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¡Adiós, tecnología estadounidense! Cómo Francia está impulsando la independencia digital de Europa

¡Adiós, tecnología estadounidense! Cómo Francia está impulsando la independencia digital de Europa

¡Adiós, tecnología estadounidense! Cómo Francia está impulsando la independencia digital de Europa – Imagen: Xpert.Digital

Miles de millones para Microsoft y compañía: ¿Por qué las autoridades europeas están poniendo fin a esta situación?

Linux en lugar de Windows: El plan maestro radical de TI para las administraciones públicas europeas

La trampa de Schrems III: ¿Por qué las nubes en EE. UU. se convierten repentinamente en un riesgo para el Estado?

Las administraciones públicas europeas están atrapadas en una dependencia costosa y de alto riesgo: miles de millones de euros fluyen anualmente a unos pocos gigantes tecnológicos no europeos para infraestructuras de TI que, en caso de crisis, no pueden controlarse ni gestionarse de forma independiente. Si bien el concepto de "soberanía digital" suele ser una frase vacía en la política, Francia está tomando medidas. Con una hoja de ruta radical que exige la transición a soluciones de código abierto para 2030 y el abandono total de los servicios en la nube estadounidenses, París aspira a acabar con el paternalismo tecnológico. Alemania y la UE siguen su ejemplo con proyectos como "openDesk" y nuevas directrices de contratación pública, pero los presupuestos y la voluntad política necesaria siguen siendo obstáculos. Este análisis examina la tan necesaria liberación de las TI europeas y explora por qué el código abierto ha dejado de ser una mera ideología para convertirse en una imperiosa necesidad económica y de seguridad.

Vasallaje con un solo clic: cómo Europa está hipotecando su futuro digital a terceros

El precio de la comodidad: una factura de mil millones de dólares sin ningún beneficio

Las administraciones públicas europeas están atrapadas en una dependencia costosa y de alto riesgo: miles de millones de euros fluyen anualmente a unos pocos gigantes tecnológicos no europeos para infraestructuras de TI que, en caso de crisis, no pueden controlarse ni gestionarse de forma independiente. Si bien el concepto de "soberanía digital" suele ser una frase vacía en la política, Francia está tomando medidas. Con una hoja de ruta radical que exige la transición a soluciones de código abierto para 2030 y el abandono total de los servicios en la nube estadounidenses, París aspira a acabar con el paternalismo tecnológico. Alemania y la UE siguen su ejemplo con proyectos como "openDesk" y nuevas directrices de contratación pública, pero los presupuestos y la voluntad política necesaria siguen siendo obstáculos. Este análisis examina la tan necesaria liberación de las TI europeas y explora por qué el código abierto ha dejado de ser una mera ideología para convertirse en una imperiosa necesidad económica y de seguridad.

El Estado francés gasta anualmente alrededor de 1.500 millones de euros en software desarrollado y controlado fuera de Europa. Esta cifra, que en principio parece una mera partida presupuestaria, es en realidad un síntoma político. Describe una situación en la que un Estado soberano depende de infraestructuras para sus funciones esenciales —desde la administración y la educación hasta la seguridad interna— que no controla, no puede supervisar y no puede desconectar en caso de emergencia sin poner en peligro sus propias operaciones. La comisión parlamentaria francesa que calculó esta suma optó por un término poco frecuente en el debate político, y precisamente por eso resulta llamativo: vasallaje. El término, de origen feudal, describe una relación de dependencia en la que la parte más débil debe lealtad a la más fuerte, a cambio de protección y derechos de uso que pueden ser revocados en cualquier momento. Esta imagen refleja a la perfección la situación actual de muchas administraciones europeas frente a unas pocas empresas tecnológicas no europeas.

El comité no se limitó al diagnóstico, sino que formuló 29 propuestas concretas de medidas correctivas. La más relevante desde el punto de vista político estipula que, a partir de 2030, el software de código abierto debería ser obligatorio en las licitaciones públicas en Francia. Además, se reducirá el uso de software de oficina propietario en escuelas y universidades, un ámbito especialmente delicado, ya que moldea los hábitos tecnológicos de las futuras generaciones. Es poco probable que los estudiantes que crecen utilizando exclusivamente un entorno de software específico lo cuestionen en la edad adulta. Por lo tanto, Francia intenta marcar un nuevo rumbo no solo en la administración pública, sino también en el propio sistema educativo.

Del papel al papel real en materia de contratación pública: la hoja de ruta concreta de Francia

La soberanía digital se invoca con frecuencia en los discursos políticos, pero rara vez se traduce en normas de contratación concretas. Francia se distingue notablemente de la retórica habitual en este sentido, ya que en un seminario interministerial celebrado en abril de 2026, adoptó una hoja de ruta tangible para reducir sistemáticamente su dependencia de proveedores de TI no europeos. Un elemento central de esta hoja de ruta es la migración de las estaciones de trabajo gubernamentales de Windows a Linux, un paso técnicamente complejo pero simbólicamente poderoso, puesto que reconoce el sistema operativo como la base de toda soberanía digital. Además, existe una directiva clara con un plazo estricto para todos los ministerios: para otoño de 2026, deben evaluar sistemáticamente sus dependencias digitales y presentar planes concretos de migración y reducción. No se trata de un compromiso vago, sino de una tarea con fecha límite y rendición de cuentas.

Paralelamente, Francia está desarrollando su propia plataforma de colaboración abierta para la administración pública, conocida como Suite numérique. Esta plataforma, también llamada LaSuite numérique, es desarrollada y operada por DINUM, la Dirección de Digitalización Interministerial, que depende directamente de la Oficina del Primer Ministro y está licenciada bajo una licencia abierta MIT. El objetivo es proporcionar una alternativa comparable a los paquetes de software de oficina y colaboración estadounidenses estándar, con todos los datos almacenados exclusivamente en Francia en una infraestructura certificada según el estricto estándar nacional de seguridad SecNumCloud. La plataforma consta actualmente de siete componentes principales, entre los que se incluyen un servicio de mensajería cifrada con aproximadamente 600.000 usuarios, una solución de videoconferencia, una herramienta de escritura colaborativa, almacenamiento en la nube, una base de datos sin código, un servicio para la transferencia de archivos grandes y un asistente de IA basado en un modelo lingüístico europeo. Desde julio de 2025, el servicio de mensajería es obligatorio para todos los ministerios, una clara señal de que no se trata de un proyecto piloto, sino de una prioridad estratégica vinculante.

El verdadero detonante: una declaración hecha bajo juramento que alarmó a Europa

La retirada de Francia de los servicios estadounidenses de nube y colaboración responde no solo a razones técnicas, sino, sobre todo, a razones legales. En junio de 2025, el director jurídico de Microsoft Francia declaró bajo juramento ante el Senado francés que no podía garantizar que los datos de los ciudadanos franceses nunca se transferirían a las autoridades estadounidenses sin autorización francesa. Esta declaración fue trascendental porque reveló una realidad legal que muchos funcionarios habían ignorado hasta entonces: la Ley de Servicios en la Nube de Estados Unidos obliga a las empresas estadounidenses a entregar datos a las autoridades estadounidenses, independientemente de dónde se almacenen físicamente. Por lo tanto, un centro de datos europeo operado por un proveedor estadounidense no garantiza automáticamente la protección contra el acceso estadounidense. Esta constatación actuó claramente como catalizador en París, transformando el debate, hasta entonces más bien tecnocrático, sobre la soberanía en una urgencia política.

Esta cuestión jurídica fundamental afecta no solo a Francia, sino a todos los estados europeos que dependen de infraestructuras en la nube no europeas. Explica, además, por qué términos como Schrems II y la inminente demanda Schrems III están cobrando cada vez más relevancia en los círculos jurídicos, ya que describen el debate legal en curso sobre si las transferencias de datos a Estados Unidos pueden ser compatibles con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) europeo. Un servicio sujeto exclusivamente a la legislación europea desde su inicio queda totalmente exento de esta incertidumbre jurídica.

“Schrems III” – De qué trata específicamente

“Schrems III” hace referencia a la inminente tercera ronda de la disputa iniciada por el activista austriaco de protección de datos Max Schrems sobre la legalidad de las transferencias de datos entre la UE y los EE. UU., tras las demandas ya exitosas contra Safe Harbor (Schrems I, 2015) y Privacy Shield (Schrems II, 2020).

En el fondo de la cuestión se encuentra el actual Marco de Protección de Datos UE-EE. UU. (DPF), el tercer intento de la Comisión Europea por crear una base jurídica sólida para la transferencia de datos personales de ciudadanos de la UE a EE. UU. La principal objeción de Schrems sigue siendo la misma: a pesar de la nueva terminología y los ajustes superficiales, el DPF no resuelve el problema fundamental de que las agencias de inteligencia estadounidenses aún pueden acceder ampliamente a los datos de los ciudadanos de la UE basándose en leyes como la Sección 702 de la FISA y la Orden Ejecutiva 12333, sin que esto cumpla con el principio de proporcionalidad consagrado en la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.

El mecanismo del defensor del pueblo como punto débil

También se ha criticado el mecanismo de protección jurídica para los titulares de datos previsto en la Ley de Protección de Datos (DPF), que consta de un Delegado de Derechos Civiles (CLPO) y un Tribunal de Revisión de Protección de Datos de reciente creación. Desde la perspectiva de la organización de Schrems, noyb, este organismo no es un órgano judicial verdaderamente independiente, ya que fue establecido por decreto presidencial y podría ser fácilmente abolido o modificado sin la intervención del poder legislativo estadounidense.

El desencadenante actual es 2026

El asunto ha cobrado nueva urgencia debido a un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que restringe la independencia de la Comisión Federal de Comercio (FTC), la cual desempeña un papel crucial en la aplicación del Fondo de Protección de Datos (DPF). Según Schrems, los cambios de personal en la Junta de Supervisión de Privacidad y Libertades Civiles, responsable de la supervisión, debilitan aún más la ya frágil independencia de los organismos reguladores.

Posibles consecuencias para las empresas

Si el Tribunal de Justicia de la Unión Europea anulara el Fondo de Protección de Datos (FPD), como ya hizo con sus dos predecesores, la decisión de adecuación subyacente quedaría invalidada con efecto inmediato, lo que dificultaría considerablemente la exportación de datos a Estados Unidos. Esto afectaría especialmente a servicios comunes de colaboración y en la nube estadounidenses, como Microsoft 365, Google Workspace, AWS, Salesforce, Slack y Zoom, cuyo uso se volvería aún más cuestionable sin una base jurídica sólida adicional. Esta incertidumbre es una de las razones por las que Francia, y cada vez más Alemania, recurren a alternativas propias controladas por la Unión Europea, como se describe en el análisis anterior.

Entre principios y pragmatismo: Por qué el código abierto no debe ser una ideología

Sin embargo, sería una simplificación excesiva reducir el debate a una simple comparación entre software de código abierto de buena calidad y software propietario de mala calidad. El código abierto no es un fin en sí mismo, y no todas las soluciones propietarias son automáticamente inferiores o peligrosas. Muchos productos propietarios son técnicamente maduros, cuentan con un buen soporte y son inigualables en ciertos casos de uso. La cuestión crucial no es si el software es abierto o cerrado, sino quién conserva en última instancia el control sobre los datos, el código fuente y el desarrollo posterior, y si este control permanece realmente en manos del usuario en situaciones críticas, como tensiones geopolíticas o cambios unilaterales de contrato. Precisamente por eso, el nuevo enfoque en Francia, y cada vez más también en Bruselas, formula un principio que va más allá de la mera preferencia: en las futuras adquisiciones de TI gubernamentales, los estándares abiertos y las soluciones de código abierto deben ser la opción por defecto, y quien desee desviarse de esto debe justificar su desviación, y no al revés. Esta inversión de la carga de la prueba es el verdadero núcleo estructural de la iniciativa francesa.

Esta forma de pensar también prevalece a nivel europeo. En junio de 2026, la Comisión Europea presentó un paquete sobre soberanía tecnológica europea que, además de una Ley de Chips revisada y una Ley de Desarrollo de la Nube y la IA, incluye una Estrategia de Código Abierto de la UE independiente que posiciona el código abierto como una herramienta para reducir las dependencias tecnológicas en todo el conjunto de tecnologías. Para la contratación pública, un objetivo es particularmente fundamental: las autoridades públicas de contratación deben actuar explícitamente como compradores ancla y cocreadores en el ecosistema de código abierto, y no solo como consumidores pasivos de productos de software terminados. En concreto, se prevén directrices para garantizar una evaluación justa de las ofertas de código abierto en los procedimientos de contratación, bajo el lema de una práctica de licitación favorable al código abierto.

 

Nuestra experiencia en la UE y Alemania en desarrollo empresarial, ventas y marketing

Nuestra experiencia en la UE y Alemania en desarrollo empresarial, ventas y marketing - Imagen: Xpert.Digital

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Soberanía digital en Alemania: entre estrategias ambiciosas y una financiación realmente insuficiente

Situación provisional en Alemania: Movimiento dentro del sistema, pero sin cambio de sistema

Alemania no permanece del todo inactiva ante esta situación, pero el ritmo y el compromiso se quedan muy por detrás del modelo francés. En marzo de 2026, el Ministerio Federal de Asuntos Digitales y Transportes y la asociación digital Bitkom acordaron condiciones contractuales estandarizadas para la adquisición de software de código abierto, el denominado EVB-IT Open Source. Estas nuevas condiciones convierten el código abierto en la opción estándar para la adjudicación de contratos de desarrollo de software y eliminan las incertidumbres jurídicas que antes obstaculizaban el uso de soluciones no propietarias en la administración pública. Además, en abril de 2026, el Parlamento del estado de Baja Sajonia aprobó una moción que exige la transferencia total a la propiedad pública del software desarrollado para el estado, de modo que el sector público pueda seguir desarrollando la solución de forma independiente. Este es un paso crucial, ya que, sin esta transferencia de propiedad, incluso el software autofinanciado sigue dependiendo, en última instancia, del contratista correspondiente.

Además, la ley para acelerar la adjudicación de contratos públicos entró en vigor el 1 de julio de 2026. Si bien su objetivo principal es simplificar los procedimientos y reducir la burocracia, también incluye disposiciones relativas a la soberanía digital. Si una infraestructura de información se clasifica como relevante para la seguridad, las autoridades públicas de contratación pueden ahora adquirirla directamente y elegir explícitamente proveedores europeos o nacionales sin tener que pasar por el habitual y engorroso proceso de licitación. Se trata de una herramienta práctica, pero solo funciona si las administraciones públicas están dispuestas a utilizarla activamente, lo cual, dadas las rutinas de contratación establecidas y las preferencias personales de los gestores de TI, no está ni mucho menos garantizado.

A nivel europeo, la Comisión ha presentado el Marco de Soberanía en la Nube, un modelo de evaluación que define ocho objetivos de soberanía —desde la integración estratégica dentro de la UE y la soberanía de los datos hasta la sostenibilidad— y los combina con cinco niveles de seguridad. Este marco permite integrar la soberanía en los procedimientos de contratación, no solo como una palabra de moda política, sino como un criterio de adjudicación cuantificable. Para las autoridades contratantes alemanas, esto ofrece puntos de partida prácticos en cuatro niveles: en las especificaciones, mediante los requisitos de residencia de datos y divulgación del código fuente; en los criterios de elegibilidad, mediante las certificaciones de seguridad requeridas; en los criterios de adjudicación, mediante la integración de una puntuación de soberanía; y, finalmente, en el principio de proporcionalidad, según el cual los requisitos de soberanía más elevados solo deberían aplicarse a casos de uso realmente críticos para la seguridad.

Las críticas de las asociaciones comerciales: Entre el anuncio y la falta de financiación

A pesar de estos avances sobre el papel, la Alianza Empresarial de Código Abierto ha acusado al gobierno alemán de incumplir prácticamente las promesas clave del acuerdo de coalición en materia de promoción del software de código abierto. La asociación criticó que, a pesar de las anunciadas inversiones récord en el presupuesto federal, el código abierto y la soberanía digital prácticamente no tuvieran cabida en los proyectos reales del gobierno. Esta crítica fue especialmente evidente en el caso del Centro para la Soberanía Digital (ZenDiS), que, según sus propias declaraciones, requería al menos 30 millones de euros anuales, pero en realidad solo se le presupuestaron unos 2,6 millones de euros, una suma que, en opinión de la asociación, es demasiado pequeña para alcanzar los objetivos anunciados. La Alianza también vio un potencial sin explotar en la Ley de Aceleración de la Contratación Pública, ya que un requisito legal claro a favor del código abierto como opción estándar habría fortalecido significativamente la posición de los proveedores de TI europeos, pero esto no se incluyó en la legislación vigente.

La Fundación Europea del Software Libre comparte esta valoración y exige que el gobierno alemán garantice una financiación segura y a largo plazo para el software libre y sus iniciativas, como ZenDiS, y que priorice sistemáticamente el software libre en la contratación pública; de lo contrario, la soberanía tecnológica seguirá siendo una mera declaración de intenciones. Esta acusación toca una fibra sensible en la política digital alemana: el problema rara vez reside en la falta de documentos estratégicos, declaraciones de intenciones o debates entre expertos, sino más bien en la falta de una traducción coherente de estos documentos en recursos presupuestarios, personal y prácticas de contratación vinculantes.

La alternativa franco-alemana: openDesk se une a LaSuite

Paralelamente a la Suite numérique francesa, Alemania está desarrollando su propio enfoque, estructuralmente similar, con openDesk. El Centro para la Soberanía Digital, con un presupuesto de aproximadamente 45 millones de euros, ha creado una suite que integra componentes de código abierto ya existentes, como Nextcloud para el almacenamiento de archivos, Collabora para aplicaciones de oficina, Open-Xchange para correo electrónico, Element para mensajería, Jitsi para videoconferencias y OpenProject para la gestión de proyectos. Ya se han migrado alrededor de 80 000 estaciones de trabajo, incluyendo 60 000 docentes en Baden-Württemberg y las Fuerzas Armadas alemanas, en el marco de un contrato plurianual con el proveedor de servicios informáticos BWI. Esto demuestra que una migración a gran escala es técnicamente factible, siempre que exista la voluntad política y los recursos necesarios.

Cabe destacar también que Alemania y Francia cooperan desde febrero de 2024 mediante un acuerdo trilateral, al que se unieron los Países Bajos en diciembre del mismo año. En proyectos conjuntos de desarrollo a corto plazo, conocidos como "Retos de 100 días", las autoridades competentes de ambos países desarrollan funcionalidades compartidas, como un componente común para la escritura colaborativa. Esta cooperación es estratégicamente sólida, ya que auna recursos e impide que cada país construya su propia infraestructura digital, relativamente pequeña, que tendría dificultades para competir con la magnitud y la solidez financiera de los proveedores no europeos. En la primera cumbre de la UE sobre soberanía digital, celebrada en Berlín en noviembre de 2025, se hizo hincapié en esta dimensión europea, entre otras cosas, con el anuncio de un consorcio europeo de infraestructura digital para los bienes comunes digitales.

También existe una sólida experiencia a nivel estatal. Schleswig-Holstein lleva a cabo una migración integral a soluciones de código abierto desde 2018 y, según sus propias declaraciones, ha ahorrado considerables costes de licencias, en parte gracias a la migración de 40 000 cuentas de correo electrónico de una plataforma propietaria a una solución abierta. Dinamarca ha migrado completamente a un sistema operativo abierto y a una suite ofimática abierta para 2025. Ambos ejemplos demuestran que la transición es factible en la práctica, pero en cualquier caso requiere un proceso de transformación plurianual con un esfuerzo considerable para la gestión del cambio, es decir, para la formación, el apoyo y la motivación de los empleados que tienen que abandonar sus herramientas habituales.

Por qué el concepto de soberanía resulta rentable económicamente

La soberanía digital se debate a menudo en el ámbito público principalmente como una cuestión de seguridad o protección de datos, pero su dimensión económica suele subestimarse. Cuando un Estado invierte miles de millones anualmente en licencias para empresas con sede y tributación fuera de Europa, este capital se desvía permanentemente del ciclo económico europeo en lugar de impulsar el desarrollo de software, el empleo y la innovación a nivel nacional. En cambio, cada euro invertido en proveedores europeos de código abierto, integradores de sistemas o proyectos de desarrollo financiados con fondos públicos pero de acceso abierto tiende a permanecer en el ámbito económico nacional o, al menos, europeo, y puede reinvertirse, desarrollarse aún más y exportarse. Esta lógica de circularidad económica constituye un argumento clave, aunque frecuentemente ignorado, a favor de una política coherente de contratación de software de código abierto que trascienda el debate puramente relacionado con la seguridad.

Otro aspecto particularmente relevante para las empresas de TI medianas es el siguiente: una práctica de contratación que favorece a los proveedores europeos o nacionales y exige estándares abiertos abre el acceso a un mercado que permanecería prácticamente cerrado si la atención se centrara exclusivamente en las grandes corporaciones de software globales. Los proveedores europeos más pequeños rara vez pueden competir con los presupuestos de marketing, los departamentos de lobby y las estrategias de empaquetado de las grandes empresas de plataformas; sin embargo, sí pueden competir en cuanto a experiencia técnica, siempre que las normas de contratación les brinden una oportunidad justa. Este es precisamente el núcleo práctico del principio de una práctica de licitación favorable al código abierto que se debate en Bruselas, un principio que no solo tiene una motivación ideológica, sino que también está firmemente impulsado por la política económica.

La realidad de la política de seguridad: cuando el software se convierte en un arma geopolítica

La situación geopolítica de los últimos años ha demostrado que las dependencias tecnológicas pueden convertirse en instrumentos de presión política en tiempos de crisis. Las sanciones, los controles a las exportaciones o la rescisión repentina de contratos ya no son meros escenarios hipotéticos, sino instrumentos reales de la política de poder internacional. Un Estado cuya administración dependa por completo de un puñado de plataformas de software y en la nube no europeas quedaría prácticamente paralizado en cuestión de días ante un bloqueo de acceso selectivo, ya que ni la comunicación por correo electrónico, ni la gestión documental, ni muchas aplicaciones especializadas funcionarían. Esta vulnerabilidad afecta no solo a Francia o Alemania, sino prácticamente a todos los Estados europeos en igual medida, y explica por qué el debate sobre la soberanía ha evolucionado en los últimos años, pasando de ser una discusión académica marginal a una cuestión central de la política de seguridad.

Precisamente por eso, el compromiso de Francia de evaluar sistemáticamente las dependencias digitales antes incluso de plantearse su reducción es metodológicamente sólido. No se puede gestionar un riesgo desconocido, y muchas administraciones públicas carecen hoy en día de la precisión necesaria para determinar hasta qué punto las aplicaciones, los canales de comunicación o los repositorios de datos dependen de proveedores no europeos específicos. Por consiguiente, un inventario fiable es un requisito indispensable para cualquier estrategia de soberanía seria, independientemente de que el resultado final sea una migración completa o simplemente una diversificación de riesgos específica.

En pocas palabras: lo que importa es la voluntad política, el presupuesto y las adquisiciones

La soberanía digital no se logra mediante documentos estratégicos, sino a través de decisiones de contratación concretas, presupuestos con financiación suficiente, el desarrollo de conocimientos internos y la voluntad política de transformar verdaderamente las estructuras administrativas arraigadas. Con su plazo vinculante de 2030, la creación de su propia plataforma de colaboración y el registro sistemático de las dependencias digitales, Francia ha establecido un referente con el que otros estados europeos deben compararse. Alemania, sin duda, ha avanzado con sus nuevas condiciones contractuales para la contratación pública de código abierto, la Ley de Aceleración de la Contratación Pública y su propio proyecto openDesk, pero las constantes críticas de las asociaciones industriales sobre la financiación insuficiente de instituciones clave como ZenDiS demuestran que aún existe una brecha significativa entre los anuncios y la implementación real.

La cuestión crucial para los próximos años no reside, por tanto, en la importancia de la soberanía digital —existe un amplio consenso al respecto—, sino en si Alemania y Europa están dispuestas a sacrificar la conveniencia a corto plazo y las relaciones consolidadas con los proveedores a cambio de una independencia estratégica a largo plazo. El enfoque francés demuestra que dicha transformación es posible si se está dispuesto a establecer plazos vinculantes, revertir las normas de contratación pública y proporcionar los recursos necesarios. Con el Marco de Soberanía en la Nube y la nueva estrategia de código abierto de la Comisión Europea, Europa dispone ahora de los instrumentos generales adecuados. El uso coherente de estos instrumentos o su posterior relegación al olvido se verá reflejado en futuras decisiones de contratación pública, no en nuevos documentos estratégicos.

 

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