué alternativas tendría Alemania?
La evaluación crítica de la costosa recompra de acciones lleva inevitablemente a la pregunta de qué medidas alternativas podría adoptar Alemania hoy y en el futuro. Existen varias opciones plausibles, que no son mutuamente excluyentes, pero tienen diferentes consecuencias políticas y financieras:
Mayor participación estatal o reversión a la propiedad estatal plena
Alemania podría considerar la conveniencia de transferir las partes críticas de la red, especialmente aquellas áreas clave para la transición energética, a propiedad total o, al menos, mayoritariamente pública. Esto es políticamente difícil, ya que implicaría un cambio de paradigma que se aleja de la privatización, pero a largo plazo podría significar un mayor control político y una menor dependencia de estados extranjeros e inversores financieros.
Aumento del uso de formas de propiedad pública
Además de la participación del KfW junto a propietarios extranjeros, se podrían considerar instrumentos como empresas de infraestructura o de red de propiedad federal, que construirían y operarían nuevas líneas eléctricas como parte de la transición energética. Esto, en principio, permitiría una mayor dirección política, sin requerir una reestructuración completa de la estructura existente.
Mayor participación de las estructuras municipales y estatales
Los modelos existentes, como los utilizados por TransnetBW o partes de las redes de distribución, donde participan municipios y empresas estatales, podrían ampliarse. En algunos países, se ha demostrado que las estructuras municipales y estatales pueden adaptar la transición energética a las necesidades de la población y las regiones con mayor eficacia que los inversores puramente orientados al mercado.
Contención de costes y objetivos políticos claros
Alemania podría vincular la participación federal a objetivos políticos claros, como las prioridades para la expansión de la red, la contención de costes y la transparencia. El derecho de veto podría utilizarse para reducir los costes de planificación, eliminar retrasos innecesarios y garantizar que la expansión de la red beneficie no solo a los inversores, sino también a la industria y a los hogares.
Al mismo tiempo, el debate debe revelar que ningún camino está exento de costos. Un retorno total a la propiedad pública sería costoso y conllevaría riesgos políticos. Sin embargo, mantener la estructura actual indefinidamente es igualmente arriesgado, ya que debilita aún más la soberanía energética y consolida la dependencia de propietarios y mercados extranjeros.
12. Por qué las políticas actuales pueden ser criticadas como "ciegas"
Las críticas a la costosa recompra no son solo una cuestión de cifras, sino de responsabilidad política. El hecho de que un tercio de la red de transmisión alemana haya estado en manos neerlandesas durante 17 años sin un amplio debate público es una señal de que la atención política e intelectual a la soberanía energética ha estado ausente durante mucho tiempo. Los responsables políticos se han basado en las regulaciones y la organización técnica de la UE sin cuestionar las implicaciones geopolíticas y estratégicas.
Esta misma ceguera se hace evidente en el hecho de que la decisión de vender TenneT se trató como una "regulación técnica del mercado", mientras que la cuestión de si un estado extranjero debía controlar un tercio de la infraestructura alemana apenas se planteó. La política de infraestructuras se delegó de facto a la UE, a las autoridades reguladoras y a los inversores internacionales. El debate sobre la soberanía energética fue durante mucho tiempo un tema tabú, que solo resurgió con la crisis y la necesidad imperiosa de expandir la red.
Por lo tanto, la costosa estrategia de recompra es menos una señal de una corrección exitosa y más un intento de enmascarar la tardía constatación de un error de juicio político. Por lo tanto, la crítica también se dirige a los políticos que no desarrollaron dicha estrategia antes de la venta masiva forzada de 2009.
13. Qué necesita la soberanía energética sostenible en Alemania
Para que Alemania fortalezca su soberanía energética, se requiere un enfoque por etapas, tanto a corto como a largo plazo. Un principio fundamental debe ser:
la infraestructura crítica no debe estar exclusivamente en manos de estados extranjeros o inversores puramente financieros, sino que debe seguir siendo controlable política y estratégicamente.
A corto plazo, esto significa:
Fortalecimiento del control político a través del KfW
La participación del gobierno federal en TenneT, 50Hertz y TransnetBW debe utilizarse no solo como una medida financiera técnica, sino también como un instrumento de control político. El derecho de veto debe centrarse claramente en la implementación del plan de expansión de la red y los objetivos climáticos, no solo en la estabilidad financiera.
Un control de costes más transparente
Los responsables políticos deben garantizar que los costos de la red no se trasladen simplemente a los consumidores a través de las tarifas de red, sino que se establezcan normas claras y límites máximos. El debate sobre la rentabilidad de la eficiencia de los operadores de red y la cuestión de cuánto beneficio obtienen realmente estas empresas debe llevarse a cabo con mayor transparencia.
A largo plazo, se necesita un realineamiento más fundamental:
Definición clara de infraestructura crítica
Alemania necesita definir qué infraestructura se considera "crítica" y en qué medida debe permanecer en manos públicas o, al menos, bajo control estatal. Una clara separación entre la infraestructura crítica y los segmentos puramente comerciales podría ayudar a focalizar la influencia política.
Modelos de financiación a largo plazo
Alemania necesita un modelo de financiación estable y a largo plazo para la expansión de la red eléctrica, que no se base únicamente en inversores a corto plazo, sino en una combinación de fondos públicos, préstamos del KfW a bajo interés y oportunidades de rentabilidad limitadas. La financiación de infraestructuras no debe malversarse como una mera oportunidad de inversión para quienes buscan rentabilidad.
Una dimensión europea más fuerte con un papel nacional claro
Si bien Alemania forma parte de una red europea, la dimensión europea debe distinguirse claramente del papel nacional. La gobernanza política de las infraestructuras debe ser visible no solo en Bruselas, sino también en Berlín. La regulación de la UE no debe considerarse automáticamente el fin del debate político, sino más bien un marco que debe configurarse políticamente.
14. Una venta forzada se convirtió en una recompra costosa, pero aún no fue un cambio de estrategia exitoso
Lo que antes era una venta forzada se ha convertido en una costosa recompra, financiada con el presupuesto federal y mediante las tarifas de red que se aplican a los consumidores de electricidad. El hecho de que un tercio de la red de transmisión alemana haya estado bajo control neerlandés durante 17 años es un claro indicio de la limitada soberanía energética. Las recientes medidas del gobierno federal, como la adquisición del 25,1 % de TenneT Deutschland y la obtención de derechos de veto, constituyen un intento de mitigar esta limitación, pero no un cambio de paradigma completo.
El debate político en torno a la soberanía energética es una necesidad imperiosa. Las críticas al costoso programa de recompra no son solo una cuestión de precio, sino de responsabilidad política. Alemania tiene la oportunidad de aprender de los errores del pasado y desarrollar una política de infraestructuras que concilie el control sobre infraestructuras energéticas críticas con la necesidad de financiación y la dinámica del mercado. El aprovechamiento de esta oportunidad depende, en última instancia, de si los responsables políticos están dispuestos a romper tabúes y a tratar la política energética y de redes no solo como una cuestión técnica, sino como una cuestión central de soberanía.
15. ¿Quién fue el responsable de la venta forzosa en ese momento?
Dos actores son los principales responsables de la venta forzosa de la red de transmisión de E.ON en 2009:
1. La Comisión Europea y la autoridad de competencia
El principal impulsor de este proceso fue la Comisión Europea, concretamente su Dirección General de Competencia. La comisaria de Competencia de la UE, Neelie Kroes, sospechó que E.ON influía en los precios del gas y la electricidad en Alemania al explotar su posición dominante en la red de transmisión, distorsionando así la competencia. En el marco de una investigación antimonopolio en 2008, E.ON se vio presionada para desinvertir parte de su infraestructura y evitar una cuantiosa multa antimonopolio de miles de millones de dólares.
- La obra de Neelie Kroes no está exenta de críticas. Puede encontrarse una descripción general en Wikipedia: https://de.wikipedia.org/wiki/Neelie_Kroes#Kritik
Para evitar este procedimiento, E.ON se comprometió entonces ante la Comisión Europea a vender su red de alta tensión (escindida de la empresa Transpower) a un competidor, antes de finales de 2010. La Comisión Europea lo consideró un paso hacia una mejor desagregación del mercado y una mejor protección de la competencia, y justificó así la venta forzosa como una "concesión" en el marco de la política de competencia.
Esto significa que la responsabilidad institucional recae principalmente en la Comisión Europea y en la autoridad de competencia, que formularon la exigencia de venta y la hicieron cumplir mediante sanciones.
2. E.ON como vendedor obligado
Políticamente, la venta fue resultado de una oferta forzada de la Comisión Europea, pero operativamente tuvo que ser implementada por la compañía energética E.ON. La dirección, encabezada por el entonces director ejecutivo de E.ON, Wulf Bernotat, aceptó esta concesión para evitar la amenaza de una multa antimonopolio.
El consejo de administración de E.ON finalmente dio luz verde a la venta a TenneT, lo que permitió a la compañía completar la venta de aproximadamente 10.700 a 11.000 kilómetros de red de alta tensión por casi 1.100 millones de euros. Esto coloca a E.ON, como vendedor, bajo responsabilidad, a pesar de que la motivación subyacente era claramente política y competitiva (mandato de la UE).
3. El papel de la política energética y antimonopolio alemana
Técnicamente, la venta forzosa también implementó la política energética alemana, o mejor dicho, la política energética del entonces gobierno federal, que en la década de 2000 promovió la estricta separación entre generación y red (disociación según la Ley de la Industria Energética). La Agencia Federal de Redes y la autoridad reguladora supervisaron la implementación de la disociación, pero no intervinieron activamente para impedir la venta a un operador estatal extranjero.
En breve:
- La principal responsable del carácter obligatorio de la venta es la Comisión Europea, con la comisaria de Competencia, Neelie Kroes.
- La empresa energética alemana E.ON, bajo la dirección de Wulf Bernotat, fue la responsable operativa de la venta a TenneT.
- Políticamente arraigado en las políticas de liberalización y desagregación alemanas y europeas de la década de 2000, que permitieron que un tercio de la red de transmisión alemana pasara a ser propiedad del Estado holandés.
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