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Economía de doble uso: por qué el poder invisible de la tecnología de doble uso determinará el futuro de Europa

Economía de doble uso: por qué el poder invisible de la tecnología de doble uso determinará el futuro de Europa

Economía de doble uso: Por qué el poder invisible de la tecnología de doble uso determinará el futuro de Europa – Imagen: Xpert.Digital

Más que GPS e Internet: esto es lo que realmente significa el término “doble uso”

Doble uso: el componente económico olvidado de la integración civil-militar

Las usamos a diario y las damos por sentadas: el GPS de nuestro coche, el internet de nuestros smartphones, los microchips de nuestros ordenadores. Pero poca gente se da cuenta de que muchas de estas tecnologías revolucionarias tienen orígenes militares o poseen una segunda naturaleza oculta. Este fenómeno, en el que la tecnología puede utilizarse tanto con fines civiles como militares pacíficos, se denomina «uso dual».

Pero el mundo ha cambiado: hoy en día, ya no es solo la investigación en defensa la que impulsa el mercado civil. Son las innovaciones comerciales en campos como la inteligencia artificial, la tecnología de drones y la biotecnología las que configuran el potencial militar del futuro. Un dron con cámara estándar puede utilizarse para el reconocimiento en zonas de guerra, y un algoritmo de IA para el reconocimiento de imágenes también puede emplearse para la adquisición autónoma de objetivos.

Esta fusión genera una enorme tensión. Por un lado, estas tecnologías son un motor crucial del crecimiento económico y el progreso social. Por otro, representan un desafío creciente para la seguridad global y los controles de exportación. ¿Dónde está la línea entre un bien industrial útil y un arma potencial? ¿Cómo pueden los Estados y las empresas aprovechar las oportunidades que ofrece la innovación sin asumir riesgos incalculables? Este texto profundiza en el complejo mundo del uso dual, destacando no solo los riesgos de seguridad, sino sobre todo el componente económico, a menudo ignorado: una dinámica que determina la soberanía tecnológica y la viabilidad futura de naciones enteras.

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La espada de doble filo del progreso

En el mundo globalizado actual, el progreso tecnológico y la prosperidad económica están inextricablemente vinculados. Las innovaciones en tecnología de la información, biotecnología y ciencia de los materiales impulsan el crecimiento, mejoran la calidad de vida y crean nuevos mercados. Sin embargo, muchos de estos avances revolucionarios poseen una ambivalencia inherente, una naturaleza dual que se resume en el término "doble uso". Este concepto describe bienes, software y tecnologías que pueden utilizarse tanto con fines civiles como militares. Es un fenómeno tan antiguo como el propio desarrollo tecnológico, pero que ha alcanzado una nueva dimensión de complejidad y urgencia en la era moderna.

Este informe analiza la multifacética cuestión del doble uso, no solo como un desafío para los controles de exportación y la política de seguridad internacional, sino que también destaca especialmente su componente económico, a menudo ignorado, pero crucial. La tesis central es que una comprensión profunda de la dinámica del doble uso —la interrelación entre los mercados civiles y las necesidades militares, la innovación comercial y la seguridad estratégica— es esencial para la sostenibilidad de las empresas y la soberanía de los Estados en el siglo XXI.

La idea tradicional de que la investigación militar conducía a aplicaciones civiles como un efecto secundario se ha revertido en muchos ámbitos de la alta tecnología. Hoy en día, suelen ser las innovaciones impulsadas por el sector civil con fines comerciales las que definen el potencial militar del futuro. Esta inversión en la transferencia de tecnología plantea a gobiernos y empresas desafíos fundamentalmente nuevos.

Ya no se trata principalmente de prevenir la filtración de algunos secretos militares de Estado, sino de controlar la difusión de tecnologías de vanguardia ampliamente disponibles comercialmente con potencial inherente de aplicación militar. Este cambio está transformando la naturaleza del control, el equilibrio entre la libertad económica y la seguridad nacional, y el panorama estratégico para todos los actores.

Desde poderosos microchips hasta drones comerciales y algoritmos de inteligencia artificial, la línea entre el uso civil y la amenaza militar se ha vuelto fluida y requiere un enfoque diferenciado y estratégico.

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Los fundamentos del doble uso: definiciones y el dilema fundamental

Definición integral: bienes, software y tecnología en el campo de la tensión

Para comprender la complejidad del tema, es esencial una definición precisa. Según la base jurídica centroeuropea, el Reglamento (UE) 2021/821, los productos de doble uso son «bienes, incluidos los programas informáticos y la tecnología, que pueden utilizarse tanto con fines civiles como militares». Esta definición es deliberadamente amplia y destaca tres aspectos clave.

En primer lugar, no se trata sólo de bienes físicos como maquinaria o productos químicos, sino también explícitamente de bienes intangibles como software y tecnología, es decir, el conocimiento técnico específico requerido para el desarrollo, la fabricación o el uso de un producto.

En segundo lugar, el término también incluye bienes que puedan contribuir al diseño, desarrollo, producción o uso de armas nucleares, químicas o biológicas y sus sistemas vectores, las llamadas armas de destrucción masiva.

En tercer lugar, el uso final real o previsto es inicialmente irrelevante para clasificar un bien como de doble uso; el único factor decisivo es su potencial para un uso militar o de proliferación. Por lo tanto, un bien no se convierte en un bien de doble uso por un uso crítico, sino debido a sus propiedades técnicas inherentes.

El dilema histórico del doble uso: de fertilizante a arma

El dilema del doble uso no es una invención de la era digital. Uno de los ejemplos históricos más impactantes es el descubrimiento del proceso Haber-Bosch para sintetizar amoníaco a principios del siglo XX. Esta proeza científica permitió la producción masiva de fertilizantes artificiales y, por lo tanto, revolucionó la agricultura al asegurar el suministro de alimentos a miles de millones de personas.

Al mismo tiempo, sin embargo, el amoníaco también fue la materia prima crucial para la producción de explosivos y armas químicas, que se utilizaron a escala devastadora durante la Primera Guerra Mundial. Este ejemplo clásico ilustra el problema central: una misma tecnología puede ser a la vez Segen y una maldición. Esta ambivalencia es inherente a la tecnología y no puede resolverse con simples prohibiciones sin sacrificar simultáneamente sus beneficios civiles.

Esta constatación condujo a iniciativas internacionales tempranas, en particular en química y física nuclear, para controlar la proliferación de tecnologías peligrosas sin prohibir su uso pacífico. Tratados como la Convención sobre las Armas Químicas (CAQ) y el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) son respuestas políticas directas a este dilema fundamental del doble uso.

Diferenciación de los armamentos puros y las zonas grises del control

Para que un sistema de control funcione, es crucial distinguir los bienes de doble uso de los bienes puramente militares. Los bienes militares son productos diseñados, desarrollados o modificados específicamente para fines militares. Estos incluyen armas, municiones y equipo militar específico.

Por lo general, estos productos están sujetos a regímenes de control más estrictos y separados consagrados en las leyes nacionales, como por ejemplo en la Parte I Sección A de la Lista de Exportación de Alemania.

Sin embargo, el verdadero desafío del control de las exportaciones reside en la vasta zona intermedia. Muchos bienes industriales de vanguardia no son militares per se, pero poseen propiedades técnicas que los hacen atractivos o incluso necesarios para aplicaciones militares. Un ejemplo clásico son las máquinas herramienta de alta precisión. Una fresadora moderna de cinco ejes, controlada por computadora, puede utilizarse para la producción en serie de componentes altamente complejos en la industria automotriz o aeroespacial civil, pero con las mismas capacidades, también puede producir componentes para motores de cohetes, sistemas de tanques o centrifugadoras para el enriquecimiento de uranio.

Por lo tanto, la decisión de si una máquina de este tipo se considera un producto de doble uso controlado no depende de su nombre ni de su aplicación principal, sino de parámetros técnicos específicos, como la precisión de posicionamiento o el número de ejes controlables simultáneamente. Estos umbrales técnicos, que se especifican en las listas de productos de los regímenes de control, definen la frontera entre un producto industrial no controlado y un producto de doble uso que requiere una licencia. Incluso productos aparentemente inocuos, como las máquinas para producir tubos de lápiz labial, pueden considerarse productos de doble uso si pudieran desviarse a la fabricación de casquillos. Estos ejemplos demuestran que un control eficaz de las exportaciones requiere un profundo conocimiento técnico y un análisis preciso de los parámetros del producto, que va mucho más allá de una consideración superficial del uso previsto.

El régimen de control global: política internacional y marco jurídico

Desarrollo histórico: desde la Guerra Fría (COCOM) hasta el Acuerdo de Wassenaar

La gestión del comercio de bienes sensibles no es una tarea exclusivamente nacional, sino que requiere una intensa cooperación internacional. A lo largo de las décadas, se ha desarrollado un complejo sistema multidimensional de acuerdos multilaterales y marcos jurídicos, cuyo objetivo es prevenir la proliferación de armas de destrucción masiva y equipo militar convencional sin obstaculizar indebidamente el comercio legítimo.

Los orígenes de los controles multilaterales de exportación modernos se remontan a la Guerra Fría. Tras la Segunda Guerra Mundial, los aliados occidentales establecieron el Comité Coordinador para el Control Multilateral de las Exportaciones (COCOM). Este organismo tenía el claro objetivo de impedir la exportación de tecnologías occidentales estratégicamente relevantes a los países del Bloque del Este para frenar su desarrollo militar.

El COCOM fue un instrumento del conflicto Este-Oeste, basado en el principio de negación, y perdió su razón de ser con el fin de la Guerra Fría. Se disolvió en 1994.

Fue reemplazado en 1996 por el Acuerdo de Wassenaar (WA), que persigue una filosofía fundamentalmente diferente. En lugar de centrarse en un grupo específico de Estados, el WA busca promover la transparencia y una mayor rendición de cuentas en la transferencia de armas convencionales y bienes y tecnologías de doble uso.

Los 42 Estados participantes en la actualidad, incluida la mayoría de las naciones industrializadas, se comprometen a mantener sistemas nacionales eficaces de control de las exportaciones y a informarse mutuamente sobre la exportación de determinados productos enumerados a Estados no miembros.

Un elemento clave es el intercambio de información sobre las solicitudes de autorización rechazadas (“denegaciones”) para evitar que un exportador autorice en otro Estado miembro una entrega que ya ha sido prohibida en otro lugar por razones de seguridad.

El Acuerdo de Retirada no es un tratado de derecho internacional, sino que se basa en el compromiso político de sus miembros. Sirve como foro central para el desarrollo y la actualización periódica de las listas de control de equipos militares convencionales y bienes de doble uso, que posteriormente son incorporadas por los Estados miembros a sus ordenamientos jurídicos nacionales o supranacionales.

Los pilares de la no proliferación internacional: MTCR, NSG y el Grupo de Australia

El Acuerdo de Wassenaar se centra principalmente en armamentos convencionales y bienes de doble uso estratégicamente relevantes. Para las áreas particularmente críticas de armas de destrucción masiva, existen regímenes de control especializados y superpuestos, a menudo denominados los "cuatro regímenes" de control internacional de las exportaciones:

Grupo de Suministradores Nucleares (NSG)

El Grupo de Suministradores Nucleares se creó en 1975 en respuesta a la detonación de un dispositivo nuclear por parte de la India en 1974, lo que demostró que la tecnología nuclear civil podía emplearse indebidamente para el desarrollo de armas. El GSN controla la exportación de material fisible, reactores nucleares y equipos específicos, así como artículos de doble uso relacionados con la energía nuclear, ampliamente utilizados en la industria civil, pero que también pueden ser cruciales para un programa de armas nucleares.

Grupo de Australia

Este foro informal, establecido en 1985, tiene como objetivo prevenir la proliferación de armas químicas y biológicas (AQ/ABC). Los Estados miembros armonizan sus controles nacionales de exportación para una lista específica de precursores químicos, agentes biológicos (como virus y bacterias) y equipos relacionados para la producción de AQ/ABC.

Régimen de Control de Tecnología de Misiles (MTCR)

El Régimen de Control de la Tecnología de Misiles, establecido por los países del G7 en 1987, tiene como objetivo frenar la proliferación de sistemas de lanzamiento no tripulados para armas de destrucción masiva. Esto incluye no solo misiles balísticos, sino también misiles de crucero y vehículos aéreos no tripulados (drones) capaces de lanzar una carga útil específica a un alcance definido. Las listas de control del MTCR incluyen tanto sistemas completos como componentes clave, como motores de cohetes, sistemas de navegación y materiales especializados.

Juntos, estos cuatro regímenes constituyen la base del sistema global de no proliferación. Sus listas de productos, elaboradas por grupos de expertos y actualizadas periódicamente, constituyen la base de las listas de control de la Unión Europea y otros Estados miembros.

Control de las exportaciones en la Unión Europea: el Reglamento de doble uso 2021/821

Para los Estados miembros de la Unión Europea, el Reglamento (UE) 2021/821 constituye la base jurídica central y directamente aplicable para el control de los productos de doble uso. Sustituye al anterior Reglamento de 2009 y representa una modernización integral del sistema de control de las exportaciones de la UE, respondiendo a los nuevos avances tecnológicos, la evolución de los riesgos de seguridad y la creciente importancia de los derechos humanos.

El Reglamento crea un régimen uniforme de la Unión que abarca todo el ciclo de vida de una transacción de exportación y regula el control de las exportaciones (a países fuera de la UE), la intermediación de transacciones, la asistencia técnica, el tránsito y la transferencia (dentro de la UE).

El principio del mercado interior de la UE estipula que el comercio de productos de doble uso entre Estados miembros es generalmente libre. Sin embargo, una excepción importante son los productos especialmente sensibles enumerados en el Anexo IV del Reglamento (por ejemplo, los procedentes de las áreas de tecnología furtiva o control estratégico), cuya transferencia dentro de la UE sigue requiriendo un permiso.

Un elemento central del reglamento es un sistema diferenciado de tipos de autorización, cuyo objetivo es reducir la carga administrativa para las exportaciones no críticas y garantizar al mismo tiempo un control estricto de las entregas sensibles:

Autorizaciones Generales de la Unión (EUGEAs)

Estos permiten la exportación de ciertos bienes a determinados países de destino no críticos (por ejemplo, EE. UU., Japón, Suiza) en condiciones específicas sin la necesidad de presentar una solicitud individual.

Autorizaciones Generales Nacionales (NGEA)

Los Estados miembros podrán expedir sus propias autorizaciones generales para facilitar aún más las exportaciones, siempre que sean compatibles con las autorizaciones generales de exportación de la UE.

Permisos individuales

La forma clásica de autorización para una transacción específica entre un exportador y un usuario final en un tercer país.

Permisos globales (permisos colectivos)

Permiten a un exportador realizar múltiples exportaciones de varios bienes a diferentes usuarios finales en diferentes países y tienen una validez de hasta dos años.

Aprobaciones para proyectos importantes

Una innovación en el Reglamento 2021/821 que tiene en cuenta las necesidades de la industria en proyectos grandes y a largo plazo (por ejemplo, la construcción de una central eléctrica).

Implementación nacional en Alemania: el papel de BAFA, AWG y la lista de exportaciones

Si bien el reglamento de la UE establece el marco, la práctica real de concesión de licencias se lleva a cabo a nivel nacional. En Alemania, la Oficina Federal de Economía y Control de las Exportaciones (BAFA) es la autoridad responsable de la concesión de licencias. Revisa las solicitudes de las empresas y decide sobre la concesión o denegación de licencias de exportación con arreglo a la legislación europea y nacional.

La base jurídica en Alemania es la Ley de Comercio Exterior y Pagos (AWG) y la Ordenanza de Comercio Exterior y Pagos (AWV), más detallada. El Reglamento sobre Productos de Doble Uso de la UE, como legislación europea, es directamente aplicable y prevalece sobre la legislación nacional. No obstante, la legislación alemana complementa las normas de la UE.

El instrumento más importante para ello es la Lista de Exportación, un anexo del Reglamento de Comercio Exterior y Pagos (AWV). Mientras que la Parte I, Sección A, de la Lista de Exportación contiene equipo militar controlado a nivel nacional, la Parte I, Sección B, enumera otros productos de doble uso que Alemania considera que merecen control por razones de seguridad nacional o política exterior, pero que no están incluidos en la lista a nivel de la UE del Anexo I del Reglamento. Por lo tanto, una empresa alemana siempre debe consultar tanto el Anexo I del Reglamento de la UE como la Lista de Exportación alemana al revisar sus planes de exportación.

La creciente interrelación de la economía global con los intereses geopolíticos está provocando una notable fragmentación del panorama internacional de control. Si bien regímenes multilaterales como el Arreglo de Wassenaar proporcionan un denominador común para la clasificación técnica de mercancías, la aplicación real de los controles se ve cada vez más condicionada por los intereses estratégicos de los principales bloques económicos. Con su Reglamento de 2021 y el Libro Blanco sobre Control de las Exportaciones de 2024, la Unión Europea ha establecido un rumbo claro que, además de la no proliferación tradicional, también se centra en la protección de los derechos humanos y el fortalecimiento de su propia seguridad económica. Esto se refleja en nuevos controles específicos para las tecnologías de vigilancia digital que podrían utilizarse indebidamente con fines de represión interna.

Al mismo tiempo, Estados Unidos tradicionalmente aplica una política de control de exportaciones muy firme, fuertemente influenciada por sus objetivos de política exterior. El sistema estadounidense, basado en el Reglamento de Administración de Exportaciones (EAR) y el Reglamento sobre el Tráfico Internacional de Armas (ITAR), se caracteriza por su amplia aplicación extraterritorial. Por lo tanto, las empresas alemanas también pueden estar sujetas a las regulaciones estadounidenses de control de (re)exportaciones si sus productos contienen tecnología o componentes estadounidenses por encima de un cierto umbral de minimis.

Las extensas listas de sanciones estadounidenses, como la Lista de Entidades, apuntan a empresas y organizaciones extranjeras específicas que se consideran un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, otros actores globales como China están construyendo sus propios sistemas integrales de control de exportaciones para proteger su seguridad nacional y sus intereses económicos.

Para las empresas con actividad internacional, este desarrollo representa un aumento significativo de la complejidad. Un sistema global, en gran medida armonizado, está siendo reemplazado por un entorno regulatorio multipolar en el que deben desenvolverse no solo en uno, sino en varios sistemas legales, parcialmente solapados y, en ocasiones, contradictorios. El cumplimiento normativo, por lo tanto, pasa de ser una tarea de clasificación puramente técnica a un exigente desafío estratégico que requiere un análisis continuo de los desarrollos geopolíticos y los marcos legales.

 

Hub para seguridad y defensa: asesoramiento e información

Hub para seguridad y defensa - Imagen: xpert.digital

El Hub para la Seguridad y la Defensa ofrece asesoramiento bien fundado e información actual para apoyar efectivamente a las empresas y organizaciones para fortalecer su papel en la política europea de seguridad y defensa. En estrecha conexión con el grupo de trabajo de las PYME Connect, promueve pequeñas y medianas empresas (PYME) en particular que desean ampliar aún más su innovadora fuerza y ​​competitividad en el campo de la defensa. Como punto de contacto central, el Hub crea un puente decisivo entre las PYME y la estrategia de defensa europea.

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Entre la seguridad y el progreso: el complejo mundo de los bienes de doble uso

La anatomía del control: clasificación de mercancías y debida diligencia corporativa

Sistemática de listas de bienes: La lógica de categorías y géneros

La implementación eficaz de los controles de exportación depende en gran medida de dos factores: una clasificación clara y sistemática de las mercancías controladas y la implementación de procesos internos sólidos en las empresas exportadoras. Sin una identificación precisa de los productos propios y una revisión exhaustiva de los socios comerciales y los usos finales, las regulaciones legales resultan ineficaces.

El núcleo de los controles de exportación relacionados con las mercancías es el Anexo I del Reglamento de Doble Uso de la UE. Este exhaustivo documento técnico enumera todos los bienes, programas informáticos y tecnologías cuya exportación desde la UE requiere autorización. Para que esta compleja lista sea manejable, se ajusta a un sistema estricto y lógico, ampliamente armonizado a nivel internacional.

Cada artículo listado está identificado por un código alfanumérico de cinco dígitos, el llamado Número de Clasificación de Control de Exportación (ECCN), como por ejemplo 3A001 para ciertos circuitos integrados.

La estructura de este número sigue un esquema claro que permite una rápida asignación a áreas tecnológicas y regímenes de control:

El primer dígito (0-9) indica una de diez categorías, cada una de las cuales abarca un amplio campo tecnológico.

La segunda letra (AE) indica uno de los cinco géneros que describen el tipo de propiedad.

Los tres últimos dígitos forman el identificador, que proporciona información sobre el origen del cheque y sirve como identificación única. Un identificador entre 900 y 999 indica cheques exclusivamente nacionales que trascienden los acuerdos internacionales.

Esta estructura sistemática es la herramienta crucial para que las empresas clasifiquen sus productos e identifiquen posibles requisitos de aprobación.

Sistema de la lista de productos de doble uso de la UE

Sistema de la Lista de Productos de Doble Uso de la UE – Imagen: Xpert.Digital

La Lista de Productos de Doble Uso de la UE es un sistema de clasificación exhaustivo que estructura diversas categorías técnicas y tipos de productos. Las categorías se identifican por el primer dígito e incluyen áreas clave como materiales, instalaciones y equipos nucleares (Categoría 0) y materiales especiales (Categoría 1). Las categorías, representadas por la segunda letra, diferencian aún más los productos, por ejemplo, en sistemas, equipos y componentes (Categoría A) o materiales (Categoría C).

Las categorías abarcan desde áreas técnicas básicas como el procesamiento de materiales (Categoría 2) y la electrónica (Categorías 3-4) hasta áreas de aplicación específicas como las telecomunicaciones y la seguridad de la información (Categoría 5), ​​sensores y láseres (Categoría 6), y la industria aeroespacial, espacial y de propulsión (Categoría 9). Esta estructura sistemática permite la clasificación y el control precisos de los bienes potencialmente de doble uso en el comercio internacional.

El camino hacia el cumplimiento: Los programas de cumplimiento interno (PCI) como una necesidad estratégica

La obligación legal de cumplir con las regulaciones de control de exportaciones recae exclusivamente en la empresa exportadora. Dada la complejidad de las regulaciones y las graves consecuencias de infringirlas, que van desde multas cuantiosas hasta penas de prisión para los directivos responsables, el establecimiento de un programa interno de cumplimiento (PCC) es esencial para las empresas afectadas. Un PCC es un proceso interno sistemático de la empresa que garantiza el cumplimiento de todos los requisitos de la legislación sobre comercio exterior.

Un PCI eficaz normalmente incluye varios elementos fundamentales:

responsabilidad

Una asignación clara de responsabilidad por el control de las exportaciones a una o más personas dentro de la empresa, a menudo en la forma de un oficial de exportaciones de nivel gerencial.

Análisis de riesgos

Una evaluación sistemática de los riesgos específicos de la empresa en función de sus productos, países objetivo y base de clientes.

Clasificación de mercancías

Una revisión exhaustiva de toda la cartera de productos para determinar qué bienes, software o tecnologías abarcan las listas de productos. Esto suele requerir la experiencia técnica de los departamentos pertinentes.

Auditoría de transacciones comerciales

Cada transacción de exportación debe revisarse antes de su ejecución. Esto incluye verificar el usuario final, el destinatario, el país de destino y el uso final declarado.

Selección de socios comerciales

Un componente clave es la verificación de todas las partes involucradas en una transacción (clientes, proveedores, transportistas) con las listas de sanciones nacionales e internacionales. Estas incluyen listas como la Lista de Personas Denegadas o la Lista de Entidades de EE. UU., que enumeran a personas y organizaciones con las que se prohíbe o restringe severamente el comercio.

Documentación y almacenamiento

Todos los pasos y decisiones de auditoría deben documentarse íntegramente y conservarse durante un período legalmente prescrito (cinco años en la UE).

capacitación

Capacitación periódica de los empleados relevantes para mantener la conciencia de los riesgos y el conocimiento de las regulaciones.

Un PCI funcional no solo es una herramienta para la mitigación de riesgos, sino también, cada vez más, un requisito previo para el uso de simplificaciones procesales. Por ejemplo, la nueva Autorización General de la UE (EU007), que facilita la transferencia intragrupo de tecnología y software, exige explícitamente un PCI eficaz en el exportador.

Más allá de las listas: las cláusulas “catch-all” y el examen del uso final y del usuario final

Los controles de exportación no se limitan a los productos explícitamente enumerados en las listas de mercancías. Las denominadas cláusulas "catch-all" desempeñan un papel crucial. Estas cláusulas establecen un requisito de licencia para mercancías no incluidas en las listas si el exportador sabe, o las autoridades le informan, que las mercancías están destinadas a un uso final crítico.

El Reglamento de doble uso de la UE define varios de estos usos críticos en el artículo 4. Se requiere un permiso para productos no incluidos en la lista si están relacionados con:

El desarrollo, producción o uso de armas químicas, biológicas o nucleares (armas de destrucción masiva).

Un uso final militar en un país sujeto a un embargo de armas de la UE, la OSCE o la ONU.

Utilización como componentes de equipos militares previamente exportados desde un Estado miembro de la UE sin la autorización requerida.

Estas regulaciones transfieren parte de la responsabilidad directamente a la empresa. Como parte de su diligencia debida, debe examinar si existen indicios de dicho uso crítico. Los factores sospechosos ("señales de alerta") pueden incluir, por ejemplo, un uso previsto inverosímil, un cliente sin experiencia en el sector o un secretismo evidente por parte del usuario final.

El factor humano: los derechos humanos como nuevo criterio para el control de las exportaciones

El Reglamento de la UE sobre Productos de Doble Uso modernizado de 2021 ha ampliado el alcance de los controles de exportación con una dimensión importante: la protección de los derechos humanos. El artículo 5 del reglamento introduce una nueva disposición general específica para los productos de vigilancia digital no incluidos en la lista.

Estos productos se definen como productos especialmente diseñados para permitir la vigilancia encubierta de personas físicas mediante la extracción o análisis de datos de los sistemas de información y telecomunicaciones.

Se requiere una licencia de exportación para dichas mercancías si el exportador es informado por la autoridad competente (por ejemplo, la Oficina Federal de Asuntos Económicos y Control de las Exportaciones) de que las mercancías están o pueden estar destinadas, total o parcialmente, a ser utilizadas en relación con la represión interna o la comisión de violaciones graves de los derechos humanos o del derecho internacional humanitario.

Además, si el propio exportador llega a tener conocimiento de dicho uso final previsto como resultado de su propia diligencia, está obligado a informar a la autoridad, que decidirá entonces si es necesario un permiso.

Esta normativa presenta importantes retos para las empresas. Estas no solo deben evaluar las especificaciones técnicas de sus productos y la viabilidad comercial de una transacción, sino también la situación de los derechos humanos en el país de destino y el posible papel de sus productos en este contexto.

El Reglamento intenta aliviar esta carga aclarando que los bienes para aplicaciones puramente comerciales, como la facturación, el marketing o la seguridad de la red, generalmente no están sujetos a este control.

Sin embargo, este enfoque basado en los derechos humanos amplía el foco de los controles de las exportaciones desde la pura no proliferación a una política de comercio exterior basada en valores, lo que aumenta significativamente los requisitos de cumplimiento para las empresas del sector tecnológico.

La dimensión económica: entre la ventaja estratégica y la desventaja competitiva

El doble uso como motor de innovación: transferencia de tecnología y efectos indirectos en la sociedad civil

El debate sobre el uso dual suele estar dominado por consideraciones de política de seguridad. Por ello, se pasa por alto fácilmente la profunda trascendencia económica de este fenómeno. El uso dual de tecnologías no solo es un riesgo que debe controlarse, sino también un motor clave de la innovación y un factor decisivo para la competitividad y la autonomía estratégica de economías enteras. Al mismo tiempo, los mecanismos de control representan una carga significativa para las empresas, lo que podría perjudicar su posición en la competencia global.

La estrecha integración de la investigación y el desarrollo (I+D) civil y militar es una poderosa fuente de progreso tecnológico. Históricamente, muchas tecnologías civiles pioneras surgieron como consecuencia de la investigación militar y de defensa. El Sistema de Posicionamiento Global (GPS) e internet son los ejemplos más destacados. Las enormes inversiones gubernamentales en estos proyectos militares sentaron las bases tecnológicas que posteriormente se comercializaron y revolucionaron industrias civiles enteras.

Hoy en día, esta dinámica se ha revertido en muchos ámbitos. Especialmente en tecnologías digitales clave como la inteligencia artificial, la computación cuántica y los semiconductores avanzados, la investigación de vanguardia se realiza principalmente en el sector civil, con fines comerciales. Los ministerios de defensa dependen cada vez más de la adaptación de estas innovaciones civiles a fines militares.

Independientemente de la dirección de la transferencia de tecnología, surgen sinergias significativas de la doble aplicabilidad. Las inversiones en I+D pueden ser doblemente rentables, ya que fortalecen la seguridad nacional y mejoran la competitividad comercial. Por ello, asociaciones empresariales como la Federación de Industrias Alemanas (BDI) y actores políticos como la Comisión Europea enfatizan la necesidad de fortalecer específicamente las sinergias entre la investigación civil y la relacionada con la defensa. El objetivo es maximizar los efectos indirectos en ambas direcciones y crear una base de innovación integrada.

Beneficios económicos: Fortalecimiento de la soberanía tecnológica y la base industrial

A nivel macroeconómico, la capacidad de desarrollar y producir tecnologías críticas de doble uso a nivel nacional se ha convertido en un elemento central de la autonomía estratégica. La pandemia de COVID-19 y las turbulencias geopolíticas de los últimos años han puesto de relieve los riesgos de una dependencia unilateral en las cadenas de suministro globales, especialmente en el caso de bienes de alta tecnología como los semiconductores.

Las tecnologías de doble uso suelen ser tecnologías facilitadoras clave con impactos de gran alcance en toda la economía. Una industria nacional sólida en áreas como la microelectrónica, la ciberseguridad, la industria aeroespacial o la biotecnología es crucial no solo para la capacidad de defensa de un país, sino también para su resiliencia económica general y su capacidad de innovación.

Por tanto, las iniciativas políticas como el Libro Blanco de la Comisión Europea sobre el fomento de la I+D con potencial de doble uso tienen por objeto fortalecer la base tecnológica e industrial de Europa y reducir la dependencia de proveedores no europeos en áreas estratégicamente importantes.

De este modo, la promoción selectiva de la investigación de doble uso se convierte en un instrumento de la política industrial y de seguridad moderna, destinada a aumentar la competitividad garantizando al mismo tiempo la seguridad económica.

Desafíos empresariales: costes de cumplimiento, incertidumbre jurídica y competitividad global

Sin embargo, los regímenes de control representan una carga significativa para las empresas exportadoras. El cumplimiento de estas complejas regulaciones genera costos empresariales significativos. Estos incluyen costos directos de personal especializado en los departamentos de control de exportaciones, costosas soluciones de software para la clasificación de mercancías y la revisión de listas de sanciones, y asesoría legal externa.

A esto se suman los costos indirectos derivados de los retrasos en el proceso de aprobación. Los largos tiempos de espera para obtener una licencia de exportación pueden conllevar sanciones contractuales o incluso la pérdida de pedidos, ya que no se puede garantizar a los clientes las fechas de entrega.

Otro problema clave para las empresas es la inseguridad jurídica. En particular, las cláusulas generales, redactadas con vaguedad, y los nuevos criterios relacionados con los derechos humanos imponen una considerable responsabilidad a las empresas. En su actividad diaria, deben realizar complejas evaluaciones de política exterior y de seguridad, que pueden ser sancionables, para lo cual a menudo carecen de la información y la experiencia necesarias.

Esta incertidumbre puede llevar a las empresas a abstenerse de realizar transacciones legales por precaución (“sobrecumplimiento”) o a presentar un aluvión de solicitudes de aprobación preventiva a las autoridades, lo que sobrecarga sus capacidades y extiende aún más los tiempos de procesamiento para todos.

Estas cargas pueden generar una desventaja competitiva significativa en el mercado global. Si las empresas de la UE están sujetas a controles más estrictos, complejos e impredecibles que sus competidores de otras partes del mundo, corren el riesgo de perder cuota de mercado. Unos controles de exportación eficaces solo funcionan en un mercado global si los competidores más importantes están sujetos a normas similares, o idealmente, las mismas. La creciente fragmentación geopolítica de los regímenes de control dificulta la creación de dichas condiciones equitativas y exacerba la presión competitiva para los exportadores europeos de alta tecnología.

El futuro de la investigación: promoción específica del potencial de doble uso en Europa

En respuesta a estos desafíos y para fortalecer su posición en la carrera tecnológica global, se están realizando esfuerzos a nivel europeo y nacional para promover de forma más estratégica la investigación y el desarrollo con potencial de doble uso. En su Libro Blanco de 2024, la Comisión Europea ha presentado diversas opciones para su debate con el fin de crear un marco más integrado y específico para la innovación en el doble uso.

Comisiones de expertos como la Comisión Alemana de Expertos para Investigación e Innovación (EFI) piden la disolución de la estricta separación entre la financiación de la investigación civil y militar que todavía existe en muchos países.

Una apertura de este tipo podría generar sinergias importantes y abrir oportunidades económicas que de otro modo Alemania y Europa perderían.

El debate gira en torno a cómo hacer más ágil y flexible la financiación de la investigación para aprovechar al máximo el potencial de las tecnologías que pueden servir tanto para fines civiles como para fines relacionados con la seguridad, sin descuidar la investigación básica civil.

Esta realineación estratégica tiene como objetivo aunar la fuerza innovadora de Europa y aprovecharla para fortalecer la seguridad económica y nacional.

 

Su experto en logística de doble uso

Experto en logística de doble uso - Imagen: xpert.digital

La economía global está experimentando actualmente una transformación fundamental, un momento de cambio trascendental que está sacudiendo los cimientos de la logística global. La era de la hiperglobalización, caracterizada por la búsqueda inquebrantable de la máxima eficiencia y el principio del "justo a tiempo", está dando paso a una nueva realidad caracterizada por profundas disrupciones estructurales, cambios de poder geopolítico y una progresiva fragmentación económica. La previsibilidad, antes considerada como algo natural, de los mercados y las cadenas de suministro internacionales se está disolviendo y dando paso a una fase de creciente incertidumbre.

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Drones, satélites, internet: cuando lo militar y la sociedad civil convergen

El doble uso en la práctica: áreas de aplicación concretas y estudios de caso

La revolución desde lo militar: el GPS e Internet como ejemplos principales de transferencia de tecnología

Los conceptos abstractos y el marco legal del doble uso se comprenden mejor mediante ejemplos concretos de la práctica tecnológica. Estos estudios de caso demuestran la profunda integración del doble uso en nuestro mundo moderno, desde las infraestructuras básicas que utilizamos a diario hasta las tecnologías de vanguardia que definirán nuestro futuro.

Dos de las tecnologías más transformadoras de finales del siglo XX tienen su origen directo en la investigación y el desarrollo militar estadounidense. Son ejemplos clásicos de transferencia exitosa de tecnología del sector militar al civil.

El Sistema de Posicionamiento Global (GPS) fue desarrollado en la década de 1970 por el Departamento de Defensa de EE. UU. como el programa GPS NAVSTAR para permitir una navegación precisa, mundial e independiente del clima para unidades militares (barcos, aviones, soldados).

Tras su pleno funcionamiento en 1993, la señal se liberó gradualmente para uso civil. Inicialmente, científicos y topógrafos utilizaban principalmente la nueva tecnología.

Sin embargo, el verdadero avance se produjo alrededor del año 2000, cuando el gobierno estadounidense desactivó la degradación artificial de la señal para usuarios civiles (Disponibilidad Selectiva). Esto, combinado con la progresiva miniaturización de los receptores, propició un auge de las aplicaciones civiles. Hoy en día, el GPS es la base de innumerables servicios e industrias, desde la navegación en automóviles y teléfonos inteligentes hasta la agricultura de precisión y la gestión de flotas en logística, pasando por la sincronización de los mercados financieros y las redes de telecomunicaciones. Los beneficios económicos son inmensos; un estudio estimó que el beneficio económico generado por el GPS, solo para Estados Unidos, ascendería a 1,4 billones de dólares para 2019.

La situación es similar con Internet. Su predecesora, ARPANET, se desarrolló a finales de la década de 1960 por encargo de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA) del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

El objetivo principal era crear una red informática descentralizada y robusta que permaneciera funcional incluso si fallaban nodos individuales, por ejemplo, debido a un ataque militar. Inicialmente, la red conectaba únicamente a unas pocas universidades e instituciones de investigación dedicadas a proyectos de defensa.

En las décadas siguientes, se convirtió en una herramienta importante para la comunidad académica. El punto de inflexión decisivo se produjo a principios de la década de 1990 con el desarrollo de la World Wide Web y su gradual apertura y comercialización.

Hoy en día, Internet es la infraestructura básica de la sociedad global de la información y ha cambiado fundamentalmente la economía mundial al permitir el comercio electrónico, nuevos servicios y una reducción drástica de los costos de transacción.

Arenas modernas: drones, inteligencia artificial y la fusión de los dominios civiles y militares

Si bien el GPS e Internet son ejemplos de transferencia de tecnología que duró décadas, la fusión de aplicaciones civiles y militares en las tecnologías modernas a menudo ocurre casi simultáneamente.

Los vehículos aéreos no tripulados (UAV), conocidos popularmente como drones, ilustran de forma impresionante esta tendencia. Desarrollados originalmente para reconocimiento y ataque militar, en los últimos años se ha desarrollado un enorme mercado de drones comerciales. Este mercado está creciendo rápidamente en Alemania y en todo el mundo, impulsado por precios asequibles y una amplia gama de aplicaciones.

Los drones se utilizan habitualmente en la agricultura para supervisar los campos, en la industria de la construcción para inspeccionar edificios, en la logística para la entrega de paquetes y por los servicios de emergencia para evaluar la situación en caso de incendios o accidentes.

Al mismo tiempo, estos drones, disponibles comercialmente y tecnológicamente avanzados, se están adaptando directamente a fines militares. Cuadricópteros pequeños y maniobrables del mercado civil se utilizan para reconocimiento a nivel de pelotón o como portadores de pequeños artefactos explosivos, transformando radicalmente la guerra. La transferencia de tecnología del sector civil al militar está acelerando significativamente el ciclo de innovación de las fuerzas armadas.

La inteligencia artificial (IA) representa quizás el campo de uso dual más complejo y de mayor alcance. Los algoritmos de IA desarrollados en el sector civil, por ejemplo, para examinar imágenes de resonancia magnética en busca de anomalías en medicina, analizar el comportamiento de los clientes u optimizar cadenas logísticas complejas, se basan en las mismas tecnologías fundamentales que también son de gran relevancia para fines militares.

Las aplicaciones militares de la IA incluyen la detección autónoma de objetivos en tiempo real, el control de sistemas de armas, el análisis de cantidades masivas de datos para la recopilación de inteligencia y la defensa contra ciberataques.

El “dilema ético del doble uso” es particularmente pronunciado aquí: la investigación sobre una IA más potente, que puede aportar enormes beneficios a la humanidad, conlleva inevitablemente el riesgo de ser mal utilizada para el desarrollo de sistemas de armas autónomas o sistemas de vigilancia totalitarios.

Fronteras invisibles: biotecnología, computación cuántica y la importancia estratégica del espacio

En la vanguardia de la investigación científica están surgiendo nuevos campos tecnológicos cuyo potencial de doble uso es ya previsible y que desempeñarán un papel estratégico central en el futuro.

La biotecnología, en particular los avances en edición genómica (como CRISPR) y biología sintética, promete avances revolucionarios en la medicina y la agricultura. Sin embargo, estas tecnologías conllevan el riesgo de ser mal utilizadas para el desarrollo de nuevas armas biológicas.

La investigación científica dirigida a comprender la transmisibilidad o patogenicidad de los virus para combatir mejor las pandemias también puede generar conocimiento que podría utilizarse para crear patógenos más peligrosos. Por esta razón, se han creado mecanismos especiales de supervisión, como el Consejo Nacional de Asesoramiento Científico para la Bioseguridad (NSABB), en Estados Unidos y otros países para identificar y evaluar este tipo de investigación de doble uso preocupante (DURC).

La computación cuántica tiene el potencial de resolver problemas computacionales que están más allá del alcance de las supercomputadoras actuales. Esto abre inmensas oportunidades para la investigación civil, por ejemplo, en el desarrollo de nuevos fármacos o materiales. Al mismo tiempo, representa una amenaza fundamental para la seguridad informática actual, ya que una computadora cuántica potente sería capaz de descifrar los algoritmos de cifrado más comunes que protegen nuestras comunicaciones digitales y transacciones financieras.

Además, la detección cuántica promete el desarrollo de instrumentos de medición extremadamente precisos que podrían usarse tanto en geología civil como para el seguimiento de submarinos militares o aviones furtivos.

El espacio también se está convirtiendo en un ámbito de doble uso cada vez más importante. La era del "Nuevo Espacio", caracterizada por empresas privadas que ofrecen lanzamientos de satélites de bajo coste y constelaciones masivas de satélites, está difuminando las fronteras entre el uso civil y militar del espacio. Los satélites de observación de la Tierra, que proporcionan imágenes de alta resolución para la agricultura o la ayuda en caso de desastres, también pueden utilizarse para el reconocimiento militar. Los satélites de comunicaciones, que llevan internet de banda ancha a regiones remotas, también son cruciales para el control de drones y la interconexión de tropas en el teatro de operaciones.

La infraestructura como activo estratégico: puertos, aeropuertos y cadenas logísticas cívico-militares

El concepto de doble uso no se limita a productos o tecnologías individuales, sino que también abarca infraestructuras y servicios críticos. Las cadenas logísticas y las rutas de transporte que constituyen la columna vertebral de la economía global también son esenciales para la movilidad militar y la capacidad de un Estado para desplegar fuerzas armadas.

Por lo tanto, los grandes puertos marítimos civiles suelen designarse como "puertos estratégicos". Deben poder poner a disposición sus instalaciones y capacidades con poca antelación para el embarque de grandes equipos militares y tropas, lo que facilita un despliegue rápido en zonas de crisis.

Asimismo, existen numerosos aeropuertos en todo el mundo que se utilizan tanto para fines civiles como militares, lo que crea sinergias operativas pero también requiere una estrecha coordinación.

Además, la experiencia civil se está utilizando específicamente para fines militares. Un ejemplo destacado en Alemania es la cooperación de la Bundeswehr con Lufthansa Technik. La empresa aprovecha su experiencia líder mundial en mantenimiento, reparación y revisión (MRO) de aeronaves civiles para brindar soporte técnico a flotas de aeronaves militares complejas, como la flota del gobierno alemán o el nuevo avión de patrulla marítima P-8A Poseidon.

Esta colaboración permite a la Bundeswehr aprovechar la experiencia civil de vanguardia y las redes logísticas globales, aumentando la preparación operativa y reduciendo potencialmente los costos.

También existen cooperaciones similares en el ámbito de los servicios públicos, por ejemplo, entre el Servicio Meteorológico Alemán (DWD), un servicio civil, y el Servicio de Geoinformación de las Fuerzas Armadas Alemanas (GeoInfoDBw), que forman conjuntamente personal y proporcionan datos meteorológicos para fines civiles y militares.

Adecuado para:

Sinergias al servicio de la sociedad: Cooperación civil-militar en la protección ante desastres

Una de las formas más positivas y visibles de doble uso es la cooperación cívico-militar (CMC) en la gestión nacional de desastres. Cuando las autoridades civiles y las organizaciones de ayuda, como los bomberos, la Agencia Federal de Ayuda Técnica (THW) o la Cruz Roja, alcanzan el límite de sus capacidades en situaciones de catástrofes graves, como inundaciones, incendios forestales o pandemias, pueden solicitar apoyo administrativo a la Bundeswehr.

Las fuerzas armadas poseen capacidades y recursos que a menudo no están disponibles o son insuficientes en el sector civil. Estos incluyen equipo pesado de ingeniería, como vehículos para tender puentes y vehículos blindados de recuperación para la rápida restauración de la infraestructura, capacidades de transporte aéreo (helicópteros) y terrestre, experiencia logística para el abastecimiento de grandes cantidades de personal y un gran número de personal de apoyo disciplinado y disponible.

Un ejemplo impresionante de la eficacia de esta cooperación es la intervención de la Bundeswehr durante las devastadoras inundaciones en el valle del Ahr en 2021, en las que los soldados construyeron puentes temporales, limpiaron escombros y apoyaron la logística.

Para garantizar que esta cooperación se desarrolle sin problemas en caso de emergencia, existe una estructura fija de personas de enlace y de contacto en todos los niveles administrativos, desde los comandos estatales hasta los comandos de enlace de distrito, que garantizan una estrecha coordinación entre las autoridades civiles y militares.

Adecuado para:

El realineamiento estratégico: el uso dual como parte integral de la política económica y de seguridad

Un análisis exhaustivo del fenómeno del doble uso revela una verdad fundamental del siglo XXI: la estricta separación entre la economía civil y la seguridad militar ya no puede mantenerse en un mundo caracterizado por la alta tecnología. Los bienes de doble uso no son un fenómeno marginal, sino que se encuentran en el corazón del desarrollo tecnológico y económico moderno. La capacidad de una nación para liderar estas tecnologías clave determina no solo su competitividad económica, sino también su autonomía estratégica y su seguridad.

El informe ha puesto de relieve la tensión inherente que caracteriza esta cuestión.

Por un lado, existe la necesidad de controlar la proliferación de tecnologías que podrían emplearse indebidamente para producir armas de destrucción masiva, desestabilizar regiones o violar los derechos humanos. Los regímenes de control internacional y los marcos jurídicos detallados de la UE y sus Estados miembros son herramientas indispensables para abordar estos riesgos. Sin embargo, representan una carga significativa para las economías orientadas a la exportación, caracterizadas por altos costos de cumplimiento, incertidumbre jurídica y posibles desventajas competitivas.

Por otra parte, el potencial de doble uso es un motor crucial de la innovación y la prosperidad económica. Las sinergias entre la investigación y el desarrollo civiles y militares generan efectos colaterales que benefician a ambos sectores y fortalecen la base tecnológica de una sociedad. En un momento en que el progreso tecnológico proviene cada vez más del sector comercial, la capacidad de aprovechar estas innovaciones civiles con fines de seguridad —y viceversa— constituye una ventaja estratégica decisiva.

Abordar esta tensión requiere un reajuste estratégico de las políticas. Los controles de exportación puramente reactivos basados ​​en prohibiciones son insuficientes. Se necesita un enfoque holístico que reconozca el doble uso como un componente integral de las políticas económicas, de innovación y de seguridad.

Este enfoque debe cumplir varios criterios:

Agilidad

Las listas y mecanismos de control deben poder seguir el ritmo rápido del cambio tecnológico para no ser superados por nuevos avances.

Armonización internacional

Para minimizar las distorsiones de la competencia, es necesario armonizar al máximo los controles a nivel internacional. Un endurecimiento unilateral a nivel nacional puede debilitar la propia industria sin aumentar significativamente la seguridad global.

Asociación colaborativa

Una supervisión eficaz solo es posible mediante el diálogo con la industria y el mundo académico. Las empresas y las instituciones de investigación requieren un marco legal claro, comprensible y predecible. Su experiencia técnica debe incorporarse desde el principio en el proceso de elaboración de la lista.

En definitiva, gestionar eficazmente el dilema del doble uso es uno de los principales desafíos que enfrentan las naciones industrializadas modernas. Se trata de encontrar un equilibrio sensato: un equilibrio entre promover la apertura y la innovación, que garantiza la prosperidad, y aplicar controles específicos y eficaces para garantizar la seguridad. Solo una política que considere ambas caras de esta moneda tendrá éxito a largo plazo en una era de profunda convulsión geopolítica y tecnológica.

 

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