Reservas de combustible para solo 3 meses: un contratista de defensa descubre una enorme brecha de seguridad. Se exigen islas energéticas descentralizadas en lugar de grandes refinerías
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Prefiere Xpert.Digital en GoogleⓘPublicado el: 19 de febrero de 2026 / Actualizado el: 19 de febrero de 2026 – Autor: Konrad Wolfenstein

Reservas de combustible para solo 3 meses: Contratista de defensa descubre una enorme brecha de seguridad – Se exigen islas energéticas descentralizadas en lugar de grandes refinerías – Imagen: Xpert.Digital
Rheinmetall da la voz de alarma: por qué la transición energética es de repente vital para las Fuerzas Armadas alemanas
Olvídese de la protección del clima: la razón por la que Rheinmetall apuesta por la energía solar y eólica
En febrero de 2026, surge una alianza en la arquitectura de seguridad europea que se habría considerado una utopía hace tan solo unos años. No son activistas ambientales, sino estrategas del gigante armamentístico Rheinmetall quienes ofrecen los argumentos más convincentes para una aceleración masiva de la transición energética. Si bien la empresa es tradicionalmente conocida por su acero, municiones y sistemas de armas pesadas, la energía fotovoltaica, la energía eólica y la producción de combustibles sintéticos (e-fuels) están ahora en el punto de mira de la planificación militar.
El contexto de esto es un análisis alarmante de la seguridad del suministro: en caso de emergencia nacional, las reservas europeas de combustible apenas durarían más de tres meses. Después, existe la amenaza de una paralización, no solo de tanques y aviones, sino también de infraestructuras civiles críticas. La guerra en Ucrania ha demostrado dramáticamente la vulnerabilidad de las refinerías centrales a los ataques con drones. Por lo tanto, la conclusión lógica para los expertos en seguridad es la descentralización. Rheinmetall aboga por el desarrollo de "islas energéticas" autónomas para acabar con la dependencia de las cadenas de suministro globales y las instalaciones vulnerables a gran escala.
Pero precisamente en este momento, un conflicto político amenaza con torpedear las medidas necesarias. El nuevo "Paquete de Red 2026" del gobierno alemán propone restricciones a la expansión de las energías renovables para aliviar la presión sobre las redes eléctricas, una medida que, según expertos del sector y estrategas militares, sería desastrosa. Este artículo analiza por qué la transición energética ya no es simplemente una cuestión de protección climática, sino que se ha convertido en un factor crucial para la supervivencia de Europa, y por qué el estancamiento de la expansión de la energía eólica y solar podría convertirse en la mayor vulnerabilidad de seguridad del continente.
Por qué la industria armamentística, de entre todas las industrias, ofrece el argumento más sólido a favor de la energía eólica y solar
El debate energético europeo dio un giro en febrero de 2026 que habría sido impensable hace apenas unos años. No son los grupos ecologistas ni los activistas climáticos quienes ofrecen el argumento más convincente para la expansión de las energías renovables, sino el mayor fabricante de armas de Europa. Rheinmetall, la empresa cuyo nombre siempre ha sido sinónimo de tanques, munición y fuerza militar convencional, está posicionando la energía fotovoltaica, la energía eólica y el hidrógeno verde como pilares indispensables de las capacidades de defensa europeas. Este cambio de paradigma es más que una maniobra estratégica. Revela una debilidad fundamental en la arquitectura de seguridad europea, una que se ha ignorado de forma desproporcionada en el debate político sobre los fondos especiales y el gasto en defensa.
El talón de Aquiles de Europa: tres meses hasta el estancamiento
Las cifras presentadas por Shena Britzen, jefa del programa de hidrógeno de Rheinmetall, en una entrevista con ntv en febrero de 2026 son alarmantemente claras. En caso de una emergencia de defensa, las reservas de combustible de Europa solo alcanzarían para aproximadamente tres meses de guerra. Tras ello, las reservas se agotarían, y todo lo que los estados europeos están adquiriendo actualmente por billones de euros en equipo militar se paralizaría: aviones de combate, tanques, barcos y vehículos de transporte. Pero las consecuencias irían mucho más allá del ámbito militar. Hospitales, servicios de emergencia y toda la infraestructura de suministro civil también colapsarían.
La causa fundamental de esta vulnerabilidad es estructural. Un reglamento de la UE, vigente desde 1968, obliga a los Estados miembros a mantener reservas de petróleo suficientes para al menos 90 días de consumo civil normal. Este reglamento se diseñó para escenarios de paz, no para un escenario de defensa con un consumo militar enormemente incrementado y ataques simultáneos a la infraestructura de refinerías. Europa cuenta con aproximadamente 60 refinerías, que constituyen la columna vertebral de su suministro de combustible. En un escenario de conflicto, estas instalaciones centralizadas serían objetivos altamente vulnerables, como lo demostró dramáticamente la guerra en Ucrania.
Lecciones de la guerra de Ucrania: Las refinerías como objetivos estratégicos
La guerra en Ucrania ha revelado una nueva dimensión de la guerra con consecuencias inmediatas para la estrategia de seguridad europea. Ucrania ha atacado sistemáticamente refinerías de petróleo, depósitos de combustible e infraestructura energética rusas con drones de largo alcance. Más de 45.000 drones de combate ucranianos penetraron en territorio ruso solo en 2025. Dieciséis importantes refinerías rusas, que representan aproximadamente el 38 % de la capacidad nominal de refinación del país, fueron atacadas en múltiples ocasiones. Según estimaciones de expertos, Rusia ha perdido aproximadamente una cuarta parte de su capacidad de refinación de petróleo como resultado.
Esta estrategia ha demostrado ser una de las armas más eficaces de Ucrania. En algunas regiones rusas, la gasolina tuvo que ser racionada. El propio Britzen cita estos ataques como una razón clave por la que Rusia se mostró dispuesta a negociar, ya que no pudo evitar los ataques con drones contra su infraestructura energética. La lección para Europa es inequívoca: en la era de los enjambres de drones baratos, la infraestructura energética centralizada constituye un riesgo estratégico de primer orden. Un solo ataque a una gran subestación o refinería puede paralizar una región entera. Para lograr el mismo efecto en miles de plantas de energía solar descentralizadas, un atacante tendría que realizar un esfuerzo completamente desproporcionado en relación con el beneficio.
Giga PtX: la visión de Rheinmetall de las islas energéticas descentralizadas
La respuesta de Rheinmetall a esta vulnerabilidad estratégica es ambiciosa y consecuente. En noviembre de 2025, la empresa presentó su proyecto Giga PtX, que contempla la construcción de una red europea de varios cientos de plantas modulares de producción de e-combustibles. Dependiendo de su aplicación, cada una de estas plantas está diseñada para producir entre 5.000 y 7.000 toneladas de diésel, diésel marino o queroseno al año. El combustible se producirá de forma descentralizada e independiente de las cadenas globales de suministro de combustibles fósiles. La energía eólica y solar proporcionará la energía para electrolizadores que generan hidrógeno verde, que posteriormente se procesará en combustibles sintéticos mediante el proceso Fischer-Tropsch.
Rheinmetall ha formado un consorcio de empresas tecnológicas alemanas para este proyecto. Sunfire, de Dresde, suministra electrolizadores industriales, Greenlyte, de Renania del Norte-Westfalia, aporta tecnología para la captura directa de CO2 del aire, e INERATEC, de Karlsruhe, se encarga de la síntesis Fischer-Tropsch. Rheinmetall actúa como contratista general y es responsable de la integración de sistemas, el diseño, la construcción, el mantenimiento y la operación de las plantas.
Armin Papperger, director ejecutivo de Rheinmetall, formuló el aspecto central de la política de seguridad de este proyecto con total claridad: la capacidad militar requiere una infraestructura energética resiliente, y mantener las cadenas de suministro de combustibles fósiles será un desafío para los estados europeos en caso de una crisis de defensa. Britzen lo expresa sencillamente: el viento y el sol siempre están ahí, independientemente de si hay guerra o paz.
La dimensión económica: del factor coste a la inversión en seguridad
Sin embargo, la realidad económica del proyecto Giga-PtX es compleja. Un litro de queroseno sintético cuesta actualmente entre cuatro y cinco euros. Esto es mucho más caro que el combustible convencional y hace que una aceleración impulsada por el mercado sea prácticamente imposible sin apoyo gubernamental. Nils Aldag, director ejecutivo de Sunfire, reconoce que esta diferencia de precio complica la aceleración. Por lo tanto, Rheinmetall y sus socios esperan recibir ayuda gubernamental, lo cual es bastante comprensible dados los argumentos de política de seguridad.
Britzen estima que Europa necesita al menos 20 millones de toneladas de electrocombustibles al año para mantener sus capacidades de defensa. Solo para Alemania, esto equivaldría a entre siete y ocho gigavatios de capacidad de electrólisis. Se trata de cantidades enormes que requieren inversiones masivas. Sin embargo, la OTAN ya determinó el año pasado que Rusia podría estar lista para atacar de nuevo en cinco años. Britzen afirma que están trabajando a contrarreloj y que el sector europeo de tecnologías limpias tiene la capacidad suficiente para desarrollar estas capacidades en un plazo de cinco años. La tecnología está disponible; solo hay que escalarla y replicarla.
Kira Vinke, del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, sitúa este desarrollo en un contexto geopolítico: Rheinmetall está demostrando que la transición energética redunda en interés estratégico de Europa. Señala que, en Afganistán, el 60 % de los soldados de la OTAN heridos y muertos trabajaban en logística, en particular en la logística del combustible. Una base es más fácil de asegurar que una operación de transporte. La resistencia también es una capacidad militar, y las operaciones militares, en última instancia, requieren financiación.
Centro de Seguridad y Defensa - Asesoramiento e Información
El Centro de Seguridad y Defensa ofrece asesoramiento especializado e información actualizada para apoyar eficazmente a empresas y organizaciones en el fortalecimiento de su papel en la política europea de seguridad y defensa. En estrecha colaboración con el Grupo de Trabajo de Defensa SME Connect, promueve especialmente a las pequeñas y medianas empresas (pymes) que desean desarrollar aún más su capacidad de innovación y competitividad en el sector de la defensa. Como punto de contacto central, el Centro crea un puente crucial entre las pymes y la estrategia europea de defensa.
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La lógica estratégica del suministro energético descentralizado es compartida no solo por Rheinmetall, sino cada vez más por estrategas y expertos militares de la OTAN. En octubre de 2025, una alianza de veteranos militares y expertos en seguridad, entre ellos el teniente general británico retirado Richard Nugee y el general neerlandés retirado Tom Middendorp, instó a los Estados miembros de la OTAN en una carta abierta a modificar radicalmente el rumbo de su política energética. Los Estados miembros de la UE habían transferido alrededor de 22 000 millones de euros para las importaciones de petróleo y gas ruso en 2024, una cifra superior a los 19 000 millones de euros de apoyo financiero a Ucrania durante el mismo período. Desde el comienzo de la guerra, la factura de gas de Europa a Moscú había representado aproximadamente tres cuartas partes del presupuesto militar ruso.
El Pentágono estadounidense reconoce desde hace tiempo las energías renovables como un supuesto multiplicador de poder de combate. El objetivo principal no es simplemente una conciencia más ecológica, sino la reducción de la infraestructura logística: esas cadenas de suministro vulnerables que se convierten en el punto débil decisivo en los conflictos asimétricos. Las centrales solares descentralizadas, los aerogeneradores y las instalaciones de almacenamiento forman una red energética distribuida que, gracias a su redundancia y dispersión, es mucho más resistente a ataques dirigidos que la infraestructura centralizada a gran escala.
En diciembre de 2025, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, debatió los vínculos entre la política energética y de seguridad con los ministros de energía de la UE. De este modo, la seguridad energética ha alcanzado definitivamente el nivel más alto de la arquitectura de seguridad transatlántica, no como un tema abstracto, sino como una cuestión operativamente relevante de capacidad de defensa.
El Paquete Red 2026: Un ataque frontal en el momento equivocado
En este contexto de política de seguridad, el llamado "Paquete de Red 2026" de la ministra federal de Economía, Katherina Reiche, resulta francamente paradójico. El proyecto de ley, publicado en febrero de 2026, propone restricciones de gran alcance a la expansión de las energías renovables. Su lógica fundamental es que la construcción de nuevas centrales eólicas y solares avanza más rápido que la expansión de la red eléctrica. Para dar a los operadores de la red más tiempo para ponerse al día, se restringirá la expansión de las energías renovables.
En concreto, el proyecto de ley propone varias medidas significativas. La prioridad nacional actual para la conexión e inyección de energías renovables a la red se verá debilitada. Los operadores de red podrán desarrollar sus propios criterios de priorización para las solicitudes de conexión de instalaciones de 135 kilovatios o más, lo que significa que las nuevas instalaciones de combustibles fósiles, como las centrales eléctricas de gas natural planificadas o los centros de datos de alto consumo energético, podrían tener prioridad sobre las renovables. Se aplicará una denominada reserva de redespacho de hasta diez años en zonas de red con capacidad limitada, mediante la cual los operadores de red podrán designar una zona de red como de capacidad limitada y rechazar los pagos de compensación por instalaciones con restricciones si la tasa de restricción es tan baja como el tres por ciento. Además, se ampliarán los subsidios a los costos de construcción, lo que incrementará los costos de inversión en proyectos de energías renovables.
La industria está dando la alarma: de negocios de bajo riesgo a negocios de alto riesgo
Las reacciones del sector energético al paquete de medidas para la red eléctrica han sido duras. Carolin Dähling, de Green Planet Energy, describió el proyecto de ley como un ataque frontal a la transición energética. Advirtió que, si se eliminan los derechos prioritarios de acceso y conexión a la red para las energías renovables, la expansión de la energía eólica y solar se ve amenazada con un colapso masivo. La Asociación Alemana de Nuevas Industrias Energéticas (BNE) advirtió que una reserva de redespacho de hasta diez años generaría una gran incertidumbre sobre los rendimientos futuros, lo que empeoraría drásticamente las condiciones de financiación para las plantas de energía renovable.
La fragmentación de las normas de conexión a la red es particularmente problemática. En el futuro, la conexión a la red estará sujeta a una lógica de priorización individual por parte de más de 800 operadores de redes de distribución. La diferencia de procedimientos y criterios implica mayor burocracia, mayor incertidumbre jurídica y una notable ralentización de la expansión. La Asociación Solar Alemana advierte que, sin una compensación fiable, la financiación de nuevos proyectos será prácticamente imposible. Por lo tanto, las inversiones en energías renovables pasarían de ser un negocio de bajo riesgo a uno de alto riesgo. Naturstrom afirma que los aspectos positivos del proyecto son desproporcionados en comparación con sus efectos negativos.
Las consecuencias para los objetivos de expansión son previsibles. Alemania se ha fijado el objetivo de cubrir alrededor del 80 % de su electricidad con fuentes renovables para 2030. En 2025, la proporción rondaba el 60 %. A finales de 2025, la capacidad fotovoltaica instalada acumulada en Alemania era de 117 gigavatios. Para alcanzar el objetivo de expansión de 215 gigavatios para 2030, se deberían añadir 19,6 gigavatios de nueva capacidad fotovoltaica anualmente. Ya en 2025, el aumento estaba disminuyendo, de 16,4 a 16,5 gigavatios, en comparación con los 17,5 gigavatios de 2024. El paquete de medidas para la red eléctrica amenaza con agravar drásticamente esta tendencia negativa.
La contradicción estratégica: armamentos sin base energética
La verdadera paradoja del paquete de redes reside en su oportunidad, coincidiendo con la mayor ofensiva de rearme europea desde la Guerra Fría. El plan ReArm Europe de la UE pretende movilizar hasta 800 000 millones de euros para reforzar las capacidades de defensa. Alemania ha creado un fondo especial para la Bundeswehr (Fuerzas Armadas Alemanas) y planea invertir permanentemente más del 2 % de su producto interior bruto en defensa. Al mismo tiempo, el paquete de redes obstaculiza precisamente aquellas tecnologías que, según la industria armamentística y los estrategas de la OTAN, son indispensables para las capacidades de defensa.
La propia Rheinmetall ya está dando ejemplo. En su planta de Neuss, a principios de 2026 se puso en marcha un sistema fotovoltaico de 1,5 megavatios con una capacidad de almacenamiento en baterías de más de un megavatio-hora, y se encuentran en fase de planificación otros proyectos con una producción fotovoltaica total de más de 20 megavatios y más de 10 megavatios-hora de capacidad de almacenamiento. El objetivo es la autosuficiencia energética y la optimización del autoconsumo. Los sistemas fotovoltaicos utilizan principalmente componentes de proveedores europeos y regionales para acortar las cadenas de suministro y garantizar la disponibilidad a largo plazo.
Cuando el mayor fabricante de armas de Europa clasifica la energía eólica y solar como indispensable para las capacidades de defensa, mientras que el gobierno alemán obstaculiza sistemáticamente la expansión de precisamente estas fuentes de energía, existe una contradicción estratégica fundamental. La política del SPD, Nina Scheer, cree que el paquete de medidas para la red eléctrica incumple los requisitos de su propio acuerdo de coalición, que estipula que se debe aprovechar todo el potencial de las energías renovables y sincronizar las redes con ellas.
Del nicho ecológico a la infraestructura de seguridad
La reevaluación de las energías renovables como infraestructura de seguridad marca un cambio profundo en el discurso de la política energética. La antigua dicotomía entre pragmatismo económico e idealismo ecológico se disuelve cuando la propia industria armamentística se convierte en defensora de la energía eólica y solar. Britzen resume esta idea en una frase atribuida a un general estadounidense de la Segunda Guerra Mundial: «La estrategia es para aficionados, los profesionales hablan de logística».
Para la industria fotovoltaica, este cambio de perspectiva representa una mejora fundamental. Los instaladores fotovoltaicos ya no se limitan a construir plantas de generación de energía, sino que también construyen infraestructura de seguridad. Los sistemas energéticos descentralizados, compuestos por energía fotovoltaica y almacenamiento, constituyen la base de las islas energéticas que Rheinmetall está diseñando como base para la producción de e-combustibles y, por ende, para las capacidades de defensa europeas. La planificación militar austriaca ya ha reconocido las consecuencias: la transición energética civil plantea riesgos debido a la disminución de la disponibilidad de combustibles fósiles para las fuerzas armadas y, a la vez, crea nuevas vulnerabilidades que pueden mitigarse mediante sistemas descentralizados de energía renovable.
La tarea política que se desprende de este análisis es clara. Las energías renovables no son un lujo opcional de una sociedad próspera y pacífica, sino un requisito previo para que Europa pueda actuar en un mundo cada vez más incierto. Toda ley que impida la expansión de la energía eólica y solar debilita no solo la política climática, sino también la capacidad de defensa del continente. La cuestión ya no es si Europa puede permitirse las energías renovables, sino si puede permitirse prescindir de ellas.
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